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miércoles, febrero 13, 2008

noricias de SANTIAGO ALBA

Encuentro este artículo en el blog de David Franco Monthiel, Cuaderno de resistencia. Me entero de que proviene de la página de ladinamo. Lo encuentro muy interesante y quería compartirlo con vosotros. A raíz de este texto, rebusqué más cosas sobre el poeta coreano Ko Un y encontré también esta entrevista en El Cultural.



Comunicar, decía Rafael Barrett, es expresar lo común. En este sentido, los dos grandes medios de comunicación de la humanidad son la guerra y la poesía. La guerra, con su creciente neutralidad tecnológica, generaliza la ruina, universaliza el instinto, destapa el olor salvaje y marrón que nos une a los perros, restablece –en fin– el cero vesánico contra el que una madre cose un vestido y un albañil coloca un ladrillo (y una lengua defiende un saludo). La poesía, a punto de perder su pugna eterna con la propaganda, amenazada por la distinción de los uniformes, sigue tratando “de cosas primordiales y convencionales”, si es que hemos de estar de acuerdo una vez más con Chesterton. Poeta no es el que acumula más y más palabras para expresar sentimientos privados e innombrables sino el que sabe liberarse de tantas como haga falta para desprender –de un solo golpe– imágenes comunes; el que sabe renunciar a lo que sabe para descargar en el aire una concreción compartida. O por decirlo con el poeta coreano Ko Un (Minerva nº 5, mayo de 2007), “el que retrata una porción máxima de universo con una cantidad mínima de palabras”. Mientras que la guerra comunica la unión que nos separa, la poesía comunica esa distancia que nos une y que de otra manera llamamos sencillamente arroz (o pan o estrella o pez o espalda).


Hubo una gran guerra mal llamada Segunda y bien llamada Mundial que acabó –en medio de un gran resplandor inaugural– con todas las diferencias. Esa guerra comunicó Alemania con Egipto, Francia con la India, Marruecos con Australia, Inglaterra con Corea y de alguna manera, después de ella, es más fácil traducir de unas lenguas a otras: hay parientes de muerte como hay parientes de leche y ese nuevo parentesco negro no tiene ya más límites que la especie. De esa Guerra Mundial y su olor perruno (que siguió y sigue azotando su país) salió baldado Ko Un y contra ella tuvo que recorrer 10.000 vidas (título de uno de sus libros: Madrid, Verbum 2004) antes de agavillarlas todas en un poema. Nihilista suicida, monje budista, militante de izquierdas, Ko Un acabó por encontrar esas cuatro palabras coreanas que pueden traducirse a cualquier idioma sin necesidad de misiles y explosiones. Su antología Fuente en llamas (Ourense, Linteo 2005) nos ofrece algunos ejemplos contagiosos. “¡La sirena del barco en la noche! / Quiero marcharme. / Pero arreglo el edredón de mi niñito / y lo arropo nuevamente”. Hay que ser muy coreano para ser tan español. O también: “Un mosquito me ha picado. / ¡Gracias! / Estoy vivo”. Hay que ser muy coreano para ser tan francés. O también: “Vivir, luego morir, es una cosa maravillosa, / pero de todo, / ¿no será sembrar lo más valioso? / Aun cuando esas semillas sean las de la maldad, / cuando la maldad crece, / los hombres verdaderos luchan contra ella; / y si esa pelea se extiende hasta el fin de la tierra / será espléndido”. Hay que ser muy coreano para ser tan terrestre.


