lunes, abril 03, 2017

Byung-Chul Han

Byung-Chul Han | Reflexiones Marginales





1.- Byung-Chul Han: La sociedad de la transparencia y la hipervisibilidad en la era digital.
Byung-Chul Han es el filósofo de moda. Nacido en 1959 en Corea del Sur, este pensador ha desarrollado toda su carrera académica en Alemania en diálogo permanente con un amplio abanico de intelectuales, desde Heidegger hasta Marx, Foucault, Baudrillard y Benjamín. Hay ya quien habla del “Zygmunt Bauman de Oriente”.
Llegó a Alemania tras ser admitido por la Universidad Técnica de Clausthal-Zellerfeld, cerca de Gotinga, para estudiar Metalurgia. A sus padres les había dicho que iba a continuar su carrera de Metalurgia en Alemania. Tuvo que mentirles porque no lo habrían dejado partir. Entonces tenía veintidós años. Estudió Filosofía en la Universidad de Friburgo y Literatura alemana y Teología en la de Múnich. Profesor de Filosofía y Estudios Culturales en la Universidad de las Artes de Berlín lo último que ha publicado en España, y en Herder, la misma editorial que sus anteriores cuatro libros, es Psicopolítica,[1] en el que dirige su mirada crítica “hacia las nuevas técnicas de poder del capitalismo neoliberal, que dan acceso a la esfera de la psique, convirtiéndola en su mayor fuerza de producción”.
En algunos ámbitos se lo compara por eso con Peter Sloterdijk o se lo considera incluso como su sucesor, a pesar de las disputas que ha habido entre ellos. En cualquier caso, su éxito editorial es fácil de comprender. Su prosa, clara y directa, resulta fácilmente accesible para el lector no especializado, con el innegable mérito de que la legibilidad de sus escritos no va en desmedro del uso preciso que hace de los conceptos o del interés que despiertan sus reflexiones.
Los escritos de Byung-Chul Han dialogan, se interpelan y se complementan entre sí, pero eso no impide que ciertas cuestiones despierten previsibles dudas u objeciones en el lector que podrían haber sido dilucidadas en el libro. En este sentido, y pese al elogio expresado más arriba, su forma de escribir, brillante e incisiva, se corresponde a un modo de razonar que a veces peca de ser demasiado directo, sin preocuparse por arrostrar algunas de las dificultades que se desprenden de sus aseveraciones. Eso facilita la lectura pero también va en detrimento de la precisión o de una mayor exhaustividad a la hora de explicar una realidad que no deja de ser compleja, heterogénea y ambivalente.
9.
Byung-Chul no contesta los mails, señalan sus editores… y ha dado contadas entrevistas. La sociedad de la transparencia es inaugurada por un pasaje de Peter Handke: “Vivo de aquello que los otros no saben de mí”. Es evidente que la frase caló en el filósofo. En ese mismo libro, en uno de los capítulos que refieren a la fotografía, critica duramente aquello que denomina “el valor de exposición” en la sociedad actual. “El imperativo de la transparencia hace sospechoso todo lo que no se somete a la visibilidad actual. En eso consiste su violencia”, sostiene. De su presencia queda la fotografía pixelada de las solapas, de una belleza juvenil exótica.
Byung-Chul Han ha asumido un lugar arriesgado, el de polemista incisivo, sitio ocupado por su maestro Peter Sloterdijk con su Normas para el parque humano.[2] Precisamente, si existe un rasgo que permite poner en una serie todos estos libros de Byung-Chul Han publicados por Herder, es que todos los textos parten de la crítica y el comentario de autores precedentes bien conocidos. Byung-Chul toma autores y teorías que han circulado extensamente, también en nuestro medio. Pone en cuestión los conceptos de sociedad inmunitaria de Roberto Esposito, la sociedad disciplinaria y biopolítica de Michel Foucault, las ideas de Giorgio Agamben sobre la desnudez, el erotismo y la profanación, la teoría de Hanna Arendt sobre el rol del “homo laborans” en la vida moderna.
9.1
Pese a todo, su perspectiva marcadamente crítica del sistema social actual no necesariamente es novedosa. Sus postulados recuerdan a cosas ya escritas en la segunda mitad del siglo XX respecto a la cultura de masas, desde el apocalipticismo de Adorno y Horkheimer hasta las “transparencias” de Baudrillard; o la idea de Richard Sennett de que el hombre público está dejando su lugar al hombre de la intimidad.
En el “nuevo capitalismo”, la concepción del trabajo ha cambiado radicalmente. En lugar de una rutina estable, de una carrera predecible, de la adhesión a una empresa a la que se era leal y que a cambio ofrecía un puesto de trabajo estable, los trabajadores se enfrentan ahora a “un mercado laboral flexible, a empresas estructuralmente dinámicas con periódicos e imprevisibles reajustes de plantilla, a exigencias de movilidad absoluta”.[3] En la actualidad vivimos en un ámbito laboral nuevo, de transitoriedad, innovación y proyectos a corto plazo. Existen dos modalidades (tradiciones) de trabajo radicalmente distintas: el antiguo, en vías de desaparición, un mundo de organizaciones jerárquicas rígidas, donde se esperaba de los trabajadores una identidad firme, una personalidad formada, y el nuevo mundo de empresas en permanente crecimiento y cambio, un mundo de riesgo, de extrema flexibilidad y objetivos a corto plazo, donde se exigen individuos capaces de reinventarse a sí mismos sobre la marcha. Aquí cabría preguntarse si la flexibilidad del capitalismo moderno ofrece un contexto mejor para el crecimiento personal, o es simplemente una nueva forma de opresión.
Han ha elaborado un agudo diagnóstico de la sociedad contemporánea a través de dos ejes fundamentales: la extinción de las negatividades hegelianas (la excepción del eros, el secreto del individuo, la contemplación de la belleza) –frente a la negatividad del erotismo aparece la positividad higiénica de la pornografía– o y la pasteurización de la sociedad a través de la dictadura del capitalismo.[4] Byung-Chul Han en La sociedad de la transparencia, muestra la superación del modelo foucaultiano del panóptico. Byung-Chul Han evidencia cómo las sociedades disciplinarias referidas por Michel Foucault,[5] dan lugar a la culminación del sueño panóptico, al advenimiento del panóptico digital, una vigilancia que opera a través de la transparencia a la que nos exponen las redes sociales, como el espionaje masivo realizado por las agencias de inteligencia de los Estados Unidos denunciado en el caso Snowden (1913), de allí que la idea de un panóptico digital parece no sólo plausible, sino orwellianamente real. La sociedad ha tomado conciencia de los ojos invisibles gracias a algunos grandes defensores del resguardo de la propia intimidad como Edward Snowden,[6] un verdadero héroe global.
¿De qué modo la revolución digital, internet y las redes sociales han transformado la sociedad y las relaciones? Han analiza las diferencias entre la “masa clásica” y la nueva masa, a la que llama el “enjambre digital”.[7] Byung-Chul Han, en este nuevo ensayo, analiza de qué modo la revolución digital, internet y las redes sociales ha transformado la esencia misma de la sociedad. Según el autor, se ha formado una nueva masa: el “enjambre digital”. A diferencia de la masa clásica, el enjambre digital consta de individuos aislados, carece de un nosotros capaz de una acción común, de andar en una dirección o de manifestarse en una voz. La hiper-comunicación digital destruye el silencio que necesita el alma para reflexionar y para ser ella misma. Se percibe solo ruido, sin sentido, sin coherencia. Todo ello impide la formación de un contrapoder que pudiera cuestionar el orden establecido, que adquiere así rasgos totalitarios. Empresas como Facebook y Google trabajan como servicios secretos que vigilan nuestros intereses para extraer beneficio de nuestros comportamientos en internet y las redes sociales. Para Byung-Chul Han, se ha dejado atrás la época biopolítica. Hoy nos dirigimos a la época de la psicopolítica digital, donde el poder interviene en los procesos psicológicos inconscientes. El psicopoder es más eficiente que el biopoder, por cuanto vigila, controla y mueve a los hombres no desde fuera, sino desde dentro.
9.2
El imperativo de la transparencia es un síntoma de un gran proceso de aceleración social, un “exceso de iluminación”, propio de la mercancía: un recurso administrable en los términos del capital. Una consecuencia de este proceso sería el desmontaje de la “negatividad”, un concepto que Han identifica con la diferencia y la alteridad, con los espacios que, por su condición de “punto ciego” en el entendimiento, se manifiestan como distintos de la “positividad” siempre igual a sí misma del capital y sus pretensiones de transparencia —espacios como el encierro, el secreto, la oscuridad.
La idea, por consiguiente, de que hay algo así como una transparencia esencial en ese mundo económico y de que (…) hay (…) un punto donde el conjunto es completamente transparente a una suerte de mirada[8]
El dominio de la transparencia empobrece, afirma Han, porque a través de la comunicación y la información impone un lenguaje carente de misterio y ambigüedad. En la sociedad de la transparencia, la distancia y el pudor (ocultamiento) pierden su antigua relevancia cultural como elementos de la vida, la contemplación estética, la seducción.
De ahí una de las imágenes más recurrentes en el planteamiento de Han: la identificación de la transparencia con lo “obsceno” y la “pornografía”. “La sociedad expuesta, escribe el filósofo, es una sociedad pornográfica.” La transparencia establece una “tiranía de la visibilidad” en la que todo debe estar al descubierto y lo no visible se vuelve sospechoso. (No deja de ser notable la continuidad de las ideas de Han con la tradición de asociar la crítica con la pornografía, tal como sucedía en el siglo XVIII en Francia, cuando los libros licenciosos eran conocidos bajo el mote genérico de “novelas filosóficas”, porque en ellos la representación gráfica de la sexualidad iba de la mano de la crítica política o intelectual).
Es lo que Sloterdijk encuentra en la espuma, un agregado de múltiples celdillas, frágiles, desiguales, aisladas, permeables, pero sin efectiva comunicación. Fragilidad, ausencia de centro y movilidad expansiva o decreciente caracterizan una estructura que mantiene una “estabilidad por liquidez”, divisa posmoderna que refleja la íntima conformación de la espuma, la metáfora que sirve a Sloterdijk “para formular una interpretación filosófico-antropológica del individualismo moderno, del que estamos convencidos de que no puede ser descrito suficientemente con los medios que hay hasta ahora”. A diferencia de la red, la metáfora inevitable desde la abrumadora expansión de Internet, la espuma subraya el aislamiento conectado, la diversidad de las conexiones, la constante movilidad de los puntos conectados y la irregularidad de la estructura total. La primera consecuencia de esta visión “espumosa” del espacio humano es la ruptura de toda representación de totalidad, lo que ya no afecta sólo a la religión o a la filosofía, sino también a la sociología: habitar en la espuma significa que la idea misma de sociedad resulta cuestionable, pues implica la visión, exterior a la burbuja propia, de una totalidad estructurada, organizada e inteligible, idea que es ya, a los ojos de Sloterdijk, un resto de los sueños imperiales de una teoría sociológica heredera de la metafísica.
Sloterdijk quiere describir con su metáfora de la Espuma un agregado de múltiples celdillas, frágiles, desiguales, aisladas, permeables, pero “sin comunicación efectiva”.
9.3
La Esfera deja así de ser la imagen morfológica del mundo poliesférico que habitamos para dar paso a la espuma. Fragilidad, ausencia de centro y movilidad expansiva o decreciente son las características esta nueva estructura que mantiene una “estabilidad –precaria, añado yo- por liquidez”, divisa postmoderna que refleja la íntima conformación de la espuma”.
En Espumas[9] se da cuenta de los círculos de expansión y movimiento de las múltiples esferas en las que –al modo de celdillas de enclaustramiento– los sujetos se trasladan y aglomeran hasta formar espumas evanescentes donde establecen complejas interrelaciones.
2.- En el Enjambre: Panóptico, sociedad del rendimiento y cansancio elocuente.
Byung-Chul Han aplica el método fenomenológico al examen de las cuestiones del presente, no hay que olvidar que se doctoró con una tesis sobre Heidegger. Convierte su aproximación filo-sociológica en una dialéctica constante donde se resalta, por un lado, los efectos que determinada forma de vivir tiene sobre nosotros y, por otra, cuales son los mecanismos que se esconden detrás de dicha ideología. Cuanto más perdemos la capacidad de ser nuestro propio centro, anulamos la posibilidad de ser autónomos y nos tornamos excéntricos, volcados hacia fuera hasta el paroxismo de la acumulación no productiva, la que nos produce desvelos y que nos impide vivir eso que Peter Handke denomina el cansancio elocuente. El cansancio profundo que afloja la atadura de la identidad liberando un aura de cordialidad que nos permite vivir íntimamente conectados con nuestra interioridad, espacio donde radica la auténtica libertad.
Peter Handke

