domingo, julio 16, 2017

Juan Goytisolo y la irrealidad histórica española

Juan Goytisolo y la irrealidad histórica española | Periodistas en Español







Viejo-Topo-354_355



Dada la desinteresada y entusiasta colaboración que Juan Goytisolo mantuvo desde los primeros números, tanto con El Viejo Topo como con Quimera, es de toda lógica y justicia que la primera de las revistas dedique su portada del número extra de este verano al excelente escritor barcelonés recientemente fallecido.



Para abrir la publicación, tras el artículo que le dedica Miguel Riera, Eduardo Subirats firma el suyo sobre Goytisolo (“Memoria y exilio”), afirmando que la obra de Juan solo puede comprenderse desde la tradición de reforma de la memoria, y de resistencia simbólica y política que ha constituido el núcleo espiritual de la gran literatura latinoamericana a lo largo del siglo XX.



A este texto le sigue otro mucho más extenso del propio Goytisolo (“El gato negro que atravesó nuestras oficinas de la Rue de Bièvre”), publicado en Quimera en 1983, en el que se cuentan las causas del hondo abismo que separó a numerosos intelectuales y escritores (de un lado García Márquez y Cortázar, entre muchos otros; del otro Vargas Llosa y Juan Goytisolo, también entre otros), sin que la ruptura fuese reparada por el tiempo.



Britt Arredondo denuncia en su artículo “La irrealidad histórica española” y siguiendo la estela de Blanco White, Américo Castro y el mismo Goytisolo, la falsedad de la supuesta modernidad de España y reclama, como primera medida urgente, una rigurosa reforma de su memoria histórica, pues esa pretendida modernidad resulta vacua, insustancial y frívola. La España imperial, monárquica e inquisitorial se ha dedicado -en opinión de Arredondo- a destruir reiteradamente a lo largo de los siglos la posibilidad de una nación moderna.



Varias entrevistas se incluyen en el número 354-355 de El viejo topo. La primera, con Martín Alonso, autor de varios libros imprescindibles para entender la naturaleza del “procés” en Cataluña, entre ellos “El catalanismo, del éxito al éxtasis”, de reciente publicación. Alonso asegura que no habrá un referéndum secesionista porque un referéndum ilegal es un oxímoron.



Enric Llopis entrevista a Valentín Ladrero, autor del libro “Música contra el poder. Canción popular y política en el siglo XX”, un extenso ensayo  de casi 700 páginas en el que se incluyen todos aquellos músicos y poetas contestatarios más importantes de la centuria, así como las múltiples formas adoptadas por ellos como herramientas de agitación política. El autor estima que la canción de autor en los años ochenta quedó descabezada en España a cambio de la famosa y magnificada Movida.



La tercera interviú tiene como protagonismo a Julián Vadillo, por el estudio que lleva por título “Por el pan, la tierra y la libertad. El anarquismo en la revolución rusa”, un tema maltratado, tergiversado o apenas abordado por lo especialistas en unos episodidos tan decisivos en la historia del siglo XX. Vadillo mantiene en su entrevista que en ningún momento hubo un pacto tácito entre las corrientes revolucionarias más a la izquierda (bolcheviques, socialistas revolucionarios y anarquistas).



Siguiendo con la revolución bolchevique, la revista inicia con este número la publicación de una serie de valiosos documentos relacionados con ese hecho histórico, entre los que no podía faltar el aportado por Nadezhda Krúpskaya, perteneciente a su libro “Memorias de Lenin”. Quizá fuera buen momento para editar en castellano esta obra escrita en 1933 por la esposa de Vladímir Illich, coincidiendo con el centenario de aquellos hechos.



Eduardo Luque y Bashar Barazi analizan la tensión incrementada en Oriente Medio tras las decisiones del bloque árabe anti Qatar y las posteriores de Irán y Turquía. ¿Abrirá Arabia Saudita la caja de Pandora?, se preguntan los articulistas.



Según Rosa Cañadell, Cataluña puede ser punta de lanza del neoliberalismo en España, a través de la llamada “nueva” innovación educativa, un instrumento formidable para conseguir una sociedad más sumisa aún y más acrítica de la que vamos teniendo. Higinio Polo escribe sobre la fotógrafa Tina Modotti, un ser humano excepcional que llegó a España para luchar contra el fascismo y dedicó toda su vida al socialismo y a la búsqueda de una sonrisa que iluminase en la intemperie de la historia el esforzado camino de los pobres.

domingo, junio 25, 2017

Clásicos de la provincia, por VICENTE ARAGUAS

Clásicos de la provincia - Ferrol - Diario de Ferrol

Clásicos de la provincia

Me encanta este disco de un cantante colombiano, Carlos Vives, poco frecuentado hoy por las emisoras de radio. Al menos por las nuestras. Y es que en su título encierra para mí todo el poder evocativo que la palabra provincia encierra.


Miguel Carlos Vidal, en una imagen de archivo

Miguel Carlos Vidal, en una imagen de archivo



Me encanta este disco de un cantante colombiano, Carlos Vives, poco frecuentado hoy por las emisoras de radio. Al menos por las nuestras. Y es que en su título encierra para mí todo el poder evocativo que la palabra provincia encierra. Yo que amo la provincia en todo su valor, y que aspiro a volver a ella, envuelto de momento –por azares y circunstancias– en aromas capitalinos, ni siquiera capitales.Para mí la provincia, además de los de Carlos Vives, que inspiran hoy mi titulo, tiene aires de Pimentel, en Lugo, Delibes, en Valladolid, Cunqueiro, en Mondoñedo, Julio Verne, en Nantes, Carvalho Calero, luego de sus prisiones, en Ferrol, en Santiago de Compostela.

Esas son para mí algunas de las provincias literarias (y dejo aparte a Madame Bovary subida en su fiacre de Rouen, con aquel cochero sudoroso recorriendo calles como el calvario de amor que se avecina) a las que más me gusta volver. A las físicas, a mi provincia, nunca he dejado de hacerlo, sobre todo porque nunca terminé de irme. Y voy y vengo de ella y busco aquellos magnolios y aquellas palmeras (una murío hace años, justo la que estaba junto al buzón, aún existe, donde deposité tantas palabras de amor; enfrente la estatua del marqués filántropo con la gaviota inevitable sobre la coronilla de bronce) y -también- algunos poetas que jamás dejaron la provincia, como Miguel Carlos Vidal, fiel a Ferrol, tan inseparable de Ferrol como la Puerta del Dique o el Cantón de Molíns.

Miguel Carlos Vidal, ese lujo en la provincia con quien coincido a veces, en encuentros que de puro apresurados tienen su punto de demora, si se me permite el oxímoron, con quien coincidía hace años en una tertulia en El Cafeto con tertulianos cuya sola enumeración me pondría los dientes largos, sino que a algunos se los ha llevado la de la guadaña, y empiezo a estar en edad nada proclive a las letanías funerarias.

Carlos Vidal, así le llamamos los amigos, sin el nombre arcangélico que es el suyo primero, tiene desde hace tiempo un lugar en el mundo poético. Ese para el que Gamoneda pide tratamiento diferente al de los demás géneros literarios, porque es otra historia. Y yo estoy de acuerdo. Para empezar uno puede ser novelista o ensayista o dramaturgo o crítico literario toda la vida.
Ah, pero poeta, lo que se dice poeta, uno lo es tan solo en ese libro, en esos libros, en ese momento, en ese poema tocado por los dioses que justificaría el oficio de poeta, comparable a veces al dificilísimo “mestiere di vivere” del maestro Cesare Pavese. A Pavese la soledad postrera lo sorprendió en el Albergo Roma, de Turín. A mí la primera en aquel Ferrol que alumbraba milagros como la revista Aturuxo, con Miguel Carlos Vidal como uno de sus artífices o monitores. En ella poemas de nuestro amigo, quien en paralelo iba cimentando su primer libro, Orvallo, publicado en la colección Xistral, tan luguesa como aquella Porta de Santiago por la que accedia a Lugo, y una placa sobre ella (ideada por Álvaro Cunqueiro) nos lo recuerda, el trovador Don Fernando Esquío.
Luego el silencio, un silencio que únicamente puede ser posesión de quien lo ama tanto que solo puede deshacerse de él a cambio de algo mucho más preciado. Y aquí recurro al tópico que quiere a Vidal poeta exigente, riguroso, entregado, tan rilkeano como el propio Rainer María, tan “en” poeta que murió, dicen (y me da igual que tal muerte no la recogen esos biógrafos, como Mauricio Wiesenthal, tan de la parcialidad vidaliana) de la picadura de una rosa. Un Vidal que de aquel libro iniciático salta a Ayer en que te dices (2012), esa miniatura hermosísima del tiempo presente que se sumerge en el pasado, como en un bautismo por inmersión, para así purificarse. Y yo desconozco la proyección exterior (interior, toda) de semejante manual de instrucciones sobre cómo sobrellevar el paso de los años y su usura.

Desconozco, digo, la difusión, el alcance de Ayer en que te dices. Y son embargo estoy seguro de que Miguel Carlos Vidal, tan sabedor de poesía, como pocos en Ferrol, tan poeta, tan poeta en Ferrol (y me pregunto si esto no podría tener algo de pleonasmo) como David Rey Fernández, por citar un joven, o Mario Couceiro, por aludir a uno que ya se ha ido, no se preocupa de esas cosas, porque tiene la medida de los asuntos poéticos y no ignora que al final, al final la palabra la dice el tiempo, mejor, el “tempo” de la poesía. Hermoso, bien afinado, cuidadosísimo el de Carlos Vidal (ya ven que lo llamo de las tres maneras posibles), tal como vuelve a mostrársenos en este tercer libro, El cuarto, la tarde, las rosas…(y otros símbolos) (Los Libros del Caracol/ Follas Novas, Santiago de Compostela, 2017).

Un libro que pide una lectura especialmente lenta, demorada, como el proceso de creación aquel cuadro de Turner, resuelto en dos horas y vendido en una millonada, lo que hizo que un crítico protestara por ello. Ah, pero Turner llevó a juicio al susodicho y sacó adelante la demanda pues. “Cierto que tardé solo dos horas en pintar el cuadro, pero llevaba veinte años pensándolo”.

Algo así es Vidal en este libro donde el niño que fue se hace mayor y ahí está el cuarto impregnado de olor a rosas, probablemente bravas, a tono con esa adolescencia tiernamente feroz que todos llevamos dentro para siempre jamás. Y hay aires de JRJ y de Antonio Machado y del propio Miguel Carlos Vidal inundando todo, con palabras bien medidas y reflexiones que no ahogan ni abruman sino que dejan respirar al lector. Quien agradece a Ferrol que deje crecer y vivir en él a gente como Vidal, ferrolano como la Puerta del Dique. Ferrolano de Bajar al puerto, así: En verano, de niño/ con cuánto amor por las mañanas claras/ de anteriores y futuros veranos/ (el mar ya al fondo), él al puerto bajaba… Algo así. O por ejemplo.

jueves, junio 01, 2017

José Afonso - Alípio de Freitas





Alípio De Freitas

Zeca Afonso

 

reproducciones

161

Baía de Guanabara

Santa Cruz na fortaleza

Está preso Alípio de Freitas

Homem de grande firmeza

Em Maio de mil setenta

Numa casa clandestina

Com campanheira e a filha

Caiu nas garras da CIA

Diz Alípio à nossa gente:

"Quero que saibam aí

Que no Brasil já morreram

Na tortura mais de mil

Ao lado dos explorados

No combate à opressao

Nao me importa que me matem

Outros amigos virao"

Lá no sertao nordestino

Terra de tanta pobreza

Com Francisco Juliao

Forma as ligas camponesas



Na prisao de Tiradentes

Depois da greve da fome

Em mais de cinco masmorras

Nao há tortura que o dome

Fascistas da mesma igualha

(Ao tempo Carlos Lacerda)

Sabei que o povo nao falha

Seja aqui ou outra terra

Em Santa Cruz há um monstro

(Só nao vê quem nao tem vista

Deu sete voltas à terra

Chamaram-lhe imperialista

Baía da Guanabara

Santa Cruz na fortaleza

Está preso Alípio de Freitas

Homem de grande firmeza

Reflexión sobre los de fuera y los de dentro José Ángel Leyva

Presentación La Otra 122 – Revista La Otra





leyva

Presentación La Otra 122

Reflexión sobre los de fuera y los de dentro
José Ángel Leyva
leyvaMe siento orgulloso de ser provinciano, de venir de la provincia, de haber vivido mi infancia entre montañas y visitar todos los años a mis abuelos en las llanuras de Durango, en la misma tierra que vio nacer a Francisco Villa, San Juan del Río. Nunca escuché hablar mal de los de fuera, de los fuereños, ni de los extranjeros.


Sólo hasta mi juventud comencé a escuchar comentarios negativos sobre "los que no son de aquí", los que vienen a quedarse. No fue al interior de mi familia, sino en la universidad y en los medios intelectuales. Esos comentarios los he continuado escuchando por todos lados del país. Incluso en la Ciudad de México, pero con menos rabia y menos frecuencia, porque es una ciudad forjada con la llegada de todo el mundo. Ser chilango es ser de fuera por definición y de dentro por voluntad.
Hace unos meses en Cincinnati, USA, a donde fui invitado como profesor en su universidad, comentaba con amigos y profesores que lo mejor de esa gran potencia son sus migrantes, el talento que ha adquirido de otras naciones en ciencia, en tecnología, en humanidades, en todos los campos de la cultura y de las artes. Me quedé asombrado al ver las colecciones de arte pictórico que contiene su Museo de Artes. Se puede prescindir de los pintores locales, pero no de las obras traídas de todos los países del mundo, y entre los cuales encontré unos Tamayo y unos Rivera sensacionales. ¿Qué pasará entonces si rechazan todo lo de fuera, todo lo que no sea Made in USA? ¿con qué se quedarán? No hay área del conocimiento o del arte que no haya crecido en ese país gracias a su apertura y gracias al talento importado.
Cuando observo nuestra realidad interna, en México y en América Latina, en nuestros lugares de origen, me pregunto si nosotros hacemos la misma reflexión, si hemos perdido el miedo a los de fuera, si recibimos con júbilo las aportaciones de quienes no nacieron allí o de quienes regresan a su casa después de no vivir allí, después de los exilios, las emigraciones por diversas razones, las búsquedas en otros lares. Tengo la impresión de que no, que padecemos un fuerte provincianismo, no como orgullo de ser fuera de las metrópolis y las capitales, sino del rechazo a lo desconocido, del temor a lo de fuera, de odio incluso a quienes destacan y vuelven a buscar un rincón de su provincia. Cuantas veces no leímos a lo largo de territorio mexicano "haz patria, mata un chilango". Pero ¿cuantas veces a nosotros los de fuera nos han mostrado recelo los habitantes de esta enorme ciudad? La verdad, nunca o casi nunca.
Hasta antes de 1994, con el levantamiento indígena en Chiapas, los pueblos originarios fueron vistos como extranjeros, no mexicanos. Eh allí una realidad innegable. Y los trabajadores del sur en los estados del norte fueron tratados o son tratados aún en condiciones de esclavismo. Difícil olvidar las imágenes de las avionetas rociando pesticidas sobre cuadrillas de pizcadores en los campos sinaloenses, pero más difícil olvidar las palabras de la persona que me intentó explicar por qué lo hacían sin considerar la salud de esas personas arropadas hasta los ojos con calores de más de 40 grados y una humedad extrema: “Esos aguantan todo, son oaxaquitas”. El muro que Trump dice debemos pagar los mexicanos lo hemos venido levantando y pagando con creces desde hace años. ¿Qué dirán personajes como Ricardo Anaya que legisla y dirige en México pero hace familia en Estados Unidos? La incongruencia de quienes dirigen la educación en México, de quienes se rasgan las vestiduras ante la combatividad de los maestros se manifiesta entre otras cosas al mandar a sus hijos a estudiar a otros países porque no confían en las instituciones locales. En síntesis, horrorizarnos del provincianismo estadounidense pero reir ante consignas antichilangas, hacer chistes de nuestros indígenas, de la negritud, de los de fuera con la cerrazón de los de dentro. El miedo a ser distintos nos paraliza y nos atrasa, nos impide crecer y hacer crecer. Es hora de saltar los primeros muros locales.
Tener la mente abierta a cuanto se produce en el mundo, ser parte de todo el mundo y hacer que lo local sea también el mundo, es , me parece, sano y necesario. La política mexicana ha sido malinchista, entreguista, pero el pueblo no, aún cuando pueda reconocer con admiración y aprecio lo que representan otras sociedades por sus logros y sus cualidades. Una provincia abierta a lo de fuera es un diálogo con uno mismo y con el otro, un crecimiento adentro.

domingo, mayo 28, 2017

1905 - Rússia

SARAU PARA TODOS: 1905 - Rússia: https://www.youtube.com/watch?v=e4SYx94gWRQ INÍCIO



La antigua élite de Hollywood usaba LSD con fines terapéuticos - VICE

La antigua élite de Hollywood usaba LSD con fines terapéuticos - VICE





El doctor Albert Hofmann en 2003 (Foto vía)





La antigua élite de Hollywood usaba LSD con fines terapéuticos



MAX METZGER

Oct 23 2014, 1:27pm



El LSD hizo que Cary Grant se imaginara a sí mismo como "un pene gigante que despega de la Tierra como si fuera una nave espacial"





Cary Grant, defensor de las cualidades terapéuticas del LSD (Foto vía)



Mi primera experiencia con el LSD no fue nada agradable. Pasé seis horas mirando fijamente unos insectos en el parque antes de ser interrumpido por un gordo que me llamó estúpido y un tipo que me enseñó fotos de autopsias. Fue duro, aburrido y, además, no adquirí nuevos conocimientos, nadie me reveló los secretos del cosmos; lo único que aprendí fue que ver cadáveres humanos cuando estás colgado de un ácido sólo te hace sentir raro y molesto.



Creo que el problema principal fue haber oído a muchas personas atribuir sus profundos conocimientos sobre el universo al ácido: músicos, escritores, Steve Jobs, un hombre con coleta que conocí en un festival musical y, por muy extraño que parezca, algunas estrellas de la época dorada de Hollywood. De hecho, durante la década de los cincuenta, Hollywood fue tierra fértil para los primeros experimentos del LSD ya que Cary Grant, entre otros, lo utilizaba como ayuda en sesiones terapéuticas.





Albert Hofmann descubrió la sustancia en 1943. Albert experimentaba con hongos mientras trabajaba para los Laboratorios Sandoz en Suiza. Tras 24 intentos de crear un estimulante para el sistema nervioso central, en su intento número 25 finalmente logró sintetizar la dietilamida de ácido lisérgico-25. Cinco años después, absorbió accidentalmente un poco de la sustancia a través de las yemas de los dedos y "percibió una corriente continua de imágenes fantásticas, formas extraordinarias con un juego caleidoscópico de colores". En su cumpleaños número cien, bautizó su descubrimiento como "medicina para el alma".





El doctor Albert Hofmann en 2003 (Foto vía)



Los profesionales de la psiquiatría consideraban que el LSD tenía propiedades psicomiméticas, o en términos sencillos, que simulan psicosis. Al principio esta afirmación fue objeto de burla, aunque después surgió la opinión de que se podría experimentar con él, al menos en el ámbito terapéutico. En Reino Unido, la sustancia  se utilizó de forma modesta y en dosis pequeñas en terapia psicolítica, un método para obtener un conocimiento más profundo cuando los pacientes alcanzan un nivel de estabilidad.



El doctor Ben Sessa, psiquiatra y defensor del uso de sustancias psicodélicas en terapia, me dijo: "En EUA surgió un modelo diferente: la 'terapia psicodélica'. Los pacientes hospitalizados tomaban una única dosis fuerte y tenían una gran experiencia mística, después participaban en sesiones de integración sin drogas en las que analizaban el material resultante de la sesión con drogas".





Cuando el LSD por fin llegó a EUA, el doctor Oscar Janiger logró hacerse con un cargamento. La empresa seguiría proporcionándole la sustancia a cambio de que la utilizara en sus pacientes e informara a Sandoz sobre todos sus descubrimientos. En el experimento participaron desde dentistas, amas de casa y estudiantes hasta Andre Previn, Aldous Huxley y James Coburn. Todos ellos visitaron a Janiger en busca de un poco de iluminación.



Anaïs Nin visitó a la casa de Janiger y escribió sobre la experiencia en su diario:



"Vi una costa con olas doradas que rompían en polvo dorado sólido y se volvían espuma dorada, cabello dorado que brillaba y se estremecía con deleites de oro. Sentía que podía capturar el secreto de la vida porque el secreto de la vida era la metamorfosis y la transmutación, pero pasó demasiado rápido y no hay palabras para describirlo. El espíritu cómico de Anaïs se burla de las palabras y de ella misma. Oh, no puedo capturar el secreto de la vida con PALABRAS".



En la época previa a Ken Kesey, el LSD planteaba una pregunta extraña tanto para los loqueros como para los gurús. Podía utilizarse para ayudar a la gente a sentirse normal. Sin embargo, para los que eran conscientes de su potencial, el valor real yacía en cómo podría ayudar a trascender la normalidad. Huxley, Nin, Janiger, etc., eran muy conscientes de ello. Pasaban horas hablando sobre la posibilidad de que la droga tuviera un lugar en la sociedad y reflexionaban sobre el bien que se podría hacer con "tan solo unas cuantas botellas de LSD en la reserva de Beverly Hills".



Cary Grant en Encadenados (Foto vía)







Janiger comparó sus experiencias con los misterios eleusinos, una ceremonia antigua que se celebraban a las afueras de Atenas. Los participantes bebían algo llamado ciceón (Kykeon), que se creía tenía propiedades alucinógenas, y salían de sus mentes en grupo para honrar a los dioses. El buen doctor se preguntaba si era posible que ese viaje tuviera un lugar en la sociedad dos mil años después. A pesar de que el interés de Janiger era principalmente experimental, las bases clínicas del uso medicinal del LSD siguen siendo bastante firmes. El doctor Sessa no era el único que afirmaba que los psicodélicos son muy útiles para ayudar a tratar los trastornos de ansiedad, obsesivo-compulsivos o de estés postraumático, entre otros. Al menos el doctor Mortimer Hartman estaba de acuerdo con esta teoría.





Después de someterse él mismo a análisis de investigación durante años, Hartman se sentía fascinado por el hecho de que en vez de escarbar la dura capa del ego, el LSD la derrite por completo y abre paso al subconsciente líquido que yace en las profundidades. Hartman dijo que la droga hacía "las emociones y la memoria mil veces más intensas".



Hartman abrió el instituto psiquiátrico de Beverly Hills y, tras asegurar una línea de suministro por parte de Sandoz, empezó a cobrar cien dólares por una dosis para aliviar los tormentos ocultos a simple vista. Sus pacientes contaban experiencias de transformación de género, renacimiento y revelación. También decían que  se veían a sí mismos como espectadores y actores al mismo tiempo.



Fue Cary Grant, el gran actor de Hollywood, quien demostró más que cualquiera su amor por el LSD. El doctor Hartman acabó asumiendo el papel de carabina. Al principio, Grant acudía a Hartman para averiguar lo que su entonces esposa Betsy Drake había dicho sobre él. Sin embargo, Cary era un neurótico en un pedestal; el sueño de cualquier loquero. Poco después sucumbió a la posibilidad de que el LSD pudiera curar las cosas que lo habían atormentado durante tanto tiempo, lo que el doctor Hartman diagnosticó como "desapego emocional prolongado".





Pero no podemos culparlo: el padre de Grant internó a su madre en un hospital psiquiátrico cuando Grant apenas tenía nueve años y después le dijo que ella había muerto. Grant se unió al circo al año siguiente cuando su padre lo abandonó para formar una nueva familia. Una mudanza al otro lado del Atlántico y tres matrimonios después, ahí estaba Grant, en 1957, en el diván del doctor Hartman, con los ojos cerrados, probando el LSD por primera vez.





Marc Eliot, biógrafo de Grant, cree que la droga ayudó mucho al actor. "Fue capaz de 'conectar' con él mismo por medio de lo que él describía como 'sueños controlados'", dijo Eliot. "Creo que el LSD rompió las cerraduras de las puertas de la cárcel en la que había vivido, al menos emocionalmente, si no las de su vida entera".



Fue el principio de una larga relación entre la droga y el médico.



Las experiencias de Grant transcurrían entre relajadas sesiones psicotrópicas y los horribles viajes de pesadilla que la policía suele describir cuando van a una escuela a dar una charla apocalíptica sobre las drogas.





Durante uno de sus viajes relajados, escribió: "Aprendí muchas cosas en la tranquilidad de esa pequeña habitación. Aprendí a responsabilizarme de mis propias acciones y a culparme a mí y a nadie más por las circunstancias que yo mismo creé. Aprendí que solo soy yo quien se aleja de mi propia felicidad; que podía hacerme mucho más daño que cualquier otra persona". Durante un mal viaje, dijo: "Todos controlamos inconscientemente nuestro ano. En un sueño de LSD, me cago en toda la alfombra y el suelo. En otro sueño, me imagino que soy un pene gigante que despega de la Tierra como si fuera una nave espacial... Cuando aterrizo, estoy en un mundo de piernas regordetas de bebitos sanos y pañales, con sangre por todas partes, como si estuviera en medio de algún tipo de actividad menstrual".



Grant se volvió uno de los principales defensores de la droga antes de que se volviera ilegal. Animó a sus amigos y a sus futuras esposas a ingerirla. Concedía entrevistas para las revistas Ladies Home Journal y Good Housekeeping en las que hablaba sobre los efectos transformadores de la droga. Aunque, en una ocasión, las cosas se tornaron un tanto oscuras. Un par de décadas después de su problemático divorcio, Dyan Cannon (la cuarta esposa de Grant) dijo al periódico británico Daily Mail que Grant la había "obligado a ingerir" LSD para convertirla en una "esposa nueva y reluciente que se fusionaría en un solo ser con su esposo sin esfuerzo alguno".





Timothy Leary en una gira de conferencias en 1969 (Foto por el Dr. Dennis Bogdan, vía)





Algunos dicen que Grant le contó todo sobre la droga a Timothy Leary, quien después divulgó el mensaje por todo el mundo. Sin embargo, el llamado que hizo a todos a que "se sintonizaran en ese canal" no fue del agrado de Janiger y de Huxley; ambos opinaban que el mensaje era demasiado fuerte, ya que la verdad que la droga revelaba era demasiado profunda como para soltarla a una multitud que no estaba preparada.



Timothy Leary en una gira de conferencias en 1969 (Foto por el Dr. Dennis Bogdan, vía)







Con el tiempo, la fiesta llegó a su fin. Cuando el ácido se popularizó, las autoridades se dieron cuenta. Después, el LSD se volvió fácil de conseguir en las calles y fue inevitable que empezaran todas las historias de terror y los chismes.



A principios de la década de los sesenta, la Agencia de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) empezó a vigilar más de cerca al instituto de Beverly Hills y tiempo después obligó a Hartman a cerrarlo en 1962. Debido a la pésima reputación de la droga a ojos de la FDA, los usuarios se vieron obligados a permanecer en la sombra. En el año 1968, la droga ya era ilegal, una pésima decisión, en opinión del doctor Sessa: "Desde entonces, la investigación ha sido muy difícil, la policía se ha visto envuelta en una guerra contra las drogas imposible de ganar, lo que ha beneficiado económicamente a la mafia, ha criminalizado a los consumidores de droga que en otras circunstancias respetan la ley y, lo más importante, ha obstaculizado toda investigación sobre esta clase de sustancias seguras y eficaces".



Mortimer Hartman ya se había ido de California por aquel entonces y Oscar Janiger había dejado su profesión y sus estudios en cuanto el gobierno comenzó a investigarlo. Cary Grant siguió consumiendo la droga, aunque de una manera más discreta, y en su testamento dejó diez mil dólares a su "sabio mahatma" (el doctor Hartman).



Quizá las sustancias psicodélicas aún tengan mucho que ofrecernos. "Los tratamientos tradicionales con fármacos [es decir, los antidepresivos] en general sólo enmascaran los síntomas", dijo el doctor Sessa. "En este sentido, las drogas psicodélicas pueden utilizarse como herramientas para abrir paso a una vía más profunda, más centrada y más efectiva para ayudar a los pacientes a explorar sus problemas con sus terapeutas... estas drogas permiten que la persona reflexione sobre cuestiones existenciales. Esto puede ser muy útil, por ejemplo, en casos de drogadicción e incluso en trastornos de personalidad, en los que el paciente puede obtener beneficios cuando se le da la oportunidad de enfrentarse a patrones de comportamiento rígidos y arraigados de sistemas negativos de creencias muy firmes".



Pero las cosas están cambiando. En 2012, un análisis de estudios realizados en las décadas de los cincuenta y los sesenta demostró lo útil que es la droga para tratar el alcoholismo. Este año se publicaron dos artículos sobre los efectos del LSD. Cabe señalar que no se había publicado nada desde la década de los setenta. Así que, quizá no falte mucho para que sepamos de qué hablaba Cary.



@returnofthemx

miércoles, mayo 03, 2017

ARTE EN CRISIS. ISIDORO VALCÁRCEL MEDINA SOBRE “LA SITUACIÓN” (1993/2016) | Artishock Revista

ARTE EN CRISIS. ISIDORO VALCÁRCEL MEDINA SOBRE “LA SITUACIÓN” (1993/2016) | Artishock Revista





La tarea que nos cabe en el presente es revolver en el pasado los futuros enterrados [1]



ARTE EN CRISIS. ISIDORO VALCÁRCEL MEDINA SOBRE “LA SITUACIÓN” (1993/2016)





La Situación fue un encuentro nacional de artistas que tuvo lugar en Cuenca (España), principalmente en la Iglesia de San Miguel, del 26 al 29 de Abril de 1993. Dirigido por Horacio Fernández y Ángel González, en el contexto de la crisis que afectó a la economía, la sociedad y la cultura española a principios de los noventa, asistieron críticos, historiadores, galeristas, estudiantes, coleccionistas e interesados en el arte en calidad de oyentes y participantes a los debates surgidos a partir de comunicados presentados exclusivamente por artistas.
Años después, también en Cuenca, la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Castilla-La Mancha retoma la idea de dicho encuentro para organizar del 18 al 21 de octubre pasados La Situación 2016 arte por-venir (LS2016). La convocatoria tuvo como objetivo debatir sobre el estado actual de las prácticas artísticas en España y América Latina. Se articuló como un espacio de discusión presencial y virtual para artistas consolidados y en formación de diversos países, muchos de ellos interviniendo como delegados o portavoces de grupos que mantuvieron debates previos. LS2016 mantuvo el mismo criterio con que se realizó el encuentro de 1993: dar voz a los artistas sin mediación de críticos o comisarios, aunque no por ello con voluntad alguna de exclusión o confrontación.
El núcleo del encuentro estuvo constituido por foros de debate en los que participaron más de cincuenta ponentes, entre ellos, Luis Camnitzer, Daniela Ortiz, Rogelio López Cuenca, María Cañas, Nicolás París, Rolf Abderhalden, Mujeres Creando, Internacional Errorista, Cabello/Carceller, Wilfredo  Prieto,  Federico  Guzmán,  Dionisio  Cañas,  María  Ruido,  Juan Domínguez, Daniel Miracle, Aurora Fernández Polanco, y el Premio Velázquez 2015, Isidoro Valcárcel Medina (Murcia, España, 1937), con quien tuve el placer de conversar poco antes de su inauguración.
Leyla Dunia: La Situación comenzó en octubre de 1992 a partir de las discusiones de un grupo de profesores de la Facultad de Bellas Artes de Cuenca. ¿Cómo surge tu participación en ese encuentro?
Isidoro Valcárcel Medina: Yo tenía relación con mucha gente de ahí, como por ejemplo con José Antonio Sarmiento. Me invitaron y yo fui encantado.
L.D: Todo el impulso en el campo del arte que se venía gestando desde la década de 1980 en España choca contra un muro en 1992 cuando llega la crisis. La Situación partía también de la reflexión en ese contexto de precariedad. ¿Cómo lo recuerdas?
I.V.M: Me acuerdo del Círculo de Bellas Artes de aquí de Madrid, que organizó un simposio o congreso en el cual intervine, alrededor del 92-93, que se llamaba Crisis-cultura-crisis; entonces, mi conferencia era sobre Cultura-crisis-cultura, es decir no sometáis ya para empezar la cultura a la crisis. Yo suelo decir a los artistas que estoy cansado de las becas y las residencias, me parece estupendo que las den, pero sin beca también se puede vivir y hemos vivido muchísimo tiempo. Hay países donde no hay ni siquiera papel y lápiz. ¿Tú que puedes tener papel y lápiz, no puedes expresarte en el nivel que puedas? Eso estaba muy a flor de piel en el momento de aquella crisis en el 93, cuando empezó la obsesión por aquello de no tener financiación; pues si no tienes financiación para la obra prodúcela tú, y si en vez de usar hierro tienes que hacerla en cartón, pues hazla en cartón… quizás soy muy extremista…
L.D: En el comunicado que leíste en 1993 rezaba lo siguiente: “Nada que tenga que ver con el arte provoca, estimula o mueve el más leve cambio en la inmovilidad de las instituciones artísticas”. ¿Sigue siendo así?
I.V.M: Sigue más vigente que entonces, yo creo. Ayer venía en el periódico una larguísima crónica sobre las grandes exposiciones de arte que montan los museos, por ejemplo la de Velázquez, la de El Bosco, y así en todo el mundo. Ese trasiego de obras ya es una cuestión puramente económica al margen de toda consideración.
L.D: Un poco más abajo aparece una frase contundente: “Tenemos un arte descomprometido con su medio y con su tiempo (aunque esté comprometido por ellos)”. También se mencionan la falta de reflexión y pensamiento ante la obra, la fiebre por la titulitis, el juego del mercado (ferias, galerías, bienales), y gran responsabilidad de estas críticas las dejas caer sobre los artistas por darle entrada. ¿Qué pueden hacer lo artistas contra la dominación?  ¿Es posible trastocar el sistema?
I.V.M: Los artistas tienen sencillamente que cumplir con su obligación, la de ser creadores, removedores, instigadores de nuevos comportamientos y nuevas ideas. Es que se presume de ser artista, pero ¿qué haces en el ejercicio de esa profesión que contribuya a lo que se supone que es un artista? Es decir, a ser un aportador de nuevas ideas… sigo estando de acuerdo con esos planteamientos. Cada vez las comodidades de comportamiento son mayores pero el comportamiento no refleja esa facilidad, quiero decir, yo he vivido el franquismo y sé de las enormes dificultades, y sin embargo había un profundo compromiso subterráneo. Ahora cuando puedes expresarte con mayor “libertad”, resulta que todo es lo mismo.
L.D: En las conclusiones del comunicado leído en 1993, acerca de las posibles respuestas a la pregunta “¿qué hacer ante esta situación?”, se lee entre otras: “Elegir la acción creativa frente al producto de la creación y no olvidar nunca que vivir y ejercer oficios que se le parecen tanto son cuestiones morales”. ¿Hablamos de un borde ético en el arte y de generar un compromiso personal?
I.V.M: Quiere decir que estamos en un momento -y en la época de Velázquez también, no seamos ingenuos- en el cual se trata del producto. Cómo se ha gestado eso, qué tiempo se ha dedicado, qué ideas se han movilizado y eso está muy al margen, en lo comercializable, lo tangible. Evidentemente yo estoy en contra de eso pero es lo que impera. Yo defiendo la acción antes del producto.
L.D: ¿Hay una obsesión por el objeto?
I.V.M: Sobre todo el hecho de que los artistas dicen: voy a empezar a hacer una obra, y uno se pregunta: ¿Y antes de empezar a hacer esa obra tú no tenías nada en la cabeza referente a esa idea? Supongo que algún estímulo, impulso o movimiento. Si eres pintor se supone que la obra empieza a partir de que levantas el pincel, pero el impulso anterior que a fin de cuentas es el germen de todo no se toma en cuenta en absoluto.
L.D: Quizás no se toma en cuenta porque no se puede comercializar…
I.V.M: Claro, para empezar porque no es visible o tangible, y luego porque no se puede comercializar. Eso es una vieja batalla que yo tengo. Yo recuerdo que en esta Situación del 93 intervine en una mesa redonda y surgió la cita de Wittgenstein “de lo que no se puede hablar, es mejor callar”, y yo decía, es que precisamente de lo que no se puede hablar hay que hablar, a eso es a lo que tienes que dedicarte en primer lugar. Se armó mucho escándalo porque es una frase sagrada, y sí, será sagrada, pero en fin…
L.D: Es la postura más cómoda
I.V.M: Claro, el arte y los artistas son beneficiarios de un estado privilegiado aunque se pasen la vida quejándose y llorando, pero son beneficiarios de eso, hay que explotarlo en el sentido de que te permite salir un poco de lo establecido, cosa que por ejemplo un fontanero no puede hacer.
L.D: ¿Tú has procurado transitar ese camino?
I.V.M: He procurado, pero muchas veces no lo he conseguido.
L.D: De las jornadas del 23 al 26 abril de 1993 llevadas a cabo en la Iglesia de San Miguel, ¿qué recuerdas con más intensidad?
I.V.M: Recuerdo que el ambiente era casi festivo pero serio, y sobre todo era muy bonito que estaba organizado por una facultad de gente con mucho empeño e impulso. Había grandes universidades como Salamanca o Madrid que no movían un dedo y sin embargo en Cuenca se produjo este acontecimiento que no era usual, y que los que estábamos en esto disfrutamos mucho.
L.D: Una de las características esenciales del encuentro era, y sigue siendo, privilegiar la voz de los artistas y fomentar el encuentro y debate entre ellos sin intermediarios como comisarios, galeristas, etc. Veintitrés años después sigue siendo necesario –casi urgente- hacer un esfuerzo adicional para eliminar la mediación y darles la palabra. ¿Por qué crees que el planteamiento sigue tan vigente?
I.V.M: Si, ahora nadie se imagina que puedas hacer una exposición ordenando tu propio trabajo; no tengo nada en contra de los comisarios, pero que se haga una renuncia expresa a eso y decir la exposición me la comisaría fulano o mengana… ¿y el artista no pinta nada? Hay muchísimo de aquello. Ahora también estamos en otra crisis, yo creo que la del 93 era más dramática en cuanto a lo inesperado de recién haber salido de un respirar. Ahora probablemente se manifiesta con más estupidez colectiva porque lo estamos demostrando constantemente.
L.D: En el 2008 inició una crisis global tras la caída del banco Lehman Brothers. Para España también significó el final de la segunda burbuja inmobiliaria, la crisis bancaria, el aumento del desempleo. Ahora estamos en el medio de una crisis migratoria crítica, la guerra en el medio Oriente…
I.V.M: Hay una cuestión de carácter económico que no se puede disimular, pero también es cierto que nos hemos acostumbrado a llamar crisis a las cuestiones económicas y no se habla nunca de crisis de ideas o de pensamiento, sino que cuando se dice crisis se refiere inmediatamente a la economía.
L.D: Puede haber proliferación de ideas en crisis económica y al contrario…
I.V.M: La crisis reclama las ideas. Me acuerdo que en Madrid, en ese congreso de Cultura-crisis-cultura, yo lo pregonaba, bienvenida la crisis. Y me acuerdo que un día con los directores del Reina Sofía, pero ya de esta crisis en el 2009, cuando estaba empezando la cosa, en las reuniones preparatorias de la muestra la crisis salía a colación, y dije yo: “Me encanta la crisis”, y se quedaron mirándome asombrados. Entiéndase, no quiero que la gente la pase mal, pero me encanta la crisis a ver si espabilamos.
L.D: El encuentro La Situación 2016 apunta a una reflexión sobre el estado de excepción permanente y la situación de precariedad como lo cotidiano. ¿Piensas que podemos afectar el contexto en el que vivimos desde el arte?
I.V.M: Realmente no tendría que haber otra inspiración. No digo que uno tenga que ser un héroe social, pero puedes idear cosas que tengan relación directa con el contexto. Por ejemplo, la arquitectura está absolutamente desligada con la realidad social y ambiental. En esta última década hemos visto grandes construcciones absolutamente secundarias, y sin embargo para la gente que está en necesidad no se piensan soluciones cómodas y accesibles. En los ascensores de los teatros que dan acceso al escenario del Reina Sofía, por ejemplo, resulta que no cabe un piano. Si quieres subir un piano tienes que desmontarlo primero. Y luego está esa pared roja insultante que refleja el sol a las casas de enfrente y que ni el autor ni los que tenían que haber controlado la construcción se han enterado. Yo hice un trabajo en el que puse un lona inmensa que decía: “El autor ruega que disculpen las molestias”; no ponía quién era el autor ni lo firmaba yo, simplemente pedía perdón por esa cretinez de una pared roja orientada a poniente con unas casas en la acera de enfrente. Los artistas tienen un estatus social magnífico, pero tienen que responder a él como cualquier hijo de vecino.
L.D: El subtítulo de La Situación 2016 es Arte por-venir. En tu opinión, ¿qué podemos avistar en el horizonte?
I.V.M: Me gusta más sin el guión, es decir, arte pendiente. Me parece muy bien, eso hay que apoyarlo, tenemos aquí políticamente un ejemplo de una situación absurda en la cual no se apoya para nada el por venir y corremos el riesgo de que ocurra también en el arte; por eso me gusta que se proponga reflexionar sobre el porvenir, pero tiene que ser de verdad. Para poner un ejemplo simplón, si hay un artista que está repitiendo lo mismo, ese no juega en el partido, tiene que hacer algo por el porvenir, tiene que responder a su ocupación y preocuparse por lo que viene; lo de ahora ya sabemos en qué consiste.
Hace dos días hice un recorrido por las galerías, ¿y sabes lo que me ocurre?, que ya no necesito entrar -en las que tienen cristales, quiero decir-, pasas y dices: otra vez lo mismo. Me parece una explotación enorme del prestigio que mantiene el arte. Estuve en una galería que estaba toda pintada de blanco muy intenso: suelo, techo y paredes; cegador, muy iluminado. Y la vi desde la calle y dije: “aquí tiene que haber algo”; entonces entré y lo único que había era un tubo pequeño. Pregunté si esa era la obra y me dijeron que si. Yo admito el significado profundo de lo obvio y lo elemental, pero hasta un cierto punto, es decir, ¿esa iluminación es necesaria para esto? Ni siquiera adquiero información, no digo ya emoción, sino ni siquiera información. Me parece una cosa descarada, y eso lo ha hecho alguien que firma y una galería que se está gastando los vatios en iluminar aquello de una manera bestial. Entonces que haya un encuentro como puede serlo, no sé si lo será, pero que puede serlo La Situación, hay que apoyarlo y yo tengo muchas ganas de estar ahí.

[1] Réquiem para Walter Benjamin, citado por Suely Rolnik en la conferencia ‘Furor de Archivo’ impartida en el Hemispheric Institute of Performance and Politics en 2009.

jueves, abril 27, 2017

Arquitectura. O espléndido legado da Escola do Porto | Cidade da Cultura

Arquitectura. O espléndido legado da Escola do Porto | Cidade da Cultura



Arquitectura. O espléndido legado da Escola do Porto



Prezad*s,
O vindeiro 13 de maio celebramos a última sesión de NEXOS antes do verán, nesta ocasión dedicada á Escola de Arquitectura do Porto, que tanto recoñecemento internacional obtivo e que tan boa pegada deixou na capital de Galicia.
Para coñecer un chisco máis dos seus valores e principios contaremos coa presenza dun dos seus fundadores, o catedrático Alexandre Alves Costa. E para afondar no seu impacto nas seguintes xeracións de arquitectos (portugueses e non só), conversaremos con Pedro Bandeira, profesor da Universidade do Minho e comisario da exposición “Escola do Porto: lado B / Uma história oral (1968-1978)”.
Na segunda parte da sesión teremos un espectáculo de luz e son inspirado na casa invisible de Álvaro Siza e creado en exclusiva para NEXOS polo pianista Pablo Seoane e o director de escena Carlos Álvarez – Ossorio.
E para rematar o acto co mellor sabor, estamos convidados a un viño e un petisco, por cortesía de Bodegas Martín Códax e Conservas Antonio Pérez Lafuente.
A organización desta sesión contou co apoio e colaboración do Instituto Camões, sede Vigo.
Remito adxunto o enlace á páxina onde vos podedes inscribir: http://www.cidadedacultura.gal/gl/evento/arquitectura-o-esplendido-legado-da-escola-do-porto
Esperamos contar coa vosa compañía, e agradezo inmenso o apoio que nos poidades prestar na difusión da actividade.
Un afectuoso saúdo,

martes, abril 25, 2017

WALT WHITMAN: VIDA Y AVENTURAS DE JACK ENGLE | Rafael Narbona

WALT WHITMAN: VIDA Y AVENTURAS DE JACK ENGLE | Rafael Narbona





¿Poeta de una nación o poeta de vagabundos? Se ha dicho que Whitman era un “vagabundo semidivino” (Borges), “un magnífico haragán”, un periodista hostigado por el fracaso, un cajista negligente, un maestro sin vocación, un borracho de buen corazón, un libertino con tendencias onanistas, un neurótico que combatía su inseguridad con alardes de megalomanía. Nada de eso le impidió convertirse en el poeta de la democracia americana, la voz profunda de la América liberal e inconformista. Hojas de hierba (Leaves of Grass) es la Ilíada del Nuevo Mundo, la Divina Comedia del joven e insolente continente, el Quijote de un país que aún sueña con la última frontera. Sus diez ediciones contienen la épica de una sociedad libre, abierta, plural e individualista, que concede al pueblo la sagrada misión de realizar su destino manifiesto. Para Whitman, la democracia es la religión del pueblo americano, no un simple modelo de gobierno. No se trata de una fe pagana, sino de un misticismo liberador que combate indistintamente la esclavitud y la desigualdad, el fanatismo y la tiranía. Dios, la Naturaleza y el Hombre componen un todo indisociable que merece ser cantado y celebrado con júbilo. Sacerdote del optimismo, Whitman nunca experimentó las dudas de Hamlet ante la calavera de Yorick. No hay que pensar en morir o soñar, sino en vivir con “nervio y energía”. El célebre “Canto el yo” (One’s-Self I Sing) no es un ejercicio de narcisismo, sino un homenaje al Ser, al Progreso y a la Condición Humana: “…canto por igual a la Hembra y al Varón. / Con una inmensa pasión por la Vida, […] al Hombre Moderno canto”. Amigo de las feministas y los abolicionistas, Whitman costeó la primera edición de Hojas de hierba en 1855, cosechando indiferencia y desprecio. Sólo Emerson celebró la publicación de la obra, augurándole el reconocimiento de la posteridad. Whitman no se desanimó, pues sabía que su voz no era simplemente la de su yo, sino la de todos, incluidos los humillados y olvidados: “Brotan de mí muchas voces largamente calladas: / voces de las interminables generaciones de prisioneros y esclavos; voces de los enfermos y desesperados, […] / de los deformes, los triviales, los simples, los necios y los despreciados”.
Hasta hace poco, sólo se atribuía una novela a Whitman, Franklin Evans, el borracho. Durante tres febriles días acompañados por abundantes tragos de oporto, el poeta compuso una obra que más tarde consideraría “una auténtica porquería”. Paradójicamente, vendió 20.000 ejemplares, una cifra que excede largamente las ventas de las sucesivas ediciones de Hojas de hierba. Saber que Whitman no se equivocaba al juzgar su novela, corrobora que el éxito nunca es un buen criterio para determinar el valor de una obra. El hallazgo de una nueva y breve novela publicada por entregas en 1852 en The Sunday Dispach amplía nuestro conocimiento de su autor. Sería absurdo afirmar que se trata de una joya literaria, pero constituiría una grave negligencia negar su importancia como documento lírico, introspectivo y clarificador. Desde la primera página, se aprecia la voluntad de imitar a Dickens, narrando las aventuras y desventuras de un joven aprendiz de abogado que ignora acontecimientos esenciales de su pasado. Jack Engle sufre una orfandad temprana, convirtiéndose en un muchacho desamparado que vagabundea por los suburbios. El encuentro con un respetable y compasivo lechero le salva de unas calles donde sólo prosperan la violencia, el abuso y el chantaje. Durante un tiempo trabajará para Covert, un auténtico villano que ejerce la abogacía para enriquecerse, empleando toda clase de artimañas para despojar a sus víctimas de sus bienes. Engle descubrirá que la corrupción no es una epidemia de los bajos fondos, sino un vicio que circula por todas las capas de la sociedad. Su desengaño no desembocará en un escepticismo trágico, sino en un vitalismo invencible. Los vicios del ser humanos no pueden menoscabar los afectos más nobles, como el amor o la amistad.
¿Merece la pena leer Vida y aventuras de Jack Engle? Sin duda, pero no por su trama –algo rudimentaria y precipitada-, sino por la vibrante humanidad de Walt Whitman, que resplandece en cada página. Su retrato de la infancia refuta los tópicos: “¡ay, los niños piensan más de lo que imaginan muchos!”. Los niños son criaturas imaginativas e hiperestésicas, que sobreviven a las peores desgracias porque en ellos palpita “el espíritu de la aventura”. La vejez no disfruta de ese privilegio. Wigglesworth, el contable de la oficina de Covert, flota en el alcohol para olvidar el bienestar de su juventud. Su afición a la bebida fue la causa de infortunio y el bálsamo de su senectud, pues aturde su conciencia y difumina su juicio. Su conversión al metodismo sólo agrava su sufrimiento, pues la sobriedad impuesta por la religión propicia una triste lucidez. El alcoholismo, que se cobró un dramático diezmo con la familia Whitman, es un tema recurrente en la obra del poeta. La Vida no se cansa de convocarnos, pero la Muerte también nos reclama y no siempre logramos escapar a su llamada. El genio de Whitman brilla especialmente en su visión de Nueva York, por entonces un laberinto de callejuelas umbrías, con algunas mansiones victorianas e infinidad de chamizos levantados sobre el barro. Las canciones que se escuchan en sus esquinas, a veces toscas y grotescas melodías, alivian momentáneamente el desaliento inherente a la pobreza: “Qué extraño encanto hay en la voz humana, que aventaja a todos los instrumentos a la hora de causar ciertos efectos”. Nueva York puede despertar la melancolía, pero no el tedio: “Me gustaba vivir en la gloriosa Nueva York, donde, si hay alguien inactivo que no sabe en qué entretenerse debe ser por culpa suya”.
Los últimos capítulos de Jack Engle son particularmente memorables. En uno, se describe el cementerio de Nueva York. Después de leer los epitafios de algunas tumbas, Engle comenta entusiasmado: “Ha llegado una nación de hombres libres que ha superado todo lo que se conocía en cuanto a felicidad, buen gobierno y auténtica grandeza”. En otro, un asesino convicto se lamenta del dolor de los hombres, que viven bajo las inclemencias del azar: “Ojalá el demonio en el jardín del Edén le hubiese desvelado al joven el camino a la felicidad”. El temperamento dionisíaco de Whitman se manifiesta con un feliz desenlace que repara todas las injusticias. Su inesperada novela afianza la imagen de un poeta que concibió a América como una “Tierra Libre”, donde la ambición y el coraje pueden sortear cualquier obstáculo. ¿Poeta nacional o poeta de vagabundos? Cuando a finales de 1855 Whitman se acercó al hotel Astor para visitar a Emerson, no lo dejaron pasar por su aspecto bohemio, más propio de un mendigo que de un caballero. No es una anécdota banal, sino la prueba de que Whitman fue el poeta de una nación de vagabundos. Los pobres, los derrotados y los desamparados descansan sobre su alma de infinito y su “arpa labrada de un roble añejo” (Rubén Darío). Jack Engle encarna el espíritu de una civilización que manchó su alma con los peores pecados, pero que se redimió con la gloria de sus poetas, el carácter temerario de sus sueños y su inquebrantable amor a la libertad.

lunes, abril 24, 2017

Roger Waters, de Pink Floyd, disco en solitario después de 25 años | Periodistas en Español

Roger Waters, de Pink Floyd, disco en solitario después de 25 años | Periodistas en Español

Roger Waters, de Pink Floyd, disco en solitario después de 25 años

“Un comentario inflexible sobre el mundo moderno y los tiempos inciertos”. Así es como define la discográfica Columbia Records, perteneciente a Sony Music, el nuevo álbum del británico Roger Waters –fundador, bajo, guitarra, compositor e intérprete del mítico grupo Pink Floyd – que saldrá a la venta el 2 de junio de 2017 con el título “Is This The Life We Really Want?” (“¿Esta es al vida que realmente queremos?”)


Roger Waters
Roger Waters


El álbum, que contiene doce temas, es el primer trabajo en solitario de Waters en 25 años, desde que en 1992 publicara “Amused to Death”.
Este último trabajo de Roger Waters, de 73 años, compositor de álbumes emblemáticos en los años 1970, como «Animals» y  “The Wall”, está producido entre otros por Paul McCartney y U2, y algunas de las canciones que contiene llevan títulos tan evocadores como “The last refuge” (El último refugio) o “Part of Me Died” (“Una parte de mí esta muerta”).
Para presentar el álbum, Roger Waters hará una pequeña gira promocional que comienza el 26 de mayo en Kansas City, pasa por los Angeles y Nueva York y termina en octubre en Vancouver.






Roger Waters contra el muro de Donald Trump

En otro orden de cosas, hace unos meses, en febrero de 2017, Roger Waters dijo que se estaba planteando dar un concierto en la frontera mexicano – estadounidense para interpretar el álbum “The Wall” (El muro), asegurando que se trata de unas canciones más que nunca de actualidad tras la elección de Donald Trump para la presidencia estadounidense.
El músico británico hizo una aparición pública, lo que no es nada frecuente en su larga carrera, para promocionar la exposición “Pink Floyd, Their Mortal Remains” que se podrá ver desde el 13 de mayo hasta el 1 de octubre de 2017 en el Victoria and Albert Museum de Londres.
En la presentación de la retrospectiva, que va a celebrar el 50 aniversario de la edición del primer single de Pink Floyd, Roger Waters, acompañado del batería Nick Mason, explicó que se trata de una exposición de 350 objetos, un show de láser y grabaciones inéditas de conciertos. Figurará también el bastón con el que el prefecto de la escuela de Waters en Cambridge –insipirador del profesor severo de The Wall– castigaba a sus alumnos.



Pink Floyd, el grupo que en 1965 formaron cuatro estudiantes de Cambridge, lleva vendidos más de doscientos millones de álbumes en todo el mundo. “The Wall” (1979) ha sido considerado como uno de los mejores trabajos musicales de todos los tiempos.
“Ladrillo a ladrillo”, Pink Floyd, y especialmente Rogers Waters, construyeron este álbum que habla de los antihéroes. Al firmar la totalidad de las letras y dos tercios de la música, Waters  construyó uno de sus trabajos más personales -que, sin embargo, tuvo diez años después alcance universal cuando los berlineses destruyeron su muro “ladrillo a ladrillo”-, en el que habla de la muerte de su padre en la segunda Guerra mundial, cuando él apenas tenía un año, de la alienación e incluso la esquizofrenia que pueden generar la escuela y la sociedad, el futuro depresivo y aislado que le esperaba, las alucinaciones… Mezclando elementos de su vida personales con otros de ficción, Rogers Waters consiguió con “The Wall” una auténtica obra maestra del pop-rock del siglo XX.
Radical opositor del presidente de Estados Unidos, al que llamó “cerdo” en un concierto en México en octubre de 2016, dijo entonces que el álbum “The Wall” está ahora más de actualidad que nunca “con todos esos discursos del señor Trump sobre los muros que va a construir y que solamente buscan dividir a la  gente según  su raza y religión”. Waters, quien vive en Estados Unidos, anunció que está dispuesto a volver a interpretar las canciones de “The Wall” en la fronteras con México, pero que antes sería necesario “un despertar de la gente contra esas políticas de derecha dura. Las alcantarillas están llenasde hombres codiciosos y poderosos”.

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...