“Un poema sólo puede serlo verdaderamente cuando las cuestiones personales se solapan con las públicas”, dice Ko Un en la revista Minerva. Pero la guerra avergüenza y empequeñece a los poetas. “A menudo me pregunto qué hemos hecho los intelectuales por la humanidad y la respuesta es deplorable: prácticamente nada”. Este reproche da toda la medida de la grandeza y de los límites de la poesía; también de la necesidad de custodiar en general los límites. La poesía es conservadora porque conserva la distancia que nos une y la posibilidad de traducirla; porque protege la palabra arroz y su concreción compartida; porque desempolva y restaura de noche lo que las bombas (también las periodísticas) ensucian y destruyen de día. No es poco. Lo primero que destruye una guerra no es la verdad sino el lenguaje mismo. La guerra continúa. La poesía debe seguir su pista y levantar a sus víctimas. Porque la supervivencia es –hoy más que nunca– una cuestión de comunicación.

miércoles, febrero 06, 2008

Carmelo Teixeiro, amigo del alma, vive en paz en nuestros corazones,



En los corazones que jamas te olvidaran

Tenerte a nuestro lado es alegria y combate
tu presencia, aire fresco
rasante vuela lucidez
la que iza tanta dignidad y valentia,
pero es tu generosidad
la que suelda bajo el cielo ingobernable
las cuadernas de esta derrota inagotable.
Descansa en paz en el corazon de todos los que
no te olvidan.

jueves, noviembre 22, 2007

la generacion de la bruja Averia (rebelion.org.)



La generación de la bruja Avería
(rebelion.org)

Santiago Alba Rico
Público


Me parece coherente que el PSOE y el PP se disputen la bandera
española y la defensa de la monarquía y que se entreguen
al potlach electoralista de rivalizar sobre quién de los dos
debilita más la democracia en favor de la unidad de España.
Pero por eso mismo me extraña verme en la tesitura de tener
que disputar a un miembro relevante de la ejecutiva
del PSOE el patrimonio político y moral del mítico
programa de TVE “La Bola de Cristal”, del que fui guionista
entre 1984 y 1988. El disgusto que me ha producido la lectura
del artículo de Leire Pajín Iraola(Público, 30 de octubre)
sólo puede compararse al que ella sentiría si,despabilada
la memoria, fuese capaz de recordar el
legado del que con tanta ligereza se reclama heredera:
por debajo de la música de Alaska y Radio Futura, escucharía
cosas que le pondrían los “baudios” de punta y le harían
“rebobinarse” de terror, por evocar precisamente el lenguaje de
los Electroduendes. Aunque tanto la directora del
programa (Lolo Rico) como sus otros guionistas
(Carlo Frabetti, Carlos Fernández Liria e Isabel Alba)
comparten sin duda mi desazón por el malentendido de Leire
Pajín, me ceñiré a la voz de la bruja Avería y sus
compinches eléctricos, porque es la mía y porque está recogida
y puede ser consultada en dos volúmenes de título muy
significativo, “¡Viva el mal! ¡Viva el capital!” y “¡Viva la CIA!
¡Viva la economía!”, a los que la dirigente socialista puede acudir
para comprobar que no me inspiraba precisamente en el
programa de su partido.

En La Bola de Cristal -recordaré a Leire Pajín-
se hacían campañas a favor de la lectura y de la amistad,
pero por eso mismo también contra
los bancos, cuya potencia destructiva se encarnaba
en la famosa Caja de Ahogos y Tensiones: “antes se nos
llamaba usureros y ahora banqueros, pero seguimos quedándonos
con su dinero”. La Bola de Cristal invitaba a la solidaridad
y a la rebeldía, pero por eso mismo enderezaba su humor
brechtiano contra la alienación laboral y la codicia
empresarial, representada esta última en un personaje
de la serie, Amperio Felón, cuya “electrocutante” biografía
ilustraba de manera pedagógica y divertida el
proceso de “acumulación originaria” descrito por Marx en
El Capital (“la empresa que da plusvalor no es facha ni roja
ni tiene color”, cantaba en algún momento un coro de proletarios
enajenados). La Bola de Cristal clamaba por un mundo
nuevo tras 40 años de franquismo, pero por eso mismo no dejó
nunca de satirizar las políticas del PSOE. La jocunda bruja
Avería, cruce fantástico de Santiago Carrillo y José María Cuevas,
“fundió” y “gripó” con su rayo a toda clase de inocentes
bajo las figuras más variadas (militar, mafiosa, funcionaria,
reina, incluso Dios), pero fue la mayor parte del tiempo
la presidenta de la República Electrovoltaica de Tetrodia, de cuyo
gobierno formaban parte Narciso Radar,
ministro de Misiles y Humanismo, e Invatios Barriobaudios,
ministro de Expiación y Vergüenza Ajena. Todos recordarán
el pseudónimo que usaban Radar y Barriobaudios cuando
formaban parte de la realidad y del gobierno de Felipe González.

Puede decirse quizás que La Bola de Cristal era incompatible
con la componenda, el equilibrismo, el eufemismo,
la corrección política y la ambigüedad, pero por eso mismo
nadie podrá decir que era compatible con el PSOE. Puede incluso
decirse que era un panfleto y que adoctrinaba en el odio de
clases, pero por eso mismo nadie podrá decir que era el
camino más rápido y seguro hacia las Juventudes Socialistas.
Casi todo en el mitificado y olvidado programa de TV
estaba orientado a denunciar a ese PSOE que había
recibido y malversado el mayor capital político de
izquierdas de la postguerra europea; el PSOE monárquico
que seguía acariciando a la Iglesia; el PSOE de la OTAN
que mantuvo las bases estadounidenses; el PSOE de la
reconversión industrial y la reforma laboral; el PSOE que
estableció relaciones con Israel y traicionó al pueblo saharaui;
el PSOE de la escuela concertada y la desmovilización juvenil;
el PSOE de las privatizaciones y la corrupción; el PSOE
que destruyó la televisión pública; el PSOE de la Ley de
Extranjería y la rendición sindical; el PSOE que dejó
expedito el camino a la derecha más radical, ultramontana
y reaccionaria desde la guerra civil. El PSOE, en fin, que
promovió y aplaudió la guerra sucia y el terrorismo de Estado.
Dos de los guionistas de La Bola de Cristal, recordaré
también, nos sumamos en mayo de 1988, junto a otros 102
ciudadanos decentes, a la acción popular contra el GAL
que permitió procesar y condenar a José Barrionuevo y Rafael
Vera, altísimos funcionarios del gobierno de Felipe González,
el cual -se entenderá- tiene tanto que ver con
La Bola de Cristal como la casa Coca-Cola con el precepto
evangélico de dar de beber al sediento.

Se dirá que sólo bajo el gobierno del PSOE fue posible hacer un
programa así, pero digo también que sólo bajo el gobierno
del PSOE se suspendió su emisión. No por casualidad
fue en 1988, el mismo año de la Ley de Televisión Privada.
El hecho de que se haya idealizado un espacio
televisivo imaginativo y valiente, pero en cualquier
caso bastante chapucero, demuestra básicamente que lo que vino
después fue mucho peor. El que debía ser el primer programa
de una nueva estirpe se convirtió en su último descendiente
y esto también es responsabilidad del PSOE, que obró
el milagro de llevarnos aceleradamente a los españoles,
sin etapas intermedias, de un Renacimiento malogrado
a una Edad Media de colores.

Pero hay, sí, una generación de La Bola de Cristal como hay una
generación del GAL y una generación de las Azores. Sus miembros
están tan lejos del PP como del PSOE y me siento muy
orgulloso de reconocer en su voz la de esos mismos
Electroduendes que me hablaron a mí tantos años
antes: son locos solidarios con Palestina y Venezuela,
chiflados activistas antiglobalización, extremistas militantes
ecologistas, zarrapastrosos okupas, agresivos pacifistas,
infantiles anti-imperialistas, lunáticos
marxistas. Sinceramente, no creo que Leire Pajín,
gran defensora de la “modernidad” de España, se sintiera
cómoda en su compañía.


Fuente: http://blogs.publico.es/dominiopublico/tag/psoe/




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