PETER HANDKE
Con grandes dosis de materia filosófica, pero poniendo el acento en los cambios sociológicos que están teniendo lugar en la sociedad contemporánea, la tesis con la que Han entra en el ruedo filosófico es que estamos viviendo un silencioso cambio de paradigma que nos encamina, sin apenas darnos cuenta, hacia una sociedad del rendimiento. El hombre contemporáneo ha devenido en una fábrica de sí, hiperactiva, hiperneurótica, que agota cada día su propio ser diluyéndolo en un sin fin de actividades, a la postre, vacías de sentido. Por decirlo con las palabras de un autor muy citado por Han, ha estallado el simulacro anunciado por Baudrillard y eso es algo que, obviamente, tiene sus consecuencias. Hemos pasado del éxtasis de la información al exceso de positividad, cosa que ha terminado por ahogar las fuerzas creativas de las sociedades occidentales bajo una falsa promesa, la promesa de la eterna productividad.
Las ideas sobre el poder sostenidas por el filósofo coreano se ocupan de un aspecto menos opresivo que productivo. En La sociedad de la transparencia parte de las conceptualizaciones del utopista Jeremy Bentham sobre el sistema del panóptico para explicar las nuevas formas de la vigilancia en la sociedad de control.
Si Foucault sostenía que los sistemas coercitivos explotaban al ciudadano siguiendo el modelo del panóptico de Bentham (es decir, controlando exteriormente su actividad, observando sin ser observado), ahora han sido sustituidos por un sistema de dominación que, en lugar de emplear un poder opresor, utiliza uno seductor por el que los hombres se someten por sí mismos: gracias a internet las personas se entregan voluntariamente a la observación. Si en el panóptico de Bentham los sujetos estaban aislados, en el digital se comunican entre sí. Estamos, señala Han, ante un “enjambre digital” que lejos de ampliar la participación, implica una despolitización de la sociedad. Después del caso Snowden en 2013 (la denuncia del espionaje masivo por las agencias de inteligencia de los Estados Unidos), la idea de un panóptico digital no sólo no parece descabellada, sino bastante certera, aunque Han tiende a exagerar con sus sospechas: recela de la fotografía digital, Twitter, el teléfono inteligente, el correo electrónico y las Google Glass.
Vivimos en un cierto tipo de sociedad en la que estamos al borde de un embotamiento producido por lo que él llama “el medio digital” y esto podría traer, aparentemente, nuevas formas de alienación y un tipo de comunicación lleno de desencuentros, de pérdida de la sintonía.[10]
Según Han: “la comunicación digital se distingue por el hecho de que las informaciones se producen, envían y reciben sin mediación de los intermediarios. No son dirigidas y filtradas por mediadores. La instancia intermedia es eliminada para siempre […]. Medios como blogs, Twitter o Facebook liquidan la mediación de la comunicación, la desmediatizan.”[11]
Cabe, sin embargo, prevenirse del énfasis marcadamente apocalíptico de la lectura de Han y más bien pensar los medios, con la ponderación de McLuhan, en términos de ambientes y no de contenedores. No cabría tampoco sostenerse que la convivencia entre las especies mediáticas sea predatoria, sino que toda evolución mediática se puede pensar en medio de las tétradas – en continuo movimiento– a las que aludió el profesor canadiense que inaugura la reflexión en torno a la sociedad de la información y acuña el término aldea global. McLuhan hizo famosa su sentencia “el medio es el mensaje”.
Marshall McLuhan

MARSHALL MCLUHAN
Con la irrupción de lo digital y la consiguiente pérdida de la distancia, donde el mundo se ha vuelto denso y todo acontece simultáneamente, es la era de la llegada generalizada, donde todo llega en el momento mismo de partir, es la reducción del mundo al espectáculo de su simultaneidad, todo se ha vuelto parte de un espectáculo.
Byung-Chul Han ha planteado que la pérdida de la distancia y la privacidad sumado a la fugacidad del hecho colectivo han cambiado no solo el tráfico y la forma de procesar la información sino que, mas profundamente aún, la misma identidad del sujeto colectivo actual. Ha hecho que se pierda la distancia y todo se haya vuelto parte de un espectáculo general, así como también ha hecho que, desde la instantaneidad de la comunicación, en las redes sociales por ejemplo, lo que aparece en el medio social sea esencialmente no reflexivo, quizás mas bien emocional y afectivo. Byung-Chul Han ha planteado que la pérdida de la distancia y la privacidad sumado a la fugacidad del hecho colectivo han cambiado no solo el tráfico y la forma de procesar la información sino que, mas profundamente aún, la misma identidad del sujeto colectivo actual.
El concepto de telecomunicaciones tiene una gran seriedad ontológica, en tanto que designa la forma procesual de la densificación. La elevada densidad implica, a su vez, una probabilidad cada vez más elevada de encuentros entre los agentes, ya sea bajo la forma de transacciones, o en la de colisiones. La digitalización de las comunicaciones producen una forma de mundo cuya actualización requiere diez millones de e-mail por minuto y transacciones en dinero electrónico por un monto de un billón de dólares diarios, transacciones a distancia.[12] Tan sólo este concepto fuerte de las telecomunicaciones como forma capitalista de la actio in distans es el adecuado para describir el tono y el modo de existencia en el Palacio de Cristal[13] ampliado (figura que apunta al capitalismo integral, y que Sloterdijk lo usa como metáfora de las sociedades del Bienestar – o si se quiere – del Primer Mundo). Sin embargo grandes regiones, los perdedores del juego de la globalización, se separan, en huelgas latentes o manifiestas, del dictado mundial del capital globalizado, dando lugar a destempladas reacciones desinhibitorias (terrorismo). Igualmente, como es posible constatar en muchas regiones, que sectores de población dignas de ser tomadas en cuenta le vuelven la espalda al sistema político con una indiferencia enemiga.”[14] Así, la elevada densidad de la “convivencia” mal avenida genera la resistencia de la periferia contra la expansión unilateral de los negocios, maquillada de intercambios y acuerdos políticos bilaterales de libre comercio.
La transformación global de la cultura y los negocios no es progresista ni está marcada por los equilibrios. Las posibilidades tecnológicas de los nuevos media se inscriben en un marco de relaciones globales que son violentamente desiguales respecto a las capacidades de producción y distribución. Su desarrollo está sesgado por intereses económicos y militares que nada tienen que ver con la cultura en un sentido global, humano.
3.- Psicopolítica y el síndrome burnout. Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder.
Su última obra, Psicopolítica: Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder[15] es un ensayo que arroja una de esas lúcidas miradas sobre el presente a las que este autor nos tiene acostumbrados y que nos ayuda a comprender mejor cuál es el trasfondo que yace detrás de numerosos fenómenos y actos cuya significación oculta suele pasar desapercibida. Y aunque no lo explicite se lo puede ver en este sentido como una ejemplificación más de aquello que Michel Foucault denominó una ontología del presente. De hecho, el título de su obra debe entenderse como una continuación de lo que este pensador francés bautizó como biopolítica. Byung-Chul Han arguye que la biopolítica foucaultiana se quedó anclada en un análisis del cuerpo, de modo que no habría llevado a cabo el viraje necesario para explicar la explotación de la psique, aquello que fundamentalmente caracterizaría a la forma hegemónica de poder en nuestra sociedad contemporánea. La tesis fundamental que recorre el libro se resume cuando escribe que “la psicopolítica neoliberal es la técnica de dominación que estabiliza y reproduce el sistema dominante por medio de una programación y control psicológicos”.[16]
9.6
En la línea de sus primeros ensayos, como La sociedad del cansancio y La agonía del Eros, Byung-Chul Han pone énfasis en que la psicopolítica recurre a un sistema de dominación que, en lugar de emplear el poder opresor, utiliza un poder seductor, inteligente (smart), que consigue que los hombres se sometan por sí mismos al entramado de la dominación.
Para Karl Marx, el trabajo conduce a la alienación. Ese es el tema de Byung Chul-han: la nueva alienación. El hombre se ha convertido en el explotador de sí mismo por un propio afán desmesurado de competencia, de éxito, vivido como “realización personal”. Uno se explota a sí mismo hasta el colapso. El sistema neoliberal ha sido internalizado hasta el punto de que ya no necesita coerción externa para existir. Y, por eso, el síntoma de nuestra época es el cansancio.
Como aclara Han no es la multitude cooperante que Antonio Negri eleva a sucesora posmarxista del “proletariado”, sino la solitude del empresario aislado, enfrentado consigo mismo, la que constituye el modo de producción presente.[17] Los otros, nuestros prójimos, se han convertido en competidores o sombras en nuestras pantallas autistas. En nuestra época, el trabajo se presenta en forma de libertad y autorealización. Me (auto)exploto, pero creo que me realizo. En ese momento no aparece la sensación de alienación. Así, el primer estadio del síndrome burnout (agotamiento) es la euforia. Entusiasmado, me vuelco en el trabajo hasta caer rendido. Me realizo hasta morir. Me optimizo hasta morir. Me exploto a mí mismo hasta quebrarme. Esta autoexplotación es más eficaz que la explotación ajena a la que se refería el marxismo, porque va acompañada de un sentimiento de libertad. Esta libertad imaginada impide la resistencia o la revolución. El neoliberalismo nos aísla a cada uno y nos hace empresarios de nosotros mismos. El capitalismo huye hacia el futuro, se desmaterializa, se convierte en neoliberalismo y convierte al trabajador en empresario que se explota a sí mismo en su empresa.[18]
El neoliberalismo, como una forma de mutación del capitalismo, convierte al trabajador en empresario”. El neoliberalismo y no la revolución comunista. Elimina la clase trabajadora sometida a la explotación ajena. Hoy cada uno es un trabajador que se explota a sí mismo en su propia empresa”.[19]
La crítica de Byung-Chul Han –un ataque al corazón de esa ideología del emprendimiento que ha colonizado el Mundo interior del capital[20] desde el centro neurálgico de la tecnología informática, ubicado en el norte de California, Estados Unidos –el Silicon Valley[21]– sirve para comprender las tensiones entre lo privado y lo público, entre el tiempo del trabajo y el tiempo del ocio, y otras oposiciones que marcaron a la sociedad industrial y hoy están en vías de desaparición.
9.7
La sentencia de Han es sombría pero honesta, no todos pueden ser emprendedores exitosos. La revolución digital esconde miles de trabajadores hiperexplotados de la manera más tradicional en las líneas de producción (no solo en China) y una buena cantidad de especialistas flexibles que se auto-explotan y viven al borde del síndrome de burnout,[22]  también llamado síndrome de desgaste ocupacional (SDO) y del que Byung-Chul Han se encarga de reflexionar.

4.- El cambio de paradigma en La sociedad del cansancio: de lo viral-inmunológico a lo neuronal-estresante.
La estrategia o microfísica del poder en el sistema neoliberal es la seducción, la misma que ya anunciaba Baudrillard. Pero, como se puede entrever en su libro –La sociedad del cansancio– Han explora la sutil interacción entre el discurso social y el discurso biológico tomando como base la permeabilización que se efectúa entre ambos, para desvelar un cambio de paradigma que podría pasar inadvertido. Su teoría va más allá del trabajo de filósofos como Peter Sloterdijk, Roberto Espósito o Jean Baudrillard, quienes ya habían explorado esta interconectividad y a quienes Byung-Chul Han refuta, preconizando que ya no vivimos en una sociedad inmunológica, sino que la violencia inmanente al sistema es neuronal y, por tanto, no desarrolla una reacción de rechazo en el cuerpo social.
Toda época tiene sus enfermedades emblemáticas. Así, existe una época bacterial que, sin embargo, toca a su fin con el descubrimiento de los antibióticos. A pesar del manifiesto miedo a la pandemia gripal, actualmente no vivimos una época viral. La hemos dejado atrás gracias a la técnica inmunológica. El comienzo de siglo XXI, desde un punto de vista patológico, no sería ni bacterial ni viral, sino neuronal, escribe Byung-Chul Han.
Han sostiene que el modelo “viral” y la metáfora de la invasión bacterial -que reina en nuestra sociedad desde al menos el siglo XIX- ha ido perdiendo fuerza para ser reemplazada por otras metáforas y enfermedades. Según el filósofo surcoreano ahora domina un paisaje patológico de trastornos neuronales: enfermedades como la depresión, el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), el trastorno límite de la personalidad (TLP) o el síndrome de desgaste profesional (SDO o “síndrome de burnout”) definen el panorama patológico de comienzos del siglo XXI.[23] Byung-Chul Han ubica en el fin de la guerra fría el momento inicial de esa transición.
La era inmunológica parece haber sido superada. Sin embargo, aún cuando, esta hipótesis puede resultar interesante ella parece no considerar la reciente crisis del ébola en Europa, que puso de manifiesto que el miedo al Otro (en este caso un virus que, además, viene de África) sigue vivo y operante. Pese a ello, habrá que seguir con atención la evolución de estos modelos de control en la sociedad contemporánea. Según Kuhn[24] pueden coexistir, en un período de transición, dos paradigmas aunque sean mutuamente excluyentes. La compartimentación de paradigmas divide -necesariamente- a la comunidad científica, siendo esa circunstancia típica de tiempos de crisis y no de ciencia normal: “hay circunstancias, aunque [Kunh las considera raras] en las que pueden coexistir pacíficamente dos paradigmas en el último período de ciencia normal”.[25]
9.8
En sus ensayos[26] —breves, controvertidos, estimulantes— Han desarrolla una misma idea: el “paradigma inmunológico”, que pensadores como Michel Foucault o Jean Baudrillard han empleado para explicar la sociedad tardocapitalista, ha quedado obsoleto; ahora cabe hablar del “paradigma neuronal”. En consonancia con este cambio, se han producido otros deslizamientos relevantes: la “sociedad disciplinaria” ha sido sustituida por la “sociedad del rendimiento” y al “sujeto de obediencia” le ha seguido un individuo enfermo de Ego al que Han denomina “el emprendedor de sí mismo”.
El “emprendedor de sí mismo”, surge con el paradigma neuronal y destierra al obsoleto “sujeto de obediencia” del que hablaba Foucault (en su sociedad disciplinaria) y que era uno que obedecía a una instancia externa: ese sujeto es ciudadano de un mundo de fronteras y, por consiguiente, distingue un exterior de un interior, un amo que está fuera, que es “otro”, de un esclavo que está dentro, que es “yo”. El primero, el “emprendedor de sí mismo”, sin embargo, solo se obedece a sí mismo: habita un mundo de lo idéntico, sin amo externo, sin otro… pero en su interior aloja a un bicéfalo amo-esclavo o esclavo-amo que le succiona la energía.
La optimización personal es una forma de autoexplotación total. El coaching, la motivación, la competitividad, la optimización… son técnicas que la sociedad abraza para conseguir la productividad ilimitada. Las personas entran en una dinámica de autoexplotación, de autoexigencia, de constante optimización que acaba generando enfermedades como la depresión. En estos casos, no se tiende a pensar que es la dinámica, el sistema, el que ha generado esta ansiedad, sino que se plantea siempre como un fracaso personal. Este tipo de poder inteligente, propio del régimen neoliberal, actúa de forma silenciosa, domina intentando agradar y generando dependencias, “se ajusta a la psique en lugar de disciplinarla”.[27]
El sujeto de rendimiento, como empresario de sí mismo, sin duda es libre en cuanto no está sometido a ningún otro que le mande y lo explote, pero no es realmente libre, pues se explota a sí mismo, por más que lo haga con entera libertad. El explotador es el explotado”.[28]
Este nuevo tipo de explotación es mucho más eficiente que la anterior porque “va unida al sentimiento de libertad. Con ello la explotación es posible sin dominio”. El neoliberalismo entiende al sujeto como proyecto y no como explotado. De esta forma el fracaso lo asume el sujeto: “no hay nadie a quien pueda hacer responsable de su fracaso”.[29] Esta idea rebate la concepción de Benjamin (“el capitalismo es una religión”): el capitalismo no es ninguna religión porque “toda religión maneja las categorías de deuda (culpa) y desendeudamiento (perdón). El capitalismo es solamente endeudador”.[30] El resultado es la depresión y el síndrome del agotamiento.
La sociedad disciplinaria de Foucault, que constaba de hospitales, psiquiátricos, cárceles, cuarteles y fábricas, ya no se corresponde con nuestra sociedad, en su lugar se ha establecido desde hace tiempo otra completamente diferente, a saber: una sociedad de gimnasios, torres de oficinas, bancos, aviones, grandes centros comerciales y laboratorios genéticos. La sociedad del siglo XXI ya no es disciplinaria, sino una sociedad del rendimiento.[31] La topología de la sociedad del rendimiento se compone así de aeropuertos, torres de oficinas, shopping mall, escaparates bien iluminados, grandes ventanales y espacios abiertos. Los espacios de la sociedad disciplinaria son lugares cerrados y en penumbra, sustraídos a la vista, regimientos, centros penitenciarios, manicomios y fronteras. Una vez más el cambio parece positivo: se ha pasado de la opacidad y el secreto de una sociedad basada en relaciones de enemistad (conflicto) a la transparencia de un mundo donde lo otro ha sido transmutado en accesible y cercano. De allí que Han insista en La sociedad de la transparencia, que el problema reside en que la transparencia, que parece (y se presenta como) voluntaria, resulta ser obligatoria.
9.9
Es en la sobreabundancia de lo idéntico, en ese exceso de afabilidad que no crea anticuerpos, que no genera ningún rechazo ni implica ninguna negatividad, donde Byung-Chul Han encuentra las razones para explicar la proliferación de los estados patológicos neuronales. La violencia hoy ha dejado de responder a los esquemas inmunológicos virales de lo propio y lo extraño, como la planteaba Baudrillard.[32] La violencia hoy es neuronal e inmanente al sistema, sentencia el autor, quien atribuye al “superrendimiento”, la “supercomunicación” y la “superproducción” actual las razones que generan un colapso del Yo, en lo que denomina “infartos psíquicos”.
La otredad es la categoría fundamental de la inmunología. Cada reacción inmunológica es una reacción frente a la otredad. Pero en la actualidad, en lugar de esta, comparece la diferencia, que no produce ninguna reacción inmunitaria. (…) A la diferencia le falta, por decirlo así, el aguijón de la extrañeza, que provocaría una violenta reacción inmunitaria. También la extrañeza se reduce a una fórmula de consumo. Lo extraño se sustituye por lo exótico y el turista lo recorre. El turista o el consumidor ya no es más un sujeto inmunológico. Se comprende ahora la metáfora inmunológica: la sociedad es un cuerpo que ha desarrollado un sistema defensivo contra eventuales ataques bacterianos o virales: el cuerpo es el “yo”, el virus es el “otro”.
9.10
La actual es una sociedad aparentemente pacífica de la que ha sido desterrada la violencia basada en la enemistad. ¿Por qué entonces se multiplican en ella las figuras que podríamos considerar correlativas del loco y el criminal de la sociedad inmunológica, a saber, los depresivos y los fracasados?
El “emprendedor de sí mismo” de la sociedad del rendimiento, señala Han en La sociedad del cansancio, está exhausto; sus enfermedades características no son víricas sino neuronales. Padecen depresión y un amplio espectro de trastornos por hiperactividad y fatiga neuro-funcional: TDAH, TLP y SDO. La etiología de estos males solo puede comprenderse a la luz del verbo que gobierna la acción de la sociedad tardocapitalista. Mientras que en la disciplinaria el verbo imperante era deber, en la de rendimiento es poder; mientras que en la primera se obliga al individuo al trabajo, en la segunda se lo motiva apelando a su capacidad: ya no se conjuga tú debes sino tú puedes. Se produce así un aparente tránsito de la coacción a la libertad en tanto en cuanto se elimina la instancia externa que ordena y se estimula la autogestión y autoexigencia de quien se gobierna.
¿Por qué, sin embargo, este paso del deber al poder es solo aparentemente liberador? ¿Cómo podría el estímulo y la motivación conducir, en última instancia, al fracaso? La respuesta parece un acertijo: el “emprendedor de sí mismo” puede poder pero no puede no poder, es decir, poder constituye para él un deber. Han explica que hay dos formas de potencia: la positiva (decir “sí puedo”) y la negativa (decir “no puedo” — que se distingue netamente de la impotencia) y advierte de que si se elimina la segunda, si el individuo no puede decir “no puedo”, se ve coaccionado para tener que poder siempre. El resultado: hiperactividad, agitación, histeria del trabajo y de la producción y, finalmente, cansancio y depresión.
No-poder— poder-más conduce a un destructivo reproche de sí mismo y a la autoagresión. El sujeto de rendimiento se encuentra en guerra consigo mismo y el depresivo es el inválido de esta guerra interiorizada.
5.- Del homo digitalis al Big Data.
Un mundo donde lo que vale no es el ser, sino el aparecer, aunque el placer exige cierto ocultamiento, lo contrario de esta desnudez y transparencia pornográficas, cuyo ejemplo más evidente sería Facebook. Del capitalismo, donde lo esencial era el tener, pasamos a una sociedad neoliberal exhibicionista, donde lo fundamental es “aparecer”.
La sociedad de la transparencia valora la exposición. Cada sujeto “es su propio objeto de publicidad. Todo se mide en su valor de exposición. La sociedad expuesta es una sociedad pornográfica”.[33] Vivimos en un mundo que tiende a la hipervisibilidad, un espacio sin secretos ni misterios ocultos. A la sociedad de la transparencia toda distancia le parece una negatividad que hay que eliminar: constituye un obstáculo para la aceleración de los ciclos de la comunicación y del capital.
La sociedad de la transparencia lleva a la información total, “no permite lagunas de información ni de visión”[34] y acelera el flujo de datos empíricos. De allí que Han concluya que la tremenda cantidad de información eleva masivamente la entropía del mundo, y también el nivel de ruido. “El pensamiento tiene necesidad de silencio. Es una expedición al silencio”.[35]
El mundo no es hoy ningún teatro en el que se representen y lean acciones y sentimientos, sino un mercado en el que se exponen, venden y consumen intimidades. El teatro es un lugar de representación, mientras que el mercado es un lugar de exposición.[36]
9.11
La sociedad de la transparencia también amenaza a la política, un tipo de acción estratégica que incluye una dimensión o esfera secreta. Si toda la política se reduce a una escenificación de la transparencia, el “final de los secretos sería el final de la política”.[37]
Así como en el caso de la producción se sustituye el verbo deber por poder, en el plano del control se pasa de la vigilancia a la transparencia, sin caer en la cuenta de que tanto el verbo poder como la transparencia son coercitivos.
Internet, en lugar de ser presentado como un espacio de libertad y de transformación, aparece, según Byung-Chul Han, como el escenario paradigmático y cómplice de los problemas del presente, allí donde éstos se revelan con mayor claridad e intensidad. En la red se asistiría a una suerte de dictadura de la transparencia que derivaría en un panóptico digital que a la postre, en conexión con lo referido anteriormente, sería más bien un autopanóptico, donde cada uno ejercería al mismo tiempo de policía de sí mismo y de los otros. O por decirlo con sus palabras: “el me gusta es el amén digital. Cuando hacemos clic en el botón de me gusta nos sometemos a un entramado de dominación. El Smartphone no es solo un eficiente aparato de vigilancia, sino también un confesionario móvil. Facebook es la iglesia, la sinagoga global (literalmente, la congregación) de lo digital”.[38]
Comparecemos translúcidos ante los media-data, los entornos virtuales, el registro total de la vida se produce a través de cada clic que pulsamos, cada palabra introducida en el buscador es observada y registrada. Nuestra vida se reproduce totalmente en la red digital. La empresa de datos Acxiom comercia con datos personales de aproximadamente 300 millones de estadounidenses. Los individuos son agrupados en 70 categorías y se ofertan en catálogo como mercancías. Aquellos con un valor económico escaso se les denominan waste, es decir, basura.[39]
Medir el éxito a partir de los ‘Me gusta’ o retuiteos es algo habitual.[40] Empresas e individuos calibran sus fuerzas en las RRSS. También es la manera más directa de perder/vender tu intimidad. Sólo hay que atender al imparable y creciente fenómeno mediático de Facebook y Twitter, sin olvidar Instagram, para ver cómo los usuarios seducidos por la exhibición publicitaria de un sí mismo virtual desnudan sus ideas, y con ello –sin percatarse revelan sus obsesiones, patrones de consumo y psicopatologías. De allí que en este exhibicionismo festivo los grandes beneficiados son las empresas de marketing, con Google a la cabeza.
La época digital totaliza lo aditivo, el contar y lo numerable. Incluso las inclinaciones se cuentan en forma de “me gusta”. Lo narrativo pierde importancia considerablemente. Hoy todo se hace numerable, para poder transformarlo en el lenguaje del rendimiento y de la eficiencia.[41]
9.12 
En el enjambre es un conjunto de individuos aislados e hipercomunicados  —el homo digitalis —, pero sin capacidad para crear un movimiento de cambio real. La comunicación digital hace que se erosione fuertemente la comunidad, el nosotros. Destruye la noción de espacio público y agudiza el aislamiento del hombre.
La sociedad de la información, la era digital, produce un extraño estado de embotamiento, nuevas formas de alienación y un tipo de comunicación lleno de desencuentros, de pérdida de la sintonía.
Según Han:
La comunicación digital se distingue por el hecho de que las informaciones se producen, envían y reciben sin mediación. No son dirigidas y filtradas por mediadores. La instancia intermedia es eliminada para siempre […]. Medios como blogs, Twitter o Facebook liquidan la mediación de la comunicación, la desmediatizan. La actual sociedad de la opinión y la información en esta comunicación desmediatizada.[42]
Han especula acerca de que en esta inmediatez se produce la pérdida de lo político:
En los blogs o las redes sociales [que] hoy en día construyen o reemplazan el espacio público no se produce ningún discurso. No se construye espacio público (Öffentlichkeit) alguno. Los medios digitales hacen que la sociedad se vuelva cada vez más pobre en su discurso. Impiden la construcción de una comunidad en un sentido empático. Sólo producen al azar muchedumbres (An- sammlungen) o multitudes (Vielheiten) de individuos aislados, de ego, sin cohesión alguna (Versammlung), sin lugar de discurso. El individuo ya no es una entidad política capaz de producir un nosotros.[43]
Es posible que el performance haya sustituido a la participación y que esa “memoria política” de las generaciones precedentes esté dando lugar a lujos de apropiación que son cada vez menos estables. Los signos circulan en las redes, las causas van a la velocidad del hashtag y la memoria queda en los archivos que, posiblemente, nunca sean revisitados.
9.13
Ahora bien, las críticas a Internet se concentran además en las retóricas del Big Data tan en boga hoy en día, el cual designa esa forma o ideología del conocimiento según Han que se sustenta en la explotación de la transparencia, donde se confunde la recolección de informaciones y de huellas de todo tipo con el auténtico conocimiento y donde se iría a parar a una especie de Big Brother digital. Así se consumaría una presunta o sedicente segunda Ilustración que anunciaría el fin del reinado de la teoría y cuyo imperativo se sintetizaría en querer convertir todo en datos e información. En realidad, empero, este dataísmo se descubriría más bien como un dadaísmo redivivo por sobredimensionar los datos, sobre todo por culpa de la inmensa cantidad de ellos, al mismo tiempo que se renunciaría a dotarles de un entramado de sentido, cayendo así en un deslumbramiento que sacrifica lo cualitativo en favor de lo cuantitativo. Así pues, los partidarios del Big Data confiarían ilusamente en que los números, como si fueran una especie de manifestación del inconsciente digital, hablan por sí mismos y en que dan cuenta exacta de nuestros patrones de conducta, lo que incluso les otorgaría la capacidad de poder anticipar el futuro. Por añadidura, esta ideología del conocimiento, que en su opinión no sería más que un nuevo rostro de la barbarie, lo que este autor denomina una barbarie de los datos, se revelaría asimismo como un reflejo de los tiempos. Por eso pone de relieve que el Big Data, al hacer del futuro algo predecible y controlable, es “totalmente ciego ante el acontecimiento” y al fin y al cabo lo es de manera necesaria, puesto que más que un conocimiento, esta ideología del conocimiento proyecta en verdad lo que no sería más que la imagen que tiene del sujeto actual: la de un sujeto sujetado, inconscientemente preso de su deseo y prácticamente incapaz de escapar de sí mismo, donde en realidad no se contempla la posibilidad de lo imprevisible, de lo discontinuo, de la interrupción o de la ruptura. De ahí también que vea este dataísmo como una simple moda epocal.
Han ilustra este último deslizamiento recurriendo al célebre panóptico de Bentham. Uno de los lugares representativos de la arquitectura disciplinaria es el panóptico descrito por Jeremy Bentham en el siglo XVIII
Tanto el Big Brother de Orwell como el Panóptico de Bentham (representativo de la arquitectura disciplinaria del siglo XVIII) presentaban un control físico de la población, es decir, sometían a los sujetos a una serie de normas y vigilaban todo lo visible. Pero no tenían acceso al control del pensamiento. Sin embargo, el panóptico digital es una forma de control muy eficiente en la que no existe limitación óptica. “La óptica digital posibilita la vigilancia desde todos los ángulos”[44] es capaz de alcanzar la psique, de actuar desde un nivel prerreflexivo, trabajando con las emociones para influir en las acciones.
9.14
La sociedad globalizada del rendimiento, por el contrario, no necesita de ningún centro penitenciario para ejercer la vigilancia de los individuos puesto que son estos mismos los que, a través de los diversos mecanismos de comunicación a su alcance, se exponen. Los ocupantes del panóptico digital, al desnudarse y exhibirse en las redes sociales, colaboran activamente en la construcción de su celda.
La peculiaridad del panóptico digital está sobre todo en que sus moradores mismos colaboran de manera activa en su construcción y en su conservación, en cuanto se exhiben ellos mismos y se desnudan. Ellos mismos se exponen en el mercado panóptico. (…) La sociedad del control se consuma allí donde su sujeto se desnuda no por coacción externa, sino por la necesidad engendrada en sí mismo, es decir, allí donde el miedo de tener que renunciar a su esfera privada e íntima cede a la necesidad de exhibirse sin vergüenza.
Al igual que la de poder, la exigencia de la transparencia responde a intereses económicos y productivos: estos demandan un ritmo acelerado (aceleración de las operaciones bursátiles y de las transacciones) y, frente a la demora que toda opacidad requiere, la transparencia es garante de celeridad. Un ejemplo claro puede encontrarse al comparar el lenguaje transparente de los medios de comunicación con al lenguaje denso de la poesía.
En sintonía con los argumentos de Eli Pariser[45] Byung-Chul Han denuncia la construcción de burbujas de información personalizadas por los algoritmos. Estos sistemas -como el PageRank[46] de Google- “presenta(n) al participante tan solo aquellas secciones del mundo que le gustan. Así, desintegra la esfera pública, la conciencia pública, crítica, y privatiza al mundo”.[47] Para terminar este volumen Byung-Chul Han se interna en territorios foucaultianos y nos habla del nuevo panóptico digital, un dispositivo que “carece de perspectiva en el sentido de que no es vigilado desde el único centro por la omnipotencia de la mirada despótica. Desaparece por completo la distinción entre centro y periferia, que era constitutiva para el panóptico de Bentham”.[48]
6.- La agonía de Eros.
La sociedad de la transparencia no tiene en cuenta que hay dimensiones del ser humano que sólo pueden tener lugar en la intimidad, nuestras relaciones interpersonales. La intimidad del ser humano necesita esferas en las que pueda estar en sí mismo, sustraído a la mirada del otro.
Por último, en La agonía de Eros, Han añade un tercer apelativo al sujeto de rendimiento: exhausto, pornográfico… e incapaz de amar. El Eros es aquella fuerza que arranca al sujeto de sí mismo, de su interioridad, y lo conduce afuera, al otro, al mundo. Pero, ¿qué sucede cuando no hay mundo, otro, afuera? ¿Qué pasa cuando la alteridad ha sido fagocitada por un yo insaciable? En ausencia del otro, el sujeto narcisista-depresivo “se derrumba en sí mismo”. No tiene a quien amar salvo a sí mismo; los demás actúan como espejo de su propio yo.
Del mismo modo que en el caso de la motivación y la transparencia, el amor cae, en la sociedad del rendimiento, al servicio del capitalismo tardío. El deber ha dado paso al poder, la opacidad a la transparencia y el amor a la pura pornografía: el amor se reduce a una fórmula de disfrute, de modo que ya no se puede amar al otro, solo consumirlo.
El amor se positiva hoy como sexualidad, que está sometida, a su vez, al dictado del rendimiento. El sexo es rendimiento. Y la sensualidad es un capital que hay que aumentar. El cuerpo, con su valor de exposición, equivale a una mercancía. El otro es sexualizado como objeto excitante. No se puede amar al otro despojado de su alteridad, solo se puede consumir.[49]
9.15
Hoy todo se convierte en objeto de rendimiento. Ni siquiera el ocio o la sexualidad pueden rehuir el imperativo del rendimiento. Pero el Eros supone una relación con lo otro, más allá del rendimiento y de las habilidades que se tengan. Ser capaz de no ser capaz es el verbo modal del amor. El estar en manos de alguien y la posibilidad de resultar herido forman parte del amor. Hoy se trata de evitar cualquier herida cueste lo que cueste.
La mujer actual sucumbe a los estados depresivos porque está absolutamente agotada, fatigada de sí misma. Toda su libido se dirige contra su propia subjetividad. Por eso no es capaz de amar. Con el narcisismo exacerbado comienza la agonía del “eros”. Y sin eros, no hay pensar. El pensamiento nace del cultivo de la amistad, del contagio erotológico propio la philo-sophia, esta función telecomunicativa es la esencia del humanismo.
7.- Claroscuros del pensamiento de Byung-Chul Han. Consideraciones críticas.
Un debilidad de la obra de Byung-Chul Han es que en sus escritos resuenan ecos múltiples, sus tesis replican algo leído; probablemente porque se ocupó durante más de una década asimilando los ensayos más relevantes sobre estos temas, de allí que casi todas las ideas tocadas por Han fueran ya tratadas por otros pensadores, años antes que él.[50] Es sorprendente que Han recurra para ilustrar nuestra sociedad audiovisual a una metáfora como la de la caverna platónica, que estaba ya casi agotada antes del 2000. También desde 2002 se sabe, vía Jonathan Safran Foer[51], que Todo está iluminado.
9.16
Han incurre, además, en una excesiva dependencia de los textos en que se funda para problematizar ideas ya deslustradas; textos que, además, son a veces problemáticos de por sí, como los de Baudrillard, otro pensador filosóficamente poco riguroso, por momentos falaz y sobrevalorado al que Han amplifica, amplificando también los errores o las obviedades baudrillardianas, como la aplicación de la metáfora pornográfica a cualquier cosa (cuando vivimos en el tiempo en que la pornografía es, en realidad, cada vez más ella misma y más visible como tal): “el porno no solo aniquila el eros, sino también el sexo (…) Hace imposible experimentar el placer”.[52] Aseveraciones anacrónicas.
Por otra parte, “Nuestra sociedad lo es todo (…) menos una sociedad transparente”[53], escribía hace tiempo Anna Caballé comentando al Vattimo de La sociedad transparente.
En realidad la tecnología nunca ha sido tan (deliberadamente) opaca como ahora: “los constructores de aparatos como móviles, ordenadores, consolas de videojuegos y tablets nos presentan objetos perfectamente diseñados y herméticos, en los que una atractiva superficie plástica o de cristal hace que nos olvidemos del cableado y los circuitos integrados. No sólo son incomprensibles las máquinas digitales, a las cuales a cuyo interior en ocasiones ni siquiera se puede acceder físicamente (los últimos modelos de Mac y los iPhone no tienen tornillos, no pueden abrirse salvo en las tiendas oficiales y por sus técnicos), sino que el lenguaje con que está construido su software es inaprensible, es ilegible, salvo para un programador de la marca. Y la escritura misma con la que se programa cuando no esta encriptada, su lenguaje cifrado la hace absolutamente opaca, como opacos e inaccesibles son los circuitos del hardware que permiten funcionar a sus programas. Por lo tanto, nuestra condición no es como pretende Byung-Chul Han una sociedad de la transparencia, sino de la opacidad.
9.17

Bibliografía

  1. Baudrillard y E. Morin, La Violencia Del Mundo, Editorial Capital Intelectual, Buenos Aires, 2011
  2. Benjamin, Walter, (1921) El Capitalismo como religión, Editorial Herder, Barcelona, 2010
  3. Caballé, Anna, Narcisos de tinta. Ensayo sobre la literatura autobiográfica en lengua castellana (siglo XIX y XX); Megazul, Málaga, 1995
  4. Foucault, Michel, Nacimiento de la biopolítica, Curso en el Collège de France. (1978-1979). Fondo de Cultura Económica. Buenos Aires, 2007
  5. Han, Byung-Chul, La sociedad del cansancio. Herder Editorial, Barcelona, 2012
  6. Han, Byung-Chul, La sociedad de la transparencia. Herder Editorial, Barcelona, 2013
  7. Han, Byung-Chul, La agonía del Eros. Herder Editorial, Barcelona, 2014
  8. Han, Byung-Chul, Psicopolítica: Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder, Herder Editorial, Barcelona, 2014
  9. Han, Byung-Chul, En el enjambre. Herder Editorial, Barcelona, 2014
  10. Safran Foer, Jonathan, Todo esta iluminado, Lumen, Barcelona, 2002
  11. Kuhn, Thomas, (1962) La estructura de las revoluciones científicas, (SIN EDITORIAL) Santiago,1993
  12. Sennett, Richard, La corrosión del carácter; Las consecuencias personales del trabajo en el nuevo capitalismo, Editorial Anagrama, Colección Argumentos, Barcelona, 2000.
  13. Sloterdijk, Peter, (1993) En el mismo barco, Siruela, Madrid, 1994.
  14. Sloterdijk, Peter, (2007) El Mundo interior del capital: Para una teoría filosófica de la globalización, Siruela, Madrid.
  15. Sloterdijk, Peter, Normas para el Parque Humano. Una respuesta a la “Carta sobre el Humanismo”, Siruela, Madrid, 2000.
  16. Wolton, D., Informar no es comunicar. Contra la ideología tecnológica. Gedisa, Barcelona, 2010.
Notas
[1] HAN, Byung-Chul, Psicopolítica: Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder, Herder Editorial, Madrid, 2014.

[2] SLOTERDIJK, Peter, Normas para el Parque Humano. Una respuesta a la “Carta sobre el Humanismo”, Siruela, Madrid, Siruela, Madrid, 2000. Conferencia pronunciada en el Castillo de Elmau, Baviera, en julio de 1999, con motivo del Simposio Internacional “Jenseits des Seins / Exodus from Being / Philosophie nach Heidegger”, en el marco de los Simposios del Castillo de Elmau sobre “La filosofía en el final del siglo” (Philosophie am Ende des Jahrhunderts), que cuentan con la colaboración del Van Leer Institut y el Franz Rosenzweig Center de Jerusalem. El texto fue publicado en Die Zeit el 10 de septiembre de 1999.

[3] SENNETT, Richard, La corrosión del carácter; Las consecuencias personales del trabajo en el nuevo capitalismo, Editorial Anagrama, Colección Argumentos, Barcelona, 2000.

[4] MOLINA, M., “Zonas de alteridad”. Byung-Chul Han: Filosofía para la edad del caos, (Reseña), Revista de la Universidad de México Nº 140 – 2015.

[5] FOUCAULT, Michel, (1975) Vigilar y castigar. Nacimiento de la prisión, Editorial Siglo XXI. Madrid, 2008

[6] PRISM, el panóptico digital del NSA

[7] HAN, Byung-Chul, En el enjambre, Barcelona, Herder, 2014

[8] FOUCAULT, Michel, Nacimiento de la biopolítica, Curso en el Collège de France. (1978-1979). Fondo de Cultura Económica. Buenos Aires, 2007

[9] SLOTERDIJK, Peter, Esferas III, Espumas, Editorial Siruela, Madrid, 2005

[10] WOLTON, D., Informar no es comunicar. Contra la ideología tecnológica. Barcelona: Gedisa, 2010.

[11] HAN, Byung-Chul, Psicopolítica: Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder, Herder Editorial, Madrid, 2014, pp. 33-34

[12] VÁSQUEZ ROCCA, Adolfo, “Sloterdijk: Modelos de comunicación oculto-arcaicos y moderno-ilustrados. Para una época de ángeles vacíos”, En NÓMADAS, Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas – Universidad Complutense de Madrid, NÓMADAS. 26 | Enero-Junio.2010 (II), pp. 229-249. http://www.ucm.es/info/nomadas/26/avrocca.pdf

[13] El Palacio de Cristal, el de Londres en 1850, que primero albergó las Exposiciones Universales y luego un centro lúdico consagrado a la “educación del pueblo”, y aún más, el que aparece en un texto de Dostoievsky y que hacía de toda la sociedad un “objeto de exposición” ante sí misma, apuntaba mucho más allá que la arquitectura de los pasajes; Benjamin lo cita a menudo, pero lo considera tan sólo como la versión ampliada de un pasaje. Aquí, su admirable capacidad fisonómica lo abandonó. Porque, aun cuando el pasaje contribuyera a glorificar y hacer confortable el capitalismo, el Palacio de Cristal –la estructura arquitectónica más imponente del siglo XIX– apunta ya a un capitalismo integral, en el que se produce nada menos que la total absorción del mundo exterior en un interior planificado en su integridad.

[14] SLOTERDIJK, Peter, En el mismo barco, Madrid, Siruela, 1994 (1993).

[15] HAN, Byung-Chul, Psicopolítica: Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder, Herder Editorial, Madrid, 2014.

[16] HAN, Byung-Chul, Psicopolítica, p. 117

[17] HAN, Byung-Chul, Psicopolítica, p. 17

[18] HAN, Byung-Chul, Psicopolítica, p. 17

[19] Psicopolítica, p. 17

[20] SLOTERDIJK, Peter, (2007) El Mundo interior del capital: Para una teoría filosófica de la globalización, Siruela, Madrid.

[21] Actualmente son miles las compañías de alta tecnología que se localizan en este inmenso parque tecnológico, entre ellas Google, Facebook, Yahoo, Apple Inc., eBay, Intel, Cisco o Linkedin y otras grandes empresas tecnológicas. Desde allí se desarrollan y lanzan a diario muchos de los dispositivos informáticos que se utilizan en todo el mundo.

[22] La definición de síndrome de burnout más consolidada es la de Maslach y Jackson (1981) quienes consideran que es una respuesta inadecuada a un estrés crónico y que se caracteriza por tres dimensiones: cansancio o agotamiento emocional, despersonalización o deshumanización y falta o disminución de realización personal en el trabajo. El cansancio emocional hace referencia a la disminución y pérdida de recursos emocionales, al sentimiento de estar emocionalmente agotado y exhausto debido al trabajo que se realiza, junto a la sensación de que no se tiene nada que ofrecer psicológicamente a los demás.

[23] HAN, Byung-Chul, Psicopolítica, p. 11

[24] KUHN, Thomas., 1962. La estructura de las revoluciones científicas. Santiago,1993

[25] KUHN, Thomas., p. 16

[26] La sociedad del cansancio, La sociedad de la transparencia y La agonía de Eros, todos publicados por la editorial Herder

[27] HAN, Byung-Chul, Psicopolítica, 29

[28] HAN, Byung-Chul, La sociedad del cansancio, p.19

[29] Ibid, p. 21

[30] BENJAMIN, Walter, (1921) El Capitalismo como religión, Herder, p. 22

[31] 1. HAN, Byung-Chul, La sociedad del cansancio, p. 25

[32] BAUDRILLARD y E. MORIN, La Violencia Del Mundo, Buenos Aires, Editorial Capital Intelectual, 2011

[33] HAN, Byung-Chul, La sociedad de la transparencia, p. 29

[34] HAN, Byung-Chul, La sociedad de la transparencia, p. 17

[35] HAN, Byung-Chul, La sociedad de la transparencia, p. 75

[36] HAN, Byung-Chul, La sociedad de la transparencia, p. 68

[37] Ibid, p. 21

[38] HAN, Byung-Chul, Psicopolítica, p. 26

[39] HAN, Byung-Chul, Psicopolítica, Barcelona, Herder, 2014, p. 99

[40] HAN, Byung-Chul (2014) En el Enjambre, Barcelona, Herder, p. 75

[41] HAN, Byung-Chul, En el Enjambre, p. 60

[42] HAN, Byung-Chul, En el enjambre. Barcelona, Herder, 2014 , pp. 33-34

[43] HAN, Byung-Chul, En el enjambre. Barcelona, Herder, 2014 , p 48

[44] HAN, Byung-Chul, Psicopolítica, p. 86

[45] (Autor de The Filter Bubble)

[46] PageRank es una marca registrada y patentada1 por Google el 9 de enero de 1999 que ampara una familia de algoritmos utilizados para asignar de forma numérica la relevancia de los documentos (o páginas web) indexados por un motor de búsqueda.

[47] HAN, Byung-Chul, La sociedad de la transparencia, p. 69

[48] HAN, Byung-Chul, La sociedad de la transparencia, p. 88

[49] HAN, Byung-Chul, La agonía de Eros, p. 23

[50] MORA, Vicente Luis, “La opacidad, Han, la opacidad, Un acercamiento al pensamiento de Byung-chul Han”, en El Estado Mental, S.L., Artes · 7 Febrero, 2015, Madrid.

[51]  Jonathan Safran Foer, Todo esta iluminado, Lumen, Barcelona:, 2002

[52]  HAN, Byung-Chul, La sociedad de la transparencia, p. 29

[53]  CABALLÉ, Anna, Narcisos de tinta. Ensayo sobre la literatura autobiográfica en lengua castellana (siglo XIX y XX); Megazul, Málaga, 1995, p. 59.

viernes, marzo 17, 2017

Yo y el otro, él y el otro, la identidad y el otro. La fantasía de un pasado al que es posible volver | FronteraD

Yo y el otro, él y el otro, la identidad y el otro. La fantasía de un pasado al que es posible volver | FronteraD









Cuenta Manuel Vicent en una columna publicada hace años, tantos que se antojan siglos, la historia de un mielero que entraba en el Tribunal Supremo de vez en cuando. En las alforjas cargaba productos puros de la tierra, que no sonaban al pasar bajo el arco detector de metales, y saludaba con tal confianza a los guardias que éstos daban por supuesto que se trataba de uno más de la casa. Describe Vicent el edificio como un lugar “donde se impone el silencio que deriva de gruesas alfombras, cortinajes densos, maderas oscuras, recorrido por infinitos pasillos por los que de vez en cuando cruzaba una secretaria con un sumario amarillo”. El mielero entraba en el despacho de un juez o del fiscal jefe, se quitaba la boina y vendía embutidos, queso y miel de la Alcarria. Y al abandonar el edificio, si alguien le preguntaba dónde había estado, el mielero habría levantado la boina para rascarse el cogote, sin dejar de alzar los hombros y las cejas. Se trataba, en suma, de un hombre de pocas palabras.

A la par que releo la columna de Manuel Vicent, topo en las redes sociales con un comentario de Alejandro Gándara que tal vez ponga peso en el otro lado de la balanza. Gándara acaba de leer Tribu. Sobre vuelta a casa y pertenencia, el ensayo de Sebastian Junger (Belmont, Estados Unidos, 1962) que acaba de publicar Capitán Swing. Junger defiende de forma eficaz el abandono de las promesas de la civilización. Para ello se sirve de hechos como el numeroso grupo de colonos que una vez conocida la forma de vida de las tribus indias, prefirieron ésta a la invención de Caín. O al menos optaron por imitarla en sus ropajes, sus armas y herramientas, como Áyax heredó la armadura de Aquiles. Junger, según interpreta Gándara, piensa que su elección se debe a que consideraron la sociedad india como más satisfactoria y mucho más libre. Lo que obvia Junger, de forma claramente intencionada, es la suma que sí se añadió conjuntamente a la reivindicación de vuelta a la naturaleza gracias a la sociedad occidental de los últimos tiempos, como la igualdad entre sexos, por ejemplo, y tal vez los derechos del niño y el respeto a los animales domésticos, márgenes de mejora que hacen de la sociedad india una sociedad también incompleta. Pero si Gándara apunta a un defecto en el ensayo de Junger, este es “el factor regresivo: el miedo a la incertidumbre, a lo desconocido, encarnado en un futuro que apuesta siempre al riesgo (de los cuales, efectivamente, la exclusión es uno de ellos)”. Dicho de otra manera, apuesta al y apesta a riesgo. Gándara da por supuesto que la vuelta a casa supone la conciencia de ir a un lugar seguro y palpable, algo que no es universal. Y aprovecha para denunciar la fantasía de unos tiempos pasados y mejores a los que es posible volver, una idea ciertamente reaccionaria y, a su juicio, anticrítica, porque el regreso es miedo y horda, mientras que el destino no está dibujado.

Sin embargo, el libro de Junger versa sobre lo que nos une. Lo que provoca miedo y horda lo deja al margen, y dado que se trata de un corresponsal de guerra, bien sabe a qué se atiene. Junger parte de un hecho real, actual, y que seguro estará presente en el futuro, como es el trastorno de estrés postraumático, es decir, las neurosis propias de la civilización y que provocan el aumento exponencial del consumo de pastillas para dormir. En el destino, lo que nos espera, dada la trayectoria, es también un oscuro miedo a no descansar, y horda, con la paradoja de ser horda compartiendo la soledad entre cuerpos. Junger se sirve del término tribu para referirse a un modo de sociedad en la que la presencia del otro sirva para sanar. Lo que sucede es que los ejemplos los encuentra en el pasado. A la hipótesis de Junger convendría añadir la belleza de libros como Una temporada en Tinker Creek, de Anne Dillard (Errata Naturae), en el que la protagonista se cura de los males que afectan a la respiración gracias a convivir con un entorno que se asemeja a la lectura de Hojas de hierba. En la tribu, según Junger, Dillard y el mielero de Vicent, se coopera. En la sociedad, cuyo destino Gándara sospecha no podemos definir, se compite. Y eso augura más fraude y más cobardía. Mientras que lo que nos reconciliará con la vida será o el diván vienés, o la comunidad donde el cooperativismo surja de forma natural, algo mucho más práctico y que, ya lo comenta Junger, se ha dado en la historia en tiempos en que la vida no permitía el lujo de acogerse a enfermedades burguesas, que son las que se curan gracias al psicoanálisis.

La tesis de Junger ya aparece recogida en el clásico Ensayo sobre el exotismo, de Víctor Segalen (La línea del horizonte). Junger menciona cooperación, Segalen estética de lo diverso, para a continuación sacar la naturaleza humana al exterior. De alguna manera, el libro trata sobre la naturaleza exohumana que es, necesariamente, la que nos pone en contacto con los demás. Tanto Junger como Segalen consiguen, por diferentes vías, dotar al otro, a él, de una tercera dimensión. En una época en la que cualquier forma de viaje se ha transformado en una versión más o menos sofisticada del turismo, el otro se ha aplanado: lo conocemos a través de dos dimensiones, las de las pantallas o las de los cristales, aunque estos sean los de las ventanas del hotel o del autobús, y las pantallas las de los portátiles y los smartphones. Segalen baja lo divino a lo humano, aboga por conocer al otro, al diferente, en una relación horizontal. También se enfrasca en la búsqueda y no en las certezas, pero sí que sabe que, sin el respeto, no conoceremos la identidad del otro. Por si esto no fuera suficiente, el miedo a que el otro no conozca nuestras identidades debería bastar para tomar en consideración las hipótesis de Junger y Segalen.

Entre las últimas publicaciones descubrimos un libro que se enfrasca de lleno en esto, casi sin querer. Porque cabe dudar que Mathias Enard estuviera pensando en la tercera dimensión del otro mientras escribía Brújula (Literatura Random House). Y este es, sin embargo, el mayor logro del libro, su principal virtud literaria. El texto se demora tanto como los recuerdos de un anciano que en la última noche revisa su mayor amor, su amor imposible, el que no le ha permitido volver a enamorarse. Con esta mujer compartió viaje por Oriente Próximo y aquí saltan todas las alarmas. Estamos frente a una revisión, eso sí, del orientalismo. Y de eso es tan consciente Enard que, en el momento en que el nombre de Edward Said sale a la palestra, los personajes deciden echar la marcha atrás: “Said había planteado un tema incómodo pero pertinente, el de la relación en Oriente entre el saber y el poder”, comenta el narrador. La novela presenta la relación de un viaje en el que los protagonistas visitan los lugares afectados por hologramas sensibles que ellos generan al recrear el pasado. La memoria es algo más bien triste y el consuelo es la música. La obra contiene muchos valores, que ya se han declarado en cientos de críticas, pero es tan tranquila y hermosa como peripatética. Que es, al fin y al cabo, lo que pretende. De hecho, Enard ejecuta un ejercicio de estilo de larguísimo aliento, al escribir como piensa el narrador, siguiendo el dictado de Montaigne de que uno piensa como orina. Pero orine como orine, Enrad y su narrador piensan en los demás como seres de tres dimensiones: el recuerdo en condicional de los mejores días de su vida, en contacto con personas que sanaban todo con la mirada, expresa al mismo tiempo bienestar y locura.

Enard, como Segalen, como Junger, como Dillard, a la hora de la verdad, casi como cualquiera con la cabeza en su sitio, si tiene que elegir entre el mielero de Vicent y el hombre sin atributos que Gándara supone en el futuro, opta por el mielero. Una profesión que, por cierto, ya ha desaparecido. Pero queda inventar un sustituto directo en el destino, un nuevo mielero, sin estrés postraumático, ni miedo ni horda, a no ser que caigamos en la máxima expresión del existencialismo, y refugiándonos en el tópico de que el destino no nos lo hacemos, nos atengamos al fraude y a la cobardía.

En cualquier caso, la lectura de los libros apuntados nos reconforta, pero Gándara hace bien en avisarnos de que no debemos bajar la guardia, y mucho menos en lo exohumano. Sobre todo, teniendo en cuenta que la lectura, una forma más de posibilidad de concebir la tercera dimensión del hombre, baste el ejemplo el paréntesis en la vida de Dillard semejante a la lectura de Hojas de hierba, empieza a caer en encasillamientos inexplicables. Digo esto después de leer una reseña de una novela en la que se supone que se indaga en la naturaleza del hombre moderno, pero para la que se utilizan expresiones como: “ideada a base de estructuras codificadas, nebulosas y tensas conexiones rizomáticas”, “un artefacto construido por transcodificación” o “subvertir taxonomías”. Por mi parte, yo alzo la boina, como el mielero, me rasco el cogote, pongo gesto de interrogación y me marcho a ver si encuentro una tribu en la que curarme de la deriva social y literaria, antes de que se me venga encima la horda y el miedo, o de averiguar qué me trae el destino.




Ricardo Martínez Llorca es autor de los libros Tan alto el silencio (Debate), El paisaje vacío (Debate, premio Jaén), El carillón de los vientos (Alcalá), Después de la nieve (Desnivel), Cinturón de cobre (Pre-textos), Al otro lado de la luz (La línea del horizonte), Hijos de Caín (Xplora) y El precio de ser pájaro (Desnivel). Ha colaborado en distintas revistas de viajes y literatura y en la Escuela Contemporánea de Humanidades. En la actualidad es crítico literario en Quimera, Revista de letras y La línea del horizonte. Dirige la sección ‘Viajes y libros’ en Culturamas. En FronteraD ha publicado, entre otros artículos, Al final de la frontera. Una literatura, Entre años salvajes, guerreros alpinos y un leñador. ¿Existe la literatura de montaña?, “Más allá de vuestras leyes hay una pradera”. Acerca del arte y la filosofía de caminar y Janet Malcolm. Un caso de conciencia, o Chéjov, Freud, el periodismo y el asesino.  

miércoles, enero 25, 2017

John Fante La vida narrada con talento, POR ALESSANDRO BARICCO

EL UNIVERSAL online / Confabulario





John Fante
La vida narrada con talento



 El escritor estadounidense John Fante (1909-1983) es uno de los grandes olvidados de su generación. Fue después de su muerte, gracias a que Charles Bukowski confesara una abierta admiración por este hombre “que no le temía a los sentimientos”, que sus novelas comenzaron a editarse a gran escala. Hasta ahora se publica en Italia Pregúntale al polvo, su libro más celebrado, con un comentario de Alessandro Baricco, que reproducimos a continuación, en el que la sensibilidad de un muchacho católico de ascendencia italiana se da de frente contra un mundo incomprensible del que lo salva la escritura.







POR ALESSANDRO BARICCO

La novela Pregúntale al polvo (Anagrama, 2001) está montada sobre tres historias. Primera: un muchacho de veinte años sueña con ser escritor y, en efecto, lo logra. Segunda: un muchacho de veinte años, católico, intenta vivir pese al hecho de ser católico. Tercera: un muchacho de veinte años ítaloamericano se enamora de una joven hispanoamericana y quiere casarse con ella.

Todo esto situado en California.
Imagínense que amalgaman las tres historias, que hacen que confluyan los tres muchachos de veinte años (el escritor, el católico, el ítaloamericano enamorado) en uno solo, y lo que obtienen se llama Arturo Bandini. Agítenlo y obtendrán Pregúntale al polvo. Admitiendo, claro está, que ustedes posean un talento bestial.

No sé si John Fante lo habrá hecho conscientemente, pero de hecho, él eligió para esas tres historias una andadura sorprendentemente geométrica: la historia del escritor termina bien, la historia del católico no concluye, se queda bloqueada en sí misma, y la historia del enamorado termina mal, por lo que el libro crece siguiendo el armónico estrabismo de un personaje que gana y pierde en equilibrio simultáneo. Si, a pesar de esto, al lector le queda la percepción de un libro profundamente doloroso y adolorido, es por la manera en que Fante, más o menos conscientemente, distribuyó las tres historias en el tejido del libro. Pregúntale al polvo comienza narrando las primeras dos (donde Bandini gana y pierde a partes iguales), y aquí el libro crece en la luz agradable de una humanidad frágil pero alegremente indestructible.
Luego, aparece Camila, y al libro lo va absorbiendo una vertiginosa derrota. En los últimos capítulos, los éxitos del Bandini escritor y las ciénegas inmóviles de su catolicismo, acompañan el hundimiento de Camila, como escenarios cada vez más lejanos y baladíes. Con metamorfosis de insecto, el libro sale del capullo de un alegre diario juvenil para remontar el vuelo de una adulta e insalvable derrota. ¡Vean lo que puede hacer una mesera mexicana...!

La historia del muchacho de veinte años que sueña con ser escritor es muy lineal, sencilla y decorada con un final feliz. A quienes se hayan embarcado en semejantes ambiciones, la narración les regala, no obstante, algunas lecciones útiles. La primera tiene que ver con la relación entre escribir y el dinero. Bandini escribe para ganar dinero: no para expresarse, no para crear algo hermoso, quizá ni siquiera para demostrarle algo a alguien. Escribe porque tiene hambre y quiere comer; porque está solo y quiere mujeres ricas y perfumadas; porque a su alrededor ve a la ciudad de Los Ángeles y quiere poseerla. Muy pragmático y muy norteamericano. No es que las cosas, en general, sean exactamente así, pero la conexión entre el gesto de escribir y el gesto del artesano que trabaja para vivir es un buen punto de partida. Todo lo demás, si acaso, viene después. En esto, creo que él tenía razón.

Otra buena lección: escribir es una obsesión. También aquí, no es que las cosas siempre sean así; pero, ciertamente, a menudo, en la base de la ambición literaria se encuentra una absurda propensión a reducir la vida a un concepto eventualmente bueno para una narración. “Estoy aquí por una razón muy precisa: estos momentos —el lado horrible de la vida— se transformarán en igual número de páginas”. Gente así, en general, expía una homicida incapacidad para vivir la vida, ya que además está ocupada en copiarla mentalmente y en dividirla en capítulos. En cierto punto, Bandini termina casi ahogado en las olas, frente a la playa de Santa Mónica, y en verdad se las ve negras. Está a punto de morir, y probablemente también está a punto de morir Camila, su amor, desaparecida entre las grandes olas. Lo único que le queda por hacer es encontrar la manera de salvar su pellejo. “Y sin embargo, incluso en ese momento, era como si estuviese escribiendo, como si estuviese registrando todo en el papel. Frente a los ojos tenía la hoja escrita a máquina, mientras flotaba, derribado por las olas, sin lograr alcanzar la costa, seguro de que no saldría vivo del mar”. Quienes no entienden una locura de este tipo tienen pocas probabilidades de sobrevivir como escritores. Fante la conocía, creo, muy bien, y es más, hace de ella la música con la que baila toda su vida.

Ultima lección: el prólogo que aquí encontrarán como apéndice, Fante quería ponerlo encabezando el libro (como prólogo, precisamente) pero el editor lo convenció de dejarlo donde estaba (y era difícil que no tuviera razón, dado que le narra al lector cómo termina el libro...). Fante nos volvió a derramar, en forma más bien libre, todo el material autobiográfico con el que nace Pregúntale al polvo.

La segunda historia, la del muchacho católico de veinte años que intenta vivir no obstante el hecho de ser católico, es quizá la historia que pudo transformar a Pregúntale al polvo en algo más que una lograda comedia trágica. Desgraciadamente, la llegada de Camila y la fuerza de su consecuente historia de amor llevan lejos al libro, y la reflexión sobre las taras de una joven mente católica se queda en enunciado sin grandes desarrollos. Hubiera estado muy bien verla irse hasta el fondo. Pero ya en sí, el enunciado, de todas maneras, vale la pena. Lo que Bandini tiene de inexorable católico es el instinto para interpretar la vida como una secuencia de culpa y castigo, destinada a repetirse hasta el infinito. Lo que Bandini tiene de inexorable católico, es el odio por esa manera de ver las cosas y una incapacidad absoluta de sustraerse a ese odio. No sé lo que el público norteamericano pueda entender de todo esto, porque si uno no ha crecido en un país católico, no puede saber cómo esa geometría de juicio final se ensarta en los pliegues más recónditos de la fantasía, y pueda sobrevivir a cualquier ateísmo sincero. Pero Fante sabía algo de esto. Y su reconstrucción del curioso fenómeno es implacable e irónicamente feroz. Se puede decir que en los primeros cuatro capítulos, Bandini no hace más que tratar de ser un niño malo, pensamiento fijo en cualquier buen muchacho: se va de putas, roba, maltrata a golpes de racismo a una muchacha que no le ha hecho nada. Una especie de camino de formación al revés. Punteado, inexorablemente, por fracasos: el complejo de culpa llega instantáneo, a veces incluso antes de cometer el pecado, provocando la incapacidad de cometerlo. En el décimo segundo capítulo, Bandini termina en la cama con una mujer equivocada, una mujer frágil a la que no puede hacerle más que mal. En resumen, la usa. En la mañana se levanta de la cama, sale, y la tierra se pone a temblar: terremoto en Los Ángeles. “Había sido yo. Era mi culpa”. No creo que a un budista se le hubiera ocurrido decir esto. Ni siquiera a un protestante. A un católico sí. “Has sido tú, Arturo, y esta es la cólera de Dios”.

Lo que había entendido Fante es que una incapacidad de pecado de este género no puede más que exiliar de la vida. Y lo escribe admirablemente en el personaje de Bandini hasta la mitad del libro: haciendo de él un tipo humano con una obsesiva pregunta grabada en la cabeza: ¿qué hago yo aquí? Por donde vaya, Bandini quisiera irse a otro lugar. “Ahora que estoy aquí, me doy cuenta que hubiera sido mejor no haber venido”. Se puede decir que la escritura es el único lugar en el que se siente legitimado para vivir. El resto del mundo es un lugar errado. Muchos años después, en la otra costa norteamericana, Holden Caufield echará fuera, con ironía análoga, el mismo sordo dolor (ni siquiera con la panacea de la escritura). Sin embargo, él será lo que Bandini no logró ser: un personaje universal. Porque su exilio era el exilio de lo humano, que no reconoce la casa que se ha construido: por así decirlo, en Bandini, las raíces del extrañamiento eran más regionales: la matriz católica interpretaba la parte del león, y llevaba todo a una matriz particular, casi local: no era exactamente la historia que la mayoría reconocía. La de Holden la llevaban todos en el bolsillo.

Luego llega Camila, y de alguna manera, Bandini resume y simplifica toda su incapacidad de vivir en su incapacidad de amarla. En un cierto sentido, deja de luchar. Camila es el lugar equivocado en el que decide quedarse, sin plantearse más preguntas, exiliado crónico, va como debe ir, como un autómata, hasta el fondo. Pero no es una historia vivida. Camila es su exilio definitivo, la rendición de toda rebelión. Sobreviven, como relámpagos de un temporal que se va alejando, esos abrazos fallidos, esa incapacidad de tener sexo con ella, esa impotencia prevista, esperada, sufrida y odiada. Me gusta que en esos momentos Fante quite el pie del acelerador, deje el bisturí con el que estaba operando y elija eufemismos frívolos con tal de no llamar a las cosas por su nombre. “Deseo sin pasión”, le llama. Se necesita tener sangre católica en las venas para lograr un goteo de este tipo.

En cuanto a la historia de amor, bueno, aquí hay poco qué decir. Realmente le había quedado muy bien. Toda torcida, sin héroes, sin resoluciones, un poco ambigua, dolorosa. Me gusta que ella sea del tipo del que se puede decir: “Aparte del contorno del rostro y del candor de sus dientes, no era hermosa”. Me gusta que él, cuando termina en la cama con ella, tome unos furgones mentales que lo llevan a kilómetros de allí. Aunque luego la ame como un loco, pero que realmente no logra quedarse allí. “Parecía que me había vuelto de madera, sin sentimientos, tan solo el pánico y la sensación de que ella era demasiado hermosa para mí; es más, más hermosa y firme que yo. Me sentí extraño ante mí mismo”. Quizá las cosas son exactamente así: las personas a las que realmente vale la pena amar son las que te convierten en un extraño ante ti mismo. Aquellos que logran arrancarte de tu hábitat y de tu viaje, y te trasplantan a otro ecosistema; que logran mantenerte vivo en esa jungla que no conoces y donde ciertamente morirías, si no fuese porque ellos están allí y te enseñan los pasos, los gestos y las palabras: y tú, contra toda previsión, eres capaz de repetirlos.

Pero luego quién sabe...
Dos notas sobre el estilo de Fante, sólo para entender al artesano y su gesto. En Pregúntale al polvo, Fante usa una lengua literaria que conoce sustancialmente dos registros, y los alterna con sabiduría. El primero es una lengua base, por así decirlo la Fante-base: una prosa bien hilada, ligera, sin particulares asperezas léxicas o sintácticas, limpia, veloz, a menudo lubricada con un humor dispensado con mano ligera, muy hábil. Valga como ejemplo, el incipit:
Cierta noche me encontraba sentado en la cama del cuarto de la pensión de Bunker Hill en que me hospedaba, en el centro mismo de Los Ángeles. Era una noche de importancia vital para mí, ya que tenía que decidir algo sobre la pensión. O pagaba o me iba: es lo que decía la nota; la nota que la dueña me había deslizado por debajo de la puerta. Un problema relevante, merecedor de una atención enorme. Lo resolví apagando la luz y echándome a dormir. (Pregúntale al polvo, Anagrama, 2001, p. 13)


Si uno lee un comienzo de este tipo, de inmediato queda claro que no está leyendo a Faulkner. Ni siquiera a Chandler (carecía de esa sobriedad), ni aSaroyan (no tenía ese humor), a Steinbeck (seguramente más ambicioso), o a Hemingway (difícil, incluso para él, poner en las primeras líneas todo ese humor). Soltura, facilidad y humor parecen ser sus rasgos distintivos, y en este sentido, él parece más bien un anticipador de esa áurea ligereza que labró la fortuna de Salinger. En su mejor momento logra producir páginas como esa en la que Bandini llega a la recepción del hotel Alta Loma: lleva consigo su primer cuento publicado (“El perrito que reía”) y detrás del mostrador encuentra a la señora Hargraves:
—¿Tiene trabajo? —preguntó.
—Soy escritor —respondí—. Espere, puedo demostrárselo.
Abrí la maleta y saqué un ejemplar.
—Yo lo escribí —le dije. En aquella época yo era muy impaciente, muy soberbio—. Se lo voy a regalar. Se lo dedico.
Tomé la pluma del escritorio, pero estaba seca y tuve que mojarla en el tintero; moví la lengua mientras pensaba en algo simpático que ponerle.
—¿Cómo se llama usted?— le pregunté.
—Soy la señora Hargraves —me dijo sin el menor entusiasmo—. ¿Por qué? Como le estaba haciendo un favor, no tenía tiempo de responder a ninguna pregunta, así que escribí en la parte superior de la página donde comenzaba el relato: “Para una dama de encanto inefable, de maravillosos ojos azules y sonrisa generosa, del autor, Arturo Bandini”.
La verdad es que tenía una sonrisa que le destrozaba la cara, ya que le acentuaba el mapa de arrugas que le agrietaba la piel reseca de la boca y las mejillas.
—No soporto las historias sobre perros —dijo, escondiendo la revista. Me miró por encima de las gafas desde una atalaya más elevada aún.
—¿Es usted mexicano? —preguntó.
Me señaló con el dedo y rompí a reír.
—¿Mexicano yo? —negué con la cabeza—. Soy americano, señora Hargraves. Además, tampoco es un cuento sobre perros. Es sobre un hombre y está muy bien. No sale ni un solo perro en toda la historia.
—En esta pensión no admitimos mexicanos —dijo.
—No soy mexicano. Y el título del cuento lo saqué de la fábula. Ya sabe: “Y el perrito rió al ver una cosa tan rara”.
—Tampoco judíos. (p. 63-34)
Página ejemplar. Un strike perfecto, si la literatura fuese un juego de beisbol.
El otro registro es un tono, por así decirlo, de balada: más libre, menos disciplinado, casi “cantado”. Generalmente el humor desaparece e irrumpen tonos de sabor poético. Las frases se alargan y se van a buscar un paso y una rotundidad musical. Baladas, en todo y para todo. Nunca duran más de una página, página y media. A menudo son un asunto de diez líneas. Ejemplo:
¿Qué hacer entonces? Elevar la boca al cielo para parlotear y balbucir con una lengua asustada? ¿Descubrirme el pecho y golpeármelo como un tambor resonante para llamar la atención de mi Salvador? ¿No es más lógico y conveniente justificarme y seguir andando? Pero habría desorientaciones, habría anhelos; habría soledad, no tendría más que lágrimas, pajarillos húmedos del consuelo, aunque también belleza, una belleza semejante al amor de una muchacha difunta. (p. 123)
Es común encontrarse con este tipo de baladas sin preparar, sembradas en páginas de escritura completamente diferente, incluso en Hemingway, en Saroyan, en Steinbeck. En cierto sentido también los “Ojos fotográficos” de Dos Passos eran algo similar. No sé, debe ser una perversión de los norteamericanos. Tiene algo de ingenuo y de vagamente no logrado. Sin embargo, si uno la cortara y la quitara, sencillamente, quién sabe qué sería de los equilibrios internos, y del color en su conjunto, y del perfil de los personajes. Esas escrituras son como orquestas.


Baricco (Turín, 1958) es autor de Seda y Sin sangre.

Traducción de María Teresa Meneses.

sábado, enero 07, 2017

O Assassinato Científico de um Revolucionário Sexu...

SARAU PARA TODOS: O Assassinato Científico de um Revolucionário Sexu...: https://www.vice.com/pt_br/article/o-assassinato-cientifico-de-um-revolucionario-sexual-como-os-eua-interromperam-a-utopia-orgasmica-de-wil...





Em julho de 1947, o Dr. Wilhelm Reich — um psicanalista brilhante, porém, problemático que já tinha sido o estudante mais promissor de Freud; que já havia enraivecido os nazistas e os stalinistas bem como as comunidades psicanalítica, médica e científica; que sobreviveu a duas guerras mundiais e fugiu para Nova York — estava morrendo em sua cela numa prisão em Lewisberg, Pensilvânia, acusado pelo governo de ser uma fraude médica engajada num “golpe sexual”.
Esse “golpe” um dia seria chamado de “revolução sexual”. Mas ainda era 1947 nos Estados Unidos — um país que não estava nem pronto para a psicanálise, uma ciência ainda nascente que a Harper's e o The New Republic categorizaram, juntamente com as teorias de Reich, como sendo não melhores do que a astrologia (a Harper's tinha decidido que Reich era o líder de um “novo culto de sexo e anarquia”).
Se o público norte-americano não estava pronto para o Dr. Freud, imagine para o Dr. Reich — um homem que pesquisava a força energética do orgasmo em si em seu instituto Orgonon, próximo de Rangely, Maine.
Reich tinha levado as teorias de Freud mais longe. Longe demais, de acordo com o FDA (a Administração de Alimentos e Drogas dos Estados Unidos). Começando com a conexão de Freud entre repressão sexual e neurose, Reich teorizou que era a inabilidade física de se render ao orgasmo o que gerava a neurose e, por fim, levava as pessoas ao fascismo e ao autoritarismo. Reich migrou da cura de Freud pela fala para algo chamado análise do caráter, uma terapia criada para ajudar seus pacientes a superarem bloqueios físicos e respiratórios que os impediam de experienciar o prazer. Finalmente, ele afirmou que o orgasmo era uma expressão do orgônio, uma força cheia de alegria da própria vida. Com aparelhos do tamanho de cabines telefônicas chamados acumuladores de orgônio, ele aproveitaria essa força para curar a neurose, doenças e até para afetar o clima e ajudar a agricultura.
Por causa dessas linhas de pesquisa, o FDA exigiu que Reich comparecesse ao tribunal para defender a si mesmo em 1954. Ele se recusou, afirmando que alegações da verdade científica deveriam ser resolvidas pela experiência, não num tribunal. O tribunal respondeu emitindo uma liminar contra a venda e transporte de seus aparelhos através das fronteiras dos estados e passou a queimar sistematicamente seus livros e periódicos. Não apenas o trabalho escrito de Reich, mas qualquer material escrito que contivessea palavra “orgônio” deveria ser destruído (paranoico e encurralado, Reich recusou a ajuda oferecida pela ACLU, a União Americana pelas Liberdades Civis, acreditando que a organização estava cheia de comunistas subversivos). Agentes da FDA também destruíram seus aparelhos e laboratório com machados — mas isso não foi tudo. A FDA levaria a perseguição da psicanálise austríaca muito mais longe.
O que havia nesse homem e em suas teorias que evocou o ódio de quase toda facção política e científica de sua época? O que havia em sua “revolução sexual” que valeu um arquivo do FBI de 789 páginas sobre Wilhelm Reich? O que provocou uma campanha sistemática de ataques que dificilmente faria pensar na América sã e racional que tinha acabado de vencer uma guerra contra os nazistas queimadores de livros — ataques que fariam lembrar a Inquisição, a morte de Giordano Bruno na fogueira ou o final de Frankenstein, com aldeões enraivecidos segurando tochas e forcados queimando o castelo do cientista louco?



O Combate Sexual da Juventude
Reich nasceu em 24 de março de 1897, numa fazenda na Galícia, Áustria-Hungria, no que hoje é a Ucrânia. Ele abraçou sua sexualidade bem cedo, tentando, sem sucesso, fazer sexo com a babá de seu irmão quando tinha quatro anos e meio, e finalmente conseguindo com a cozinheira da família aos 11. Aos 12, Reich descobriu sua mãe fazendo sexo com um de seus tutores. Quando ele contou ao pai, o homem espancou repetidamente a mãe de Reich até que ela cometesse suicídio. Reich se culpou pelo caso.
Dos 15 aos 17, ele fez diversas visitas a bordéis e registraria fantasias sexualizadas com sua mãe em seu diário aos 22 anos (naquele mesmo ano, ele conheceu Sigmund Freud, cujas teorias do complexo de Édipo podem ter influenciado essa confissão). Lore Reich Rubin, a segunda filha de Reich, diria mais tarde ao jornalista Christopher Turner que acreditava que Reich tinha sido vítima de abuso sexual na infância.
Enviado para o Exército durante a Primeira Guerra Mundial, Reich viu “a desumanidade do homem para com o homem” em primeira mão na frente italiana. Depois disso, ele estudou medicina na Universidade de Viena, onde ficou insatisfeito com o que considerava uma abordagem “mecanicista” da vida na dissecação fria de cadáveres por seus colegas estudantes. Assim, ele começou uma busca pela energia criativa que sentia como sendo subjacente à vida. Em1919, ele conheceu Sigmund Freud. Bem recebido no movimento psicanalítico em expansão, Reich recebeu a permissão para começar a atender pacientes aos 22 anos — ele logo ficaria marcado como o pupilo estrela de Freud, alguém talvez destinado à liderança.
Freud tinha identificado a raiz da neurose na sexualidade reprimida e a força motora da vida como sendo a libido — afirmando que “nenhuma neurose é possível com um vita sexualisnormal”. Seus dois grandes estudantes, Jung e Reich, deveriam levar sua teoria mais longe. Entretanto, enquanto Jung abordaria o caminho da mitologia, simbolismo e do oculto, Reich se aventuraria numa direção completamente diferente: o corpo.
Para além do reino da repressão psíquica, Reich postulou que o trauma também era reprimido fisicamente. Uma criança que sofreu abuso, por exemplo, e que não possuía o desenvolvimento emocional para processar tal evento, iria “armazenar” o trauma como tensão muscular, o que poderia causar dores crônicas mais tarde na vida e formar o físico e o caráter geral do indivíduo, sua abordagem para a existência. Reich acreditava que o caráter fascista era criado por um trauma inicial e que uma atitude repressiva ou abusiva para com a sexualidade se manifestava como uma “rigidez” física e emocional na vida adulta — Reich se preocupava com nada menos do que a erradicação do fascismo e do autoritarismo.


A abordagem de Reich da terapia, portanto, iria além da simples cura pela fala: ele também usaria massagens profundas e frequentemente dolorosas nas áreas de tensão muscular do paciente para liberar o trauma enterrado e trabalhar com os pacientes para aprofundar sua respiração e expressar suas emoções ignoradas, até mesmo sua raiva reprimida. Foi essa abordagem, combinada à atitude pró-sexualidade de Reich, que escandalizou o público e colocou sua carreira num foguete para lugar nenhum. (Embora bastante conservador em algumas áreas — ele se opunha à pornografia e à homossexualidade, por exemplo — Reich teve casos com várias pacientes no começo de sua carreira, ao final das terapias. Isso não era incomum nos primórdios da psicanálise; mesmo Freud discutiu a inevitabilidade dos casos amorosos. Em sua busca por liberar a energia da vida, Reich mais tarde receberia pacientes parcialmente ou totalmente despidos, quebrando totalmente a neutralidade analítica).
Reich logo descobriu que trabalhar os bloqueios tanto na psique quanto na musculatura poderia criar uma imensa liberação emocional em seus pacientes, desencadeando inclusive sentimentos de exaltação física e êxtase (Reich chamou essas sensações físicas de “correntes orgonóticas”). Conforme sua prática continuou, ele veio a teorizar que, abaixo das camadas de repressão muscular, havia o que ele chamava de “potência orgásmica” e que era a repressão muscular que blindava seus pacientes da total liberação orgásmica — uma experiência completa de vida.
 Um diagrama do funcionamento reativo e econômico-sexual do livro A Função do Orgasmo.
Em 1948, ele codificaria sua teoria em sua maior obra, A Função do Orgasmo, na qual afirmava que o orgasmo existia não somente como função reprodutiva, mas como uma maneira de o corpo regular a tensão e atingir a liberação emocional. A total liberação orgásmica — na qual o indivíduo não procura reprimir a função de forma física e psicológica — era vista por Reich como uma chave para a saúde mental. Como ele escreveu no livro: “Doenças psíquicas são o resultado de distúrbios na capacidade natural de amar” (Reich se casaria e se divorciaria três vezes — com a psiquiatra e ex-paciente Annie Pink, de 1924 a 1934, com quem ele teve duas filhas; com a dançarina Elsa Lindenberg, com quem ele teve um casamento aberto de 1933 até 1939, e com Ilse Ollendorff, com quem teve um filho, Peter, de 1946 a 1951. Paradoxalmente, Reich é lembrado como sendo cruel, infiel e ciumento em seus relacionamentos).
Freud era ambivalente sobre as ideias de seu discípulo. Em 1926, ele escreveu: “Não me oponho de maneira alguma à sua tentativa de resolver o problema da neurastenia explicando isso com base na ausência de primazia sexual”. No entanto, ele retirou seu apoio às teorias mais extremas de Reich dentro da comunidade psicanalítica mais ampla, talvez pensando na preservação de suas próprias vitórias culturais duramente conquistadas no campo da sexualidade. Sem o apoio de Freud, a comunidade psicanalítica logo lavou as mãos sobre o jovem analista.
Então, as coisas deram uma guinada para pior para Reich. Lutando com as reações contrárias a ele durante 1926, ele pediu para ser analisado por Freud. Seu mentor e figura paterna recusou seu pedido de ajuda. Reich ficou profundamente magoado. Logo em seguida, seu irmão morreu de tuberculose; Reich também contraiu a doença e passou um ano num sanatório em Davos, Suíça. Chocado por essa sequência de eventos, ele se tornou um radical e logo se juntou ao Partido Comunista. Testemunhando pessoalmente quando a polícia indiscriminadamente matou 84 trabalhadores e feriu 600 na Revolta de Julho de 1927, em Viena, Reich se convenceu de que havia algo muito errado com o mundo. A polícia não havia sido somente brutal, segundo ele observou, mas robótica, como se estivesse num transe — blindados.


Trabalhando nas ruas, Reich fez a conexão entre a repressão sexual com a repressão econômica que via ao redor. Ele abriu diversas clínicas em Viena, oferecendo análise, assim como educação sexual e contraceptivos para jovens da classe trabalhadora (na época, os liberais defendiam o uso de contraceptivos somente para pessoas casadas).

Reich com sua primeira esposa, Annie, que o conheceu como paciente aos 18 anos.

ELE ARGUMENTOU FORTEMENTE CONTRA A MONOGAMIA, DEFENDENDO “RELACIONAMENTOS AMOROSOS DURADOUROS” QUE NÃO ESTAVAM CODIFICADOS PELA LEI, MAS UNIDOS PELO AMOR.

Reich se mudou para Berlim em 1930, bem em tempo de testemunhar a ascensão dos nazistas – o ápice da blindagem de caráter. No entanto, apesar de continuar a desenvolver suas teorias e a escrever os comunistas também mostravam pouco interesse por seu material. Seu contrato com os Editores Psicanalíticos Internacionais foi cancelado depois que ele começou a defender a educação sexual e os contraceptivos para adolescentes em vez da abstinência – ele chegou a sugerir que a expressão sexual desmistificada para crianças podia ser crucial para criar adultos saudáveis e que suas perguntas deveriam ser respondidas de maneira franca. Em 1932, num livro chamado O Combate Sexual da Juventude, o Dr. Reich protestou contra as mensagens mistas sob as quais os adolescentes lutavam para entender sua sexualidade.
 “Os jovens são contaminados por um lado por moralistas e defensores da abstinência e, por outro lado, pela literatura pornográfica”, escreveu. “Ambas as influências são extremamente perigosas, a última não menos do que a primeira.” Naquele momento, na Alemanha, as apostas eram altas, observou o psiquiatra aos 27 anos: “A miséria sexual dos jovens modernos é imensurável, mas muito disso está fora de vista, abaixo da superfície”. Seus oponentes tomaram essa declaração com o significado de que as crianças deveriam assistir o coito dos pais, apesar de Reich jamais ter defendido isso.
Ele persistiu, argumentando fortemente contra a monogamia e defendendo “relacionamentos amorosos duradouros” que não seriam codificados pela lei, mas unidos pelo amor; qualquer outra coisa levaria a um “embotamento sexual”. Ele atacou o status de dependência econômica das mulheres, que mantinha elas presas em casamentos forçados. E, o mais radical de tudo, ele sugeriu que as crianças deviam ser criadas por uma comunidade estendida, libertando-as, assim, das neuroses de seus país biológicos. (Essas atitudes eram até certo ponto influenciadas por experimentos sociais similares que ocorriam na União Soviética.)
Dr. Reich estava entrando num território tabu que poucos ousaram violar, um território que permaneceria tabu até muito depois dele. Mas suas experimentações – e, particularmente, a resposta que ele engendrou – o mudaram, para melhor ou pior. Quando ele se encontrou com Freud novamente em 1930, seu ex-mentor parecia agora diminuído. Dr. Freud, escreveu ele, era um “animal enjaulado”.


Em 1933, a postura sexual do Dr. Reich levou os nazistas a uma ação. Ele e sua amante escaparam para a Dinamarca – para serem expulsos pelo Partido Comunista Dinamarquês. Então, eles partiram para a Suécia, onde Reich foi colocado sob vigilância; depois de a polícia ver vários pacientes entrando e saindo de seu hotel, eles ficaram convencidos de que ele era um cafetão. As autoridades negaram sua permanência no país. Mais choques se seguiriam: não só seu contrato de publicação do livro Análise de Caráter tinha sido cancelado, como, em 1934, quando ele apareceu na conferência anual da Associação Internacional de Psicanálise em Lucerna, ele foi informado que tinha sido expulso no ano anterior. Como convidado, ele apresentou um trabalho na conferência, mas o episódio marcou o fim de seus laços com a comunidade científica predominante para sempre.
“Disseram-me que meu trabalho em psicologia de massas, que era direcionado contra a irracionalidade do fascismo, tinha me colocado numa posição demasiada exposta”, ele escreveria mais tarde. “Por isso, minha filiação [...] não era mais sustentável. Quatro anos mais tarde, Freud fugiu de Viena por Londres, onde os grupos de psicanálise foram destruídos pelos fascistas [...] Subsequentemente, evitei contato com meus antigos colegas. O comportamento deles não era nem melhor nem pior do que o normal em casos assim. Isso era baixo e desinteressante. Uma boa dose de banalidade é tudo o que é preciso para abafar um assunto.”

Discussão na conferência de Lucerna, agosto de 1934: Erwin Stengel, Grete Bibring, Rudolph Lowenstein e Wilhelm Reich.
“Consegui um Acumulador de Orgônio – E Isso Fez Eu me Sentir Incrível”
Foi na Noruega, onde ele se estabeleceu nos cinco anos seguintes, que o Dr. Reich desenvolveu uma nova teoria: ele passou a acreditar que o orgasmo carregava uma energia real, batizada de orgônio e expressa não somente pela resposta orgásmica, mas, na verdade, na energia vital em si. Essa energia, em sua visão, permeava a natureza e o cosmos, expressando-se em fenômenos atmosféricos como a aurora boreal. (Freud tinha postulado uma teoria semelhante em 1890, mas desistiu da ideia.) Mais tarde, o Dr. Reich afirmou que o orgônio poderia ser observado de forma objetiva e que era composto de partículas azuis chamadas bions que ele havia observado no microscópio. Essa talvez seja a teoria mais controversa de Reich – uma tentativa de mover a psicanálise para além do reino das “ciências humanas” e direcioná-la para o campo da física e da biologia. Para a comunidade de psicanálise, isso era pura heresia.
Depois de enfurecer os psicanalistas, os comunistas e os fascistas, Dr. Reich agora se preparava para enfrentar o ataque direto da comunidade científica como um todo. Cientistas noruegueses travaram uma guerra contra ele na imprensa liberal, rejeitando sua pesquisa (e se recusando a submetê-la a um estudo detalhado de controle) e buscando deportá-lo. O governo norueguês, que já tinha sido criticado por deportar Trotsky, permitiu a estadia de Reich – mas o proibiu de praticar a psicanálise.


Quando a Segunda Guerra Mundial estourou, Reich, então com 36 anos, fugiu para os Estados Unidos, estabelecendo residência em Forest Hills, Queens, e realizando experiências onde injetava bions em ratos com câncer. Mas Reich continuou a ser um ímã de infortúnio. No dia 12 de dezembro de 1941, cinco dias antes do ataque a Pearl Harbor e um dia depois que a Alemanha declarou guerra aos Estados Unidos, ele foi preso pelo FBI na Ilha Ellis. Mais tarde, isso se revelou um caso de identidade trocada com um dono de livraria comunista de New Jersey também chamado Wilhelm Reich – mas o FBI só iria reconhecer o erro dois anos depois, em novembro de 1943. Pelo resto daquele mês, Reich foi deixado dormindo no chão da cela juntamente com os membros presos do Bund Germano-Americano, uma organização nazista norte-americana que Reich estava convencido que queria matá-lo.
O FBI liberou Reich depois que ele ameaçou começar uma greve de fome, mas ele continuou na “lista de figuras chave” da Unidade de Controle de Inimigos Estrangeiros e ficou sob vigilância do Estado. O incidente demonstrou a Reich que ele podia ter deixado a Europa para trás, mas que não havia escapatória da psicologia de massas do fascismo.
Reich se tornou mais comprometido do que nunca com a causa de quebrar a blindagem emocional da humanidade. Em seguida, ele começaria a projetar o que se tornaria sua maior controvérsia: uma tentativa de aproveitar e concentrar orgônio com gaiolas de Faraday adaptadas, que ele chamou de acumuladores de orgônio. Isolados com materiais orgânicos como madeira e papel, o que Reich acreditava que forçava a energia do orgônio a oscilar dentro da caixa, o acumulador, segundo ele, podia curar distúrbios mentais e físicos – potencialmente até o câncer. No dia 13 de janeiro de 1941, Reich levou o dispositivo até Albert Einstein, que o testou entusiasmadamente e notou que os acumuladores criavam um aumento de temperatura. Mas quando o assistente de Einstein, o físico polonês Leopold Infeld, sugeriu que o acumulador de orgônio estava produzindo calor simplesmente por causa do gradiente térmico da sala, já que isso era elevado do chão, Einstein rejeitou as caixas e se recusou completamente a admitir novos testes com elas. Para Reich, isso foi um eco amargo da rejeição de Freud, o desprezo de outro guardião estabelecido e potencial figura paterna.
Reich adquiriu terras em Rangely, Maine, e abriu seu instituto “Orgonon”, onde ele continuaria suas pesquisas. Além do orgônio, ele identificou uma segunda força – a DOR ou “Deadly Orgone Radiation” (“Radiação Mortal de Orgônio”), um tipo de antimatéria orgásmica presente na (e responsável pela) degradação ambiental, que ele acreditava cobrir o mundo. Ele logo passou a ver seu trabalho em oposição direta ao que o governo norte-americano tinha feito em Hiroshima e Nagasaki: ele estava numa corrida armamentista pela energia da vida, não pela energia da morte.
Foi aí que Reich começou a construir enormes armas de orgônio que ele chamava de “cloudbusters” e que, segundo ele, podiam reverter a desertificação e criar chuva. Apesar de o governo usar a tecnologia de semeadura de nuvens desde os anos 1940 para tirar água de nuvens com iodeto de prata ou gelo seco, Reich usou uma abordagem menos convencional. Sua técnica de semeadura de nuvens pretendia tirar energia “ôrgonica” diretamente da atmosfera através de uma série de canos e depositá-la no solo ou num corpo de água, como um para-raios, criando nuvens na esteira do orgônio canalizado. Fazendeiros começaram a pagar para que ele produzisse chuva para suas plantações – supostamente com sucesso, pelo menos de acordo com os seus próprios relatórios.
Durante essa época, Reich afirmou que seus experimentos com as cloudbusters tinham gerado interesse de visitantes inesperados: ele acreditava que OVNIs alienígenas, ou “alfas de energia” na terminologia de Reich, estavam atacando a terra com DOR. Reich disse ter visto várias naves alienígenas sobre o Orgonon; uma vez, segundo o analista, ele e seu filho usaram uma cloudbuster para defender a Terra numa “batalha interplanetária em larga escala” no Arizona.



A resposta do FDA aos empreendimentos de Reich foi declará-lo uma “fraude de primeira magnitude” e obter uma liminar proibindo o envio interestadual de acumuladores de orgônio e qualquer literatura relacionada. Quando um dos associados de Reich desobedeceu a liminar, contra a vontade de Reich, e transportou um acumulador através das fronteiras estaduais, Reich foi preso por desacato e sentenciado a dois anos de cadeia.



Reich sendo escoltado para a Penitenciária Federal de Lewisburg, março de 1957.
Na Prisão Federal de Lewisburg, Reich ficou conhecido entre os outros prisioneiros como o “homem da caixa de sexo”. Em novembro de 1957, aos 60 anos, ele morreu de ataque cardíaco, dias antes de ser colocado em liberdade condicional. Nenhuma publicação psiquiátrica ou científica cobriu seu falecimento. Além de alguns jornais anarquistas, seu trabalho ganhou um obituário de apenas um parágrafo na Time:
“Faleceu. Wilhelm Reich, 60 anos, psicanalista outrora famoso, depois, mais conhecido por suas teorias não ortodoxas sobre sexo e energia; de ataque cardíaco; na Penitenciária Federal de Lewisburg, Pensilvânia; onde ele cumpria uma pena de dois anos por distribuir sua invenção, o 'acumulador de orgônio' (violando uma liminar do FDA), um aparelho do tamanho de uma cabine telefônica que supostamente reuniria energia da atmosfera e podia curar, quando o paciente se sentava dentro dele, gripes comuns, câncer e impotência.”
Uma década depois, no meio dos anos 1960, a Time ponderou que “Dr. Wilhelm Reich talvez tenha sido um profeta”, e “Agora, às vezes, parece que toda a América é uma grande caixa de orgônio”. Mas, em 1957, o mundo pouco se importou. Em vez de testar suas teorias ou simplesmente descartá-las, a FDA queimou Reich numa grande fogueira.


 Eu Ainda Sonho com Orgonon


Em sua busca por desenterrar as raízes das neuroses sexuais da humanidade, Reich desafiou quase todo o tabu da civilização ocidental, enfureceu quase toda força estabelecida da época e morreu na prisão por seus esforços. No entanto, sua influência pode ser ainda maior do que geralmente é creditado a ele.
Enquanto Reich definhava na prisão, a revolução sexual que ele tinha ajudado a iniciar estava começando a se manifestar. Elvis fez sua estreia na TV em 1956, mexendo seus quadris de uma maneira que, decididamente, irradiava orgônio, demonstrando o tipo de libertação de blindagem de caráter que Reich provavelmente queria de seus pacientes. No meio dos anos 1960, com o lançamento da pílula anticoncepcional, a revolução sexual estava em pleno andamento. (Aliás, “revolução sexual” é um termo cunhado por Reich.)

“QUANDO ENTREI NO ACUMULADOR E ME SENTEI, NOTEI UM SILÊNCIO ESPECIAL QUE, ÀS VEZES, SE SENTE NAS FLORESTAS PROFUNDAS [...] MINHA PELE ARREPIOU E EXPERIMENTEI UM EFEITO AFRODISÍACO SIMILAR AO DE UMA ERVA BOA E FORTE. O ORGÔNIO É DEFINITIVAMENTE UMA FORÇA COMO A ELETRICIDADE.” – WILLIAM S. BURROUGHS

Estudantes que participavam dos protestos em Paris e Berlim em 1968 jogavam cópias do Psicologia de Massas do Fascismo de Reich nos capacetes dos policiais. Jack Kerouac e Allen Ginsberg abraçaram as teorias de Reich; William S. Burroughs investigou os acumuladores de orgônio por anos e escreveu extensivamente sobre eles em seu trabalho. Ele chegou mesmo a construir sua própria caixa acumuladora, onde ele entrava para escrever (enquanto fumava haxixe).
“Quando entrei no acumulador e me sentei, notei um silêncio especial que às vezes se experimenta nas florestas profundas, às vezes numa rua da cidade, um zumbido que é mais vibração rítmica do que um som”, escreveu ele em Junky. “Minha pele arrepiou e experimentei um efeito afrodisíaco similