jueves, noviembre 29, 2018

Los refugios de la memoria, de José Luis Cancho - Zenda

Los refugios de la memoria, de José Luis Cancho - Zenda



Los refugios de la memoria, de José Luis Cancho

Los refugios de la memoria, de José Luis Cancho
Una joya inesperada aparece en la nueva en la entrega de Las resistentes, la sección en la que el escritor Andrés Barba rescata para Zenda grandes libros de pequeñas editoriales. En esta ocasión escribe sobre Los refugios de la memoria, de José Luis Cancho, Premio de la crítica de Castilla y León en 2018. 
En estos tiempos de autoficción la coquetería ha adoptado formas nuevas e inesperadas, muchas veces sospechosas. Una de ellas, no la menos común, es la de defenestrarse a sí mismo con una especie de dejadez cool, hacer un retrato caído en lo circunstancial pero heroico en lo esencial, en el que el autorretratado casi nunca se responsabiliza directamente de la infelicidad de su vida ni de las vidas ajenas, y los vicios —si los hay— siempre son simpáticos y perdonables. En esos supuestos autorretratos “salvajes y sin concesiones”, por repetir la cursilería de solapa, que al final se convierten casi siempre en ajustes de cuentas, el retratado sale por la puerta grande, con un peinado —si bien algo venteado— por lo general más bien mono y con mucha pero que mucha dignidad. A diferencia del escritor de tradición protestante, que suele ser por lo general más pragmático, pero también más radical, el escritor de tradición católica puede patalear mucho, pero al final quiere salir bien en la foto y que no se cuestione su dichosa respetabilidad.
"Es una boutade decir que Cancho se mira sin concesiones"
Dicho esto, que es lo que opino del 90% de la escritura de autoficción que se publica hoy en día, de pronto abro un libro de un autor tan desconocido por mí como José Luis Cancho y me trago una por una todas mis palabras del párrafo anterior, maravillado y encantado de haber perdido la razón, con la alegría que supone siempre encontrar no solo solvencia literaria —que en este caso es sinónimo de concisión— sino también de haber conocido a un nuevo autor, un compañero de armas. “Animal mío, época mía —dice Cancho haciendo suyo el adagio Mandelstam—, ¿quién podrá mirarte a los ojos?” El libro de Cancho empieza con una imagen casi cinematográfica: el propio autor cayendo desde la ventana de un tercer piso de Valladolid el 18 de enero de 1974, después de haber sido torturado durante toda una tarde por cuatro miembros de la brigada político-social. Pero Los refugios de la memoriano son unas memorias políticas. Ni siquiera (y bien habría sido justificable en este caso) un ajuste de cuentas con sus verdugos, ni con su familia, ni con sus amantes. Las memorias de Cancho —que abarcan casi desde la infancia hasta la época actual y van recorriendo por igual los escenarios de la disidencia política durante la dictadura franquista, la cárcel, el exilio, el vagabundeo, la inadaptación para la vida práctica, las dificultades para las relaciones sentimentales, etc— son lo que Simone Weil llamaría un perfil de espíritu, y Broch una “autobiografía psíquica”. Es decir, el examen detenido, sagaz y honesto de alguien que, por mucho que lo intente, no puede dejar de ser un extraño para sí mismo. Es una boutade decir que Cancho se mira sin concesiones. Esa frase que casi siempre es una cursilería (aparte de una mentira) es aquí verdadera y emocionante, y no solo porque el autor sea capaz de decir sobre sí mismo cosas objetivamente difíciles de articular sin salir mal parado, sino también porque revela haber reflexionado con ecuanimidad, distancia y hasta desapasionamiento no solo sobre sí mismo sino sobre las personas que han formado parte de su vida. Cancho dice que quiere escribir como un muerto, y vaya si lo consigue.
"Cancho es toda una rareza en este panorama de verborreicos con pose"
Este libro tiene, en el fondo, dos modelos muy claros: Levé y Brainard, con dos libros aparentemente fuera del canon, pero en realidad de primera línea: Autorretrato en el primer caso y Me acuerdo en el segundo. A ratos me recuerda también al poderoso Zorn con su implacable Bajo el signo de Marte, y también a Bernhard, pero más por el carácter que por el estilo (que es en realidad su exacto opuesto). Cancho podría ser en última instancia como uno de esos personajes misteriosos de Bernhard, que comprimen en tres palabras la observación de tres años y se dan por bien pagados. O un callado personaje chejoviano que al final de la obra da con un hallazgo verbal que hace comprender una vida de otra persona. Toda una rareza en este panorama de verborreicos con pose. Ojalá esta pequeña joya encuentre el reconocimiento que se merece.
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Autor: José Luis Cancho. TítuloLos refugios de la memoriaEditorial: Papeles Mínimos. 

miércoles, noviembre 21, 2018

Byung-Chul Han: “Ahora uno se explota a sí mismo y cree que está realizándose”

Byung-Chul Han: “Ahora uno se explota a sí mismo y cree que está realizándose” | Cultura | EL PAÍS





El filósofo Byung-Chul Han, ayer en Barcelona. 



Las Torres Gemelas, edificios iguales entre sí y que se reflejan mutuamente, un sistema cerrado en sí mismo, imponiendo lo igual y excluyendo lo distinto y que fueron objetivo de un atentado que abrió una brecha en el sistema global de lo igual. O la gente practicando binge watching (atracones de series), visualizando continuamente solo aquello que le gusta: de nuevo, proliferando lo igual, nunca lo distinto o el otro... Son dos de las potentes imágenes que utiliza el filósofo Byung-Chul Han (Seúl, 1959), uno de los más reconocidos diseccionadores de los males que aquejan a la sociedad hiperconsumista y neoliberal tras la caída del muro de Berlín. Libros como La sociedad del cansancioPsicopolítica o La expulsión de lo distinto (en España, publicados por Herder) compendian su tupido discurso intelectual, que desarrolla siempre en red: todo lo conecta, como hace con sus manos muy abiertas, de dedos largos que se juntan mientras cimbrea una corta coleta en la cabeza.
“En la orwelliana 1984 esa sociedad era consciente de que estaba siendo dominada; hoy no tenemos ni esa consciencia de dominación”, alertó ayer en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB), donde el profesor formado y afincado en Alemania disertó sobre la expulsión de la diferencia. Y dio pie a conocer su particular cosmovisión, construida a partir de su tesis de que los individuos hoy se autoexplotan y sienten pavor hacia el otro, el diferente. Viviendo, así, en “el desierto, o el infierno, de lo igual”.
Autenticidad. Para Han, la gente se vende como auténtica porque “todos quieren ser distintos de los demás”, lo que fuerza a “producirse a uno mismo”. Y es imposible serlo hoy auténticamente porque “en esa voluntad de ser distinto prosigue lo igual”. Resultado: el sistema solo permite que se den “diferencias comercializables”.
Autoexplotación. Se ha pasado, en opinión del filósofo, “del deber de hacer” una cosa al “poder hacerla”. “Se vive con la angustia de no hacer siempre todo lo que se puede”, y si no se triunfa, es culpa suya. “Ahora uno se explota a sí mismo figurándose que se está realizando; es la pérfida lógica del neoliberalismo que culmina en el síndrome del trabajador quemado”. Y la consecuencia, peor: “Ya no hay contra quien dirigir la revolución, no hay otros de donde provenga la represión”. Es “la alienación de uno mismo”, que en lo físico se traduce en anorexias o en sobreingestas de comida o de productos de consumo u ocio.
‘Big data’.“Los macrodatos hacen superfluo el pensamiento porque si todo es numerable, todo es igual... Estamos en pleno dataísmo: el hombre ya no es soberano de sí mismo sino que es resultado de una operación algorítmica que lo domina sin que lo perciba; lo vemos en China con la concesión de visados según los datos que maneja el Estado o en la técnica del reconocimiento facial”. ¿La revuelta pasaría por dejar de compartir datos o de estar en las redes sociales? “No podemos negarnos a facilitarlos: una sierra también puede cortar cabezas... Hay que ajustar el sistema: el ebook está hecho para que yo lea, no para que me lea a mí a través de algoritmos... ¿O es que el algoritmo hará ahora al hombre? En EE UU hemos visto la influencia de Facebook en las elecciones... Necesitamos una carta digital que recupere la dignidad humana y pensar en una renta básica para las profesiones que devorarán las nuevas tecnologías”.
Comunicación. “Sin la presencia del otro, la comunicación degenera en un intercambio de información: las relaciones se reemplazan por las conexiones, y así solo se enlaza con lo igual; la comunicación digital es solo vista, hemos perdido todos los sentidos; estamos en una fase debilitada de la comunicación, como nunca: la comunicación global y de los likes solo consiente a los que son más iguales a uno; ¡lo igual no duele!”.
Jardín. “Yo soy diferente; estoy envuelto de aparatos analógicos: tuve dos pianos de 400 kilos y durante tres años he cultivado un jardín secreto que me ha dado contacto con la realidad: colores, olores, sensaciones... Me ha permitido percatarme de la alteridad de la tierra: la tierra tenía peso, todo lo hacía con las manos; lo digital no pesa, no huele, no opone resistencia, pasas un dedo y ya está... Es la abolición de la realidad; mi próximo libro será ese: Elogio de la tierra. El jardín secreto.La tierra es más que dígitos y números.
Narcisismo. Sostiene Han que “ser observado hoy es un aspecto central de ser en el mundo”. El problema reside en que “el narcisista es ciego a la hora de ver al otro” y sin ese otro “uno no puede producir por sí mismo el sentimiento de autoestima”. El narcisismo habría llegado también a la que debería ser una panacea, el arte: “Ha degenerado en narcisismo, está al servicio del consumo, se pagan injustificadas burradas por él, es ya víctima del sistema; si fuera ajeno al mismo, sería una narrativa nueva, pero no lo es”.
Otros. Es la clave de sus reflexiones más recientes. “Cuanto más iguales son las personas, más aumenta la producción; esa es la lógica actual; el capital necesita que todos seamos iguales, incluso los turistas; el neoliberalismo no funcionaría si las personas fuéramos distintas”. Por ello propone “regresar al animal original, que no consume ni comunica desaforadamente; no tengo soluciones concretas, pero puede que al final el sistema implosione por sí mismo... En cualquier caso, vivimos en una época de conformismo radical: la universidad tiene clientes y solo crea trabajadores, no forma espiritualmente; el mundo está al límite de su capacidad; quizá así llegue un cortocircuito y recuperemos ese animal original”.
Refugiados. Han es muy claro: con el actual sistema neoliberal “no se siente temor, miedo o asco por los refugiados sino que son vistos como carga, con resentimiento o envidia”; la prueba es que luego el mundo occidental va a veranear a sus países.
Tiempo.Es necesaria una revolución en el uso del tiempo, sostiene el filósofo, profesor en Berlín. “La aceleración actual disminuye la capacidad de permanecer: necesitamos un tiempo propio que el sistema productivo no nos deja; requerimos de un tiempo de fiesta, que significa estar parados, sin nada productivo que hacer, pero que no debe confundirse con un tiempo de recuperación para seguir trabajando; el tiempo trabajado es tiempo perdido, no es tiempo para nosotros”.

EL “MONSTRUO” DE LA UE Y LA “BODA” CATALUÑA-ESPAÑA

“Estamos en la Red, pero no escuchamos al otro, solo hacemos ruido”, dice Byung-Chul Han, que viaja lo justo y no hace turismo “para no participar del flujo de mercancías y personas”. También reclama una política nueva. Y la relaciona con Cataluña, tema cuya tensión rebaja bromeando:
“Si Puigdemont promete volver al animal original, me hago separatista”.
Y ya en lo político, lo enmarca en el contexto de la Unión Europea: “La UE no ha sido una unión de sentimientos sino comercial; es un monstruo burocrático fuera de toda lógica democrática; funciona a golpe de decretos...; en esta globalización abstracta se da un duelo entre el no lugar y la necesidad de ser de un lugar concreto; el especial está incómodo y genera desasosiego y estalla lo regional. Hegel decía que la verdad es la reconciliación entre lo general y lo particular y eso hoy es más difícil...”. Pero acude a su revolución temporal: “Las bodas forman parte de la recuperación del tiempo de fiesta: a ver si hay una entre Cataluña y España y se reconcilian”.

lunes, octubre 22, 2018

La Jornada: Estrenarán en México documental sobre el legado de John Berger

La Jornada: Estrenarán en México documental sobre el legado de John Berger



Tributo a un oficiante de la mirada
Tendrá tres funciones en Jalisco: una en el pueblo de Ajijic y dos en Guadalajara
Estrenarán en México documental sobre el legado de John Berger
El humanista se definió como angry young man (joven enojado) que fue y siguió hasta el final de su vida por como estaba el mundo, explica Cordelia Dvorák, autora del filme The Art of Looking, en entrevista con La Jornada
Armé su retrato desde el espejo de los otros con los que dialogó
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La casa de John Berger (1926-2017), ubicada en el pequeño pueblo de Quincy, en los Alpes franceses, donde el escritor, pintor y crítico de arte británico vivió más de cuatro décadasFoto Cordelia Dvorák
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Detalle de los brazos de Berger, quien, en palabras de Cordelia Dvorák, fue gran ejemplo en sus convicciones políticas, en su alerta continua sobre las injusticias, en su compromiso con los marginados.Foto Majade Filmproduction Berlin
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En la imagen, el colaborador de La Jornada en una escena del filme The Art of Looking en París, en 2016Foto Majade Filmproduction Berlin
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John Berger y su inseparable motocicleta, con la cineasta Cordelia Dvorák, y en la siguiente imagen con su hija Katya en París, en 2016Foto Majade Filmproduction Berlin
Ericka Montaño Garfias
 
Periódico La Jornada
Martes 7 de marzo de 2017, p. 4
Una mañana, sentada en su café preferido en Prenzlauerberg, Berlín, la directora de cine Cordelia Dvorák abrió el periódico para encontrarse con una fotografía de John Berger, de gran tamaño.
Ella pensó que era la noticia de la muerte del escritor, pintor y crítico de arte británico, pero no: era un artículo en el que se rendía homenaje a Berger por su cumpleaños 88.
Estaba tan aliviada y contenta que decidí en ese momento, y por una de esas intuiciones de las cuales salen a veces las mejores ideas, que quería hacer una película con él para su cumpleaños 90, explica Dvorák en entrevista con La Jornada.
Así nació la idea del documental John Berger or the art of looking, que el pasado noviembre se estrenó en la Volksbühne de Berlín y cuyo estreno en México se hará con tres funciones en Jalisco: en el pueblo de Ajijic, en el encuentro Docuarte, y en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara.
John Berger, humanista, intelectual y colaborador de La Jornada, falleció el pasado 2 de enero en París. Tuvo tiempo de ver concluido ese documental.
El primer contacto de Cordelia Dvorák con John Berger fue a través de sus textos. “Antes, sobre todo, de sus ensayos sobre arte, de su manera muy única y poco ortodoxa de observar, de acercarse a sus temas, a un cuadro, un artista, un fenómeno o pequeño evento cotidiano que le llama la atención y que desea compartir. Siempre me fascinó su manera de crear conexiones cruzadas completamente inesperadas; por ejemplo: encontrar de plano una especie de ‘eco’ entre la imagen de una Madonna y un dibujo de una rosa suyo… Hasta mucho más tarde empecé a descubrir su prosa, sus novelas y su poesía.
“Fue también siempre un gran ejemplo en sus convicciones políticas, en su alerta continua sobre las injusticias en el mundo, en su compromiso con los marginados, los desplazados, los desprivilegiados.”
–Sus lectores conocen mucho su obra, ¿qué les va a sorprender cuando vean el documental?
–Algo muy sintomático en la obra de John es su concepto de sí mismo: nunca se quería ver como novelista; siempre se definió –muy modestamente–– como un storyteller,alguien que recoge las historias que nos rodean por todos lados y las comparte con el mundo. Por eso tampoco nunca le había interesado su autobiografía o hablar mucho de su persona.
“En ese sentido nuestro documental tampoco es una biografía de John, porque a él le parecían muy aburridos esos artistas o escritores que siempre hablan de sí mismos. De ninguna manera deseaba algo así, hasta no quería ninguna entrevista o preguntas directas o personales, algo difícil como punto de partida para mí, que tenía el encargo con nuestros coproductores, como Arte y la BBC, de hacer un retrato sobre alguien importante que cumple 90 años y tiene toda una obra y vida muy plena.
“Al mismo tiempo yo estaba consciente de que John era alguien que siempre había sido muy curioso e interesado en diálogos con otros artistas, y parte de su obra son justamente colaboraciones muy interesantes y poco comunes con fotógrafos, directores de cine, dibujantes, gente de teatro y otros escritores. Entonces decidí armar el retrato sobre John justamente en el espejo de los demás, de algunos de sus más importantes colaboradores de las últimas décadas, o ‘cómplices’, como él los llamaría.”
En el documental aparecen el director de cine Mike Dib, el grafista e ilustrador turco Selçuk Demirel; el traductor y editor de John en Alemania, Hans Jürgen Balmes; su hijo Yves, “quien es pintor y nos cuenta las razones por las cuales John dejó Londres y su carrera como estrella de la BBC y explica por qué, después de haber recibido el Premio Booker, Berger se fue a vivir más de cuatro décadas a un pueblo chiquito en las altas montañas en Francia y con su hija Katya, crítica de cine, lo vemos jugando en el jardín de la casa de John en París, un juego de infancia, intercambiando asociaciones espontáneas sobre postales de arte. En cierto momento vemos a John subiendo a su moto tan querida para irse de compras, y poco después nos explica qué tienen que ver para él sus idas en moto con escribir y presencia.
“En medio de esas intervenciones vemos a John como hilo conductor en su papel preferido de storyteller,hablando con el espectador con extractos de sus textos, algunos todavía inéditos.
No he conocido a alguien que dominara la cámara como él, con esa voz tan íntima y seductora, grave y simpática a la vez y dirigiéndose a su público de la manera más directa, invitándolo a una complicidad realmente muy especial.
Dealer de miradas y apariencias
–Hablamos de un hombre que hizo del arte y la literatura su forma de manifestarse y de analizar y debatir sobre el mundo actual. ¿Qué es lo que le llamó más la atención como documentalista?
–Muchas veces, John dijo que su verdadera inteligencia era su inteligencia visual. En nuestra película nos comparte un sueño que tuvo donde se experimentó a sí mismo como una especie de “extraño dealer”, “un dealer de miradas y apariencias”.
“En el sueño logra entrar en las apariencias y así entenderlas, sin esfuerzo. Sin embargo, al despertar ya no se acuerda de cómo lo hizo. Es un momento muy conmovedor y, de una manera indirecta, también sumamente íntimo.
“Creo que nunca he encontrado a alguien que mira, que se fija y que observa como John. Mirar es el tema de su vida. Me recordó mucho a uno de sus álter egos, el filósofo Spinoza, con el cual entró también en diálogo en su libro Bento’s sketchbook, especie de encuentro ficticio con el pensador holandés. Lo que muchas personas no saben: Baruch de Spinoza, aparte de su existencia como filósofo, se ganaba la vida como constructor de microscopios y pulidor de lentes. De alguna manera John siempre me pareció un ‘pulidor de lentes’ del siglo XX.
“O como lo describió su hijo Yves, muy bello: ‘Nos prestó a nosotros todos sus ojos, para ver mejor, para mirar más precisamente’.
“En su libro Here is where we meet, John escribe sobre un encuentro con el maestro más importante de su juventud, Ken, y lo describe de una manera que ahora, viendo hacia atrás, podría ser también una descripción muy precisa de lo que John significaba para muchos: ‘Era de él que aprendí cruzar fronteras. Existe la palabra passeur en francés, que muchas veces se traduce como ‘barquero’ o ‘contrabandista’. También incluye la connotación: ‘guía’, y algo de las montañas. John fue nuestro passeur-barquero-contrabandista.
“Es interesante observar cómo John, quien originalmente era estudiante de arte en el Londres de la posguerra, que empezó su carrera de maestro de arte para la Workers Education Association en la capital británica con conductores de autobuses públicos, muy pronto sintió que había cosas más urgentes de decir y que por eso él no podía seguir pintando.
“Se describió como angry young man (joven enojado) que fue y que siguió angry hasta el final de su vida por como estaba el mundo. Trató siempre de conectar lo poético con lo político, el arte con la vida cotidiana. En los años 50 del siglo pasado se hizo muy famoso en Inglaterra con sus críticas de arte, aunque nunca le gustó ser definido como un crítico de arte. Lo contrató la BBC, cuando la televisión todavía era otra cosa, y un marxista tan ardiente y hasta polémico como él podía convertir una serie sobre arte en un éxito de público y algo muy popular.
“Escribió novelas, ensayos, poesía, guiones de cine, obras de teatro, pero jamás dejó de dibujar, aunque después sólo en privado o en sus viajes. Era una manera de ‘pensar’ para él o, como lo describe Hans Jürgen Balmes, su traductor y editor alemán: si John quería ver con más precisión a menudo y todavía más en los últimos años empezó a dibujar entre sus textos, como por ejemplo en Bentos sketchbook’, ese libro que plantó como el sketchbook ficticio de Spinoza, donde mezcla observaciones suyas con sus dibujos de cosas cotidianas y citas-comentarios de ese filósofo.
Echar peso terrenal
–¿Cómo define el trabajo de John Berger a partir de lo que vivió al filmar el documental?
–Creo que llegamos en un momento especial cuando empezamos a filmar con John. Su mujer, Beverly, había muerto hacía poco; él había dejado su casa en las montañas y se fue a vivir a París; toda su obra ya la había entregado al archivo de la Biblioteca Británica y de alguna manera percibí que él ya estaba preparándose para la última etapa de su vida.
“Recuerdo un momento muy especial que viví con él todavía antes del rodaje: su última presentación de libro en septiembre 2015, una colección enorme de todos sus ensayos sobre pintores (On Art), que editó Tom Overton y que se dio a conocer en Londres.
“John estaba sentado sobre el escenario, miró el libro con sorpresa y dijo que ya no se acordaba de nada de lo que había escrito ahí. De alguna manera parecía que ya no tenía importancia para él, que ya estaba en algo que percibí como: echar peso terrenal, en ese umbral tan misterioso entre vida y muerte.
“Fue una temporada muy intensa la que pasamos juntos, por la cual estoy sumamente agradecida; ahora todavía más, porque fue realmente un gran privilegio estar tan cerca de él. Reímos mucho. Tomamos siempre mucho champaña. Y estaba muy consciente de que cada día de rodaje pudiera ser el último.
“Vivió retirado, recibió amigos para comidas y cenas, pero ya no representantes de la prensa; ya no dio entrevistas. Se concentró en lo esencial, como dibujar, a manera de un ejercicio diario de meditación. En la última escena de la película lo vemos dibujando una minúscula flor roja con enorme dedicación, preguntándose justamente qué mensaje podían tener las apariencias naturales para nosotros más allá de las palabras.
“Y esa concentración también influyó mucho en la edición. Tratábamos de concentrarnos ahí también en lo esencial, dejar muchas cosas que quería originalmente fuera y más bien buscar un ritmo más lento y pausado, como una especie de respiración paralela al ritmo de John.
“Un hombre ya grande, en el estreno del documental en Berlín, dijo después de la presentación de la película que ya no tenía miedo de envejecer, que John lo había alentado a enfrentarse a la muerte.
“Y la reacción de John cuando vio el documental fue muy interesante. Dijo: ‘Oh, wonderful, casi se me olvidó que era sobre mí’, como si esa vida ya no le perteneciera.”
Las funciones del documental John Berger or The Art of Looking, de Cordelia Dvorák, se efectuarán el 11 de marzo a las 18 horas en el pueblo de Ajijic, Jalisco, en Docuarte; el 12 de marzo en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara, en Sania 9, a las 17 horas, y un día después, el lunes 13, en Cinetransformer a las 14:15 ho

miércoles, septiembre 26, 2018

Deconstruyendo la palabra. Etnoeducación para la Academia – Afroféminas

Deconstruyendo la palabra. Etnoeducación para la Academia – Afroféminas





Deconstruyendo la palabra. Etnoeducación para la Academia

Deconstruyendo la palabra. Etnoeducación para la Academia
A-fro / Ilustración de Jenniffer Mayren Urrutia Briñez CEO, Community Manager, Designer and Blogger

Existe la idea de que el lenguaje muta con el tiempo y según las necesidades de la población, pero parece más bien que, se amolda a las conveniencias del momento o de quienes según su lugar lo emplean e imponen.

Para los afrodescendientes, no es difícil ver dentro de los signos y palabras que se utilizan a diario en la sociedad, ya sea para formar a sus integrantes académicamente o para entablar una comunicación de forma oral o escrita, que el discurso continúa perpetuando su invisibilidad, estigmatización y prejuicios. En ese sentido, con la história como testigo se podría asegurar, que si bien el lenguaje ha tenido transformaciones importantes en las últimas décadas para incluir a grupos tradicionalmente discriminados como las mujeres y la población LGBTIQ , a día de hoy, tiene aún una gran deuda con los grupos étnicos o las mal llamadas “minorías” de la sociedad.
Sin embargo, la academia a través de sus terminologías y discursos, siempre ha elegido ponderar, reconocer y reivindicar a unos y marginar, segregar o eliminar a otros. En la
Argentina por ejemplo, resulta común en todos los ámbitos de la sociedad, escuchar a personalidades en altos cargos públicos hablar de combatir el “trabajo en negro para referirse al trabajo informal o que maestros universitarios apelen al negro de mierda, para referenciar a personas de bajos recursos. Donde acto seguido a su pronunciación, entra rampante la nefasta explicación: “no son los negros de piel, sino de alma”, que hace más grotesca su utilización. Tampoco se puede dejar de lado que, docentes de secundaria hablen de “negros esclavos” para hacer referencia a, aquellos ancestros africanos que, contra su voluntad, fueron sometidos al flagelo de la esclavitud y que deberían ser nombrados como “personas esclavizadas”.
Junto a Daniela Galvis Restrepo, afrocolombiana, politóloga y estudiante de la Maestría en Intervención Social de la Universidad de Buenos Aires, mencionaremos a través del residir en el país y recolectar un sin fin de vivencias propias, algunos de los cambios lingüísticos del habla y la escritura, que dan cuenta que, a pesar que en los últimos años se ha creado un consenso mundial sobre la importancia del lenguaje incluyente en relación al género,considerar otros usos posibles del lenguaje incluyente, por ejemplo en términos anti-racistas, están todavía vedados al debate público.
Bajo el lema “Lo que no se nombra, no existe”, el feminismo ha conseguido posicionar en la escena académica, política e incluso popular la necesidad de transformar el lenguaje para dar cuenta de la diversidad de voces. Pasando por el ellas y ellos o el uso de la X y el @ en lugar de la “O”. El lenguaje ha sufrido importantes modificaciones en el uso escrito y verbal. Recientemente ha tomado cada vez más fuerza el reemplazo tanto de la “A” como de la “O” por el género neutro de la vocal “E”. Compañeres, todes, amigues, son palabras antes impensables pero ahora comunes. Su amplia difusión es un triunfo del movimiento feminista que en Argentina está en el centro de la escena política actual.
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A-fro / Ilustración de Jenniffer Mayren Urrutia Briñez CEO, Community Manager, Designer and Blogger
En esta línea, Galvis Restrepo enfatizó en que ​“la sociedad argentina parece poco dispuesta a cuestionar su propio lenguaje en lo que tiene que ver con otras formas de discriminación y en particular con el racismo. El léxico argentino (y latinoamericano), está cargado de expresiones racista hasta ahora poco cuestionadas. Ni en los espacios académicos ni aquellos de militancia política por fuera de los movimientos afrodescendientes, se tiene consciencia y voluntad de transformar el lenguaje ofensivo. Bajo la excusa que se trata de expresiones “inocentes” con gran arraigo en la cultura popular y que su intención no es ofender a la comunidad afro. Lo cierto es que, en todo tipo de espacios se repiten estas frases, todas ellas con connotaciones negativas”.
Es muy probable, que quienes de forma simplista recurren a estos dichos nacidos con las prácticas esclavistas porque quizás creen encontrar en ellos “un buen uso”, no hayan notado que estos encuentran su sustento en la deshumanización y demonización del “negro”, como frase o término en el marco de una construcción divisoria y racista promovida por décadas. ​”Hace poco, en un curso de posgrado al que asisto, el docente, antropólogo y sociólogo dedicado a estudiar los sectores populares dijo, las clases populares trabajan como negros, a lo que respondí que no era correcto usar esa expresión. Su reacción no sólo fue la de negarse a cambiar la frase, sino que además la ratificó con mayor fuerza argumentando que no era su culpa si yo me lo tomaba como algo “personal”. En ese momento quedé paralizada, sin saber cómo responder y sin recibir apoyo del grupo de estudiantes, todos y todas defensores del lenguaje incluyente”, agregó Galvis Restrepo.
Illustration of human avatar using technology
A-fro / Ilustración de Jenniffer Mayren Urrutia Briñez CEO, Community Manager, Designer and Blogger
Relatos como estos, se leen, escuchan y comentan en grupos de afrodescendientes constantemente. Quienes viven estos hechos, no solo deben experimentar la violencia institucional y del contexto, sino que además, deben tomar la decisión de expresarse aun
cuando esto implique no recibir el apoyo de sus compañeros y en algunos casos, represalias en el ámbito estudiantil. ​“Después de la clase estuve pensando qué implicaba tomar la frase como personal y si hacerlo es una razón suficiente para que mi comentario fuera desestimado de esa manera. Pensando en la consigna feminista que lo personal es político, debo decir que sí, lo tomé personal porque en mi construcción de sujeta política mujer y afrodescendiente, esa expresión es violenta, racista y discriminatoria y debería estar por fuera del ambiente académico o por lo menos, ponerse en cuestión cuando la discusión es puesta sobre la mesa. Lo contrario implica ratificar la construcción de una sociedad excluyente, dispuesta a reproducir las formas de opresión bajo la excusa de que siempre ha sido así”, aseguró Galvis Restrepo.
La pregunta que se hace Daniela y muchos afrodescendientes residentes en el país es, ¿puede la universidad de hoy ser un espacio inclusivo y seguro para los y las afrodescendientes en Argentina? La respuesta es no, primero porque es un espacio en el que el pensamiento y el conocimiento producido por las personas negras, no está presente, no está contemplado en la academia argentina. “​Después de dos años de cursada y más de 10 seminarios de posgrado en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, al revisar los textos leídos, además de reconocer poca producción latinoamericana, no encuentro ninguno escrito por un hombre o una mujer afrodescendiente. Es un espacio en el que además la preocupación por la cuestión afro (incluso cuando es estudiada por una persona no negra) es todavía marginal, vista como un problema de otros países o de una minoría”
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A-fro / Ilustración de Jenniffer Mayren Urrutia Briñez CEO, Community Manager, Designer and Blogger
Además remarcó que “recientemente, en ámbitos pequeños de la academia argentina se admite la posibilidad de producir conocimiento sobre nosotras, no desde nosotras, por eso, cuando nuestra presencia se hace real como sujetas y no sólo como objetos de investigación, genera incomodidad. Por lo tanto, no es un lugar seguro porque cuando alguno o alguna de nosotras se atreve a nombrar el racismo, a señalar esos puntos vedados del pensamiento académico y popular argentino, a proponer nuevas formas de construir el conocimiento y enriquecer la academia, es llamada al silencio y culpada de exponer un racismo que no existe, porque no se nombra”.
En 2005 la académica de la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL) de la UNAM en México, Tatiana Sule, al hablar de evolución y transformación del lenguaje aseguraba que este “nunca sufre retrocesos”, sin embargo los hechos parecen indicar lo contrario. “En la negación a transformar los usos del lenguaje, se advierte sólo la punta del iceberg de un racismo profundo, presente en todas las esferas de la sociedad argentina y tercamente negado. Igual que en el feminismo y las demás formas de opresión, sólo nombrandolo será posible transformarlo. Pero no basta con que quienes lo vivimos como un asunto personal (y político), intentemos llevarlo a los espacios que transitamos, es necesario sumar aliados que acompañen nuestras exigencias y aporten para la construcción de un verdadero lenguaje incluyente”, concluyó Galvis Restrepo.
Pero, ¿cómo deconstruir un lenguaje con tinte racista y discriminatorio si, desde reconocidas instituciones gubernamentales, académicas y hasta en la prestigiosa Real Academia Española, todavía se convive con definiciones ancladas en la prehistoria? Tal parece que, la comunidad afro ha encontrado la respuesta a este interrogante, no sólo denunciando en las redes sociales, entes gubernamentales de cada país o impulsando la firma de peticiones por Internet.
La necesidad de tomar acciones concretas en pro que, los enunciados racistas no continúen naturalizados en lenguaje coloquial, profesional y educativo, han llevado en esta oportunidad al portal Afroféminas, a lanzar una campaña bajo el lema “Negro no es esclavo”, con el fin que la R.A.E. elimine o corrija la definición de los escritores por encargo y a su vez, esto impacte tanto los medios periodísticos, como literarios y académicos en España, para que dejen de utilizar el término “negro” de forma despectiva.
Según lo que expresó el portal en sus redes, “aparece en el diccionario de la RAE, en el número 17 de las acepciones vinculadas al sustantivo “negro” como: Persona que trabaja anónimamente para lucimiento y provecho de otro, especialmente en trabajos literarios. Sorprendentemente, en ningún caso indica que se trata de una acepción peyorativa ni de uso despectivo. Es una expresión que recuerda un vergonzoso pasado de esclavización de millones de seres humanos del que este país no ha hecho ninguna reflexión. Mantener este tipo de expresiones solo confirma que es un hecho incontestable. España tiene un problema con su racismo y su pasado esclavista”.

Lisa María Montaño OrtizLisa María Montaño Ortiz
Afrocolombiana nacionalizada argentina. Reside en este país hace siete años, donde concluyó sus estudios en periodismo. Actualmente cursa una Licenciatura en Comunicación Audiovisual. En 2017 fue la primera periodista afrodescendiente en recibir un diploma de reconocimiento en el marco del Premio Lola Morapor transmitir una imagen positiva de la mujer negra libre de los estereotipos de género, promover la igualdad de oportunidades y derechos. Mención otorgada por la Dirección General de la Mujer que  nació en 1999, y se entregó por primera vez en el 2000Más textos de Lisa

miércoles, septiembre 12, 2018

Johnny Cash, el hombre que caminaba por la línea

Johnny Cash, el hombre que caminaba por la línea | Periodistas en Español



El 12 de septiembre de 2003 Johnny Cash fallecía en Nashville, capital mundial de la música country

Johnny Cash por Xulio Formoso
Johnny Cash por Xulio Formoso
Puedes encargar un póster de este dibujo de Xulio Formoso a publicidad@enlacemultimedia.es
Tanto por su talento como por sus locuras y sinsabores se ganó, con una obra prolífica y muy rica, el reconocimiento de “leyenda en la música country” y el del universo del rock. Johnny Cash fue un modernizador de la tradición musical de los indios cherokis, uno de los creadores del rockabilly y una figura de Nashville, además de inspirador de la corriente renovadora del country en los años de 1970.
De familia extremadamente pobre de Arkansas –nació en una cabaña en Kingsland el 26 de febrero de 1932, en plena depresión, en un hogar con otros cinco hijos que trabajaba en los campos de algodón- fue su madre, pentecostista, cantante de folk y guitarrista amateur, quien le inició en la música. Después de trabajar en los campos, en diversas fábricas, los ferrocarriles y de vender de puerta en puerta, se enroló en la US Air Force en 1950 y allí empezó a escribir poemas y componer canciones, al tiempo que tocaba en diversas orquestas militares y se hacía llamar J.R. Cash. La R de su nombre es un misterio irresoluble. Cuando le desmovilizaron, en 1954, Johnny se instaló en Memphis, formó un trío con el guitarrista Luther Perkins y el bajo Marshall Grant, grabando un primer disco para la marca Sun Records con el nombre de Johnny Cash and the Tennesse Two, y consiguiendo los primeros éxitos en las emisoras con las canciones « Cry,cry, cry » y « Hey, Porter », en 1955.
Su voz grave y profunda de bajo barítono, que sería la piedra angular de la música country estadounidense durante cuatro décadas, así como la calidad de sus letras, que son una mirada agridulce sobre la sociedad sudista de su época (“So Doggone Lonesome”, “I Walk The Line”, “Ballad of the Teenage Wueen”, “Folsom Prison Blues”, considerada hoy como precursora del gangsta rap, subgénero del hip-hop aparecido en la Costa Oeste en los años 1980 …), y la elección de una forma de aparecer en el escenario acorde con su ideología izquierdista, ese look de vaquero tan reconocible, construyeron la imagen que seguimos teniendo de quien fue acreditado familiarmente como  el “hombre de negro”, y también como “el poeta de los trabajadores pobres”. Sus canciones sobrias describían la vida de los mineros del carbón, los aparceros, los condenados y los cowboys, los ferroviarios y los obreros,  consiguiendo forjar una música folklórica dura “que parece borra las fronteras entre el canto, la narración y la experiencia de la vida extenuante”.
Considerado al mismo tiempo uno de los pioneros del rock –con Elvis PresleyJerryLee Lewis y Carl Perkins– ha pasado finalmente a la historia de la música como el compositor e intérprete de los dos géneros que cultivó. En 1992, doce años después de su ingreso en el Panteón de la Música Country, fue elegido para pertenecer al templo del rock, Rock and Roll Hall of Fame siendo, hasta el día de hoy, el único intérprete entronizado en ambos santuarios. Los rockeros le consideran uno de los suyos a partir del momento en que grabó con Bob Dylan el dúo de « Girl from de North Country » (en el ábum “Nasville Skyline” de Dylan).
Incapaz de leer música, Johnny Cash componía las canciones en su cabeza y las tocaba cientos de veces con la guitarra hasta que se sentía satisfecho. En cuanto a los poemas, escribía mientras viajaba de un lugar a otro. A lo largo de su carrera escribió y grabó más de 1500 canciones (blues, himnos, cantos de vaqueros, baladas indias, canciones de ferroviarios, para niños, patrióticas, canciones de amor, de soledad y de muerte, y recitados), consiguió once Grammys, entre ellos un “premio a la excelencia” (Grammy Legend Award) en 1990, y ejerció una influencia incalculable sobre la música: “…reforzó las relaciones entre la música folk y la country, poniendo de manifiesto sus similitudes y diferencias”, como reconocía el músico e historiador Rich Kienzle en la revista Country Music. Antes de que se inventara el término de “álbum concepto”, Johnny Cash compuso álbumes temáticos como “Ride this Train” (el octavo de su discografía,1960), “Blood, Sweat and Tears” (el número quince, 1963, colección de canciones sobre los trabajadores estadounidenses), “Bitter Tears” (1964, con el subtítulo de Ballads of the American Indian) y “Johnny Cash sings Ballads of the True West” (1965).
Los mensajes de las canciones de Johnny Cash trascienden los límites geográficos, de clase y de generación. Paul Hemphill, historiador de la música country, ha escrito de él: “Cash todo de negro, Cash con el sufrimiento humano en sus ojos  y en su rostro torturado. Cash insolente y loco, Cash con un abrigo negro, pantalón de gala y zapatos elegantes, Cash balanceando su guitarra, mostrándola como si fuera una metralleta…cosas todas que cautivaban al mundo entero”. Recurrente en sus depresiones y sus problemas con las drogas, en especial las anfetaminas y los barbitúricos,  hizo varias curas de rehabilitación infructuosas hasta que se casó, en 1968, con su segunda esposa, June Carter, hija de la célebre Maybelle Carter, compositora, cantante e integrante del trío The Carter Family, grupo de referencia de la música popular rural de los años 1920, antecedente de la country music.

Dos títulos emblemáticos

En su trayectoria profesional, con los altibajos que suelen conocer todos los artistas, Johnny Cash se apoyó  en dos canciones que le acompañaron siempre: “I Walk the Line” y “Folsom Prison Blues”. La primera, editada en mayo de 1956,  dirigida a su novia de entonces y  primera mujer, Vivien Liberto, el entonces soldado en Alemania le hace una declaración de intenciones, le cuenta de su amor y le confiesa la severa fidelidad sexual a que le obliga su educación religiosa: “Tienes la llave para mantenerme a tu lado/me das motivos para el amor que no puedo esconder./ Por ti incluso he luchado he intentado luchar contra la marea./ Porque eres mía, camino por la línea”.
En la violenta “Folsom Prison Blues”, grabada el mismo año, aparece el Cash rebelde, que transmutado en proscrito reformado canta: “Maté a un hombre en Reno solo para verle morir”. Hay que decir que nunca mató a nadie ni estuvo en las cárceles más que para hacer recitales: “No he visto el sol/ desde no sé cuando./ Estoy atrapado en la prisión de Folsom./ De la fuerza aérea a la estrella”.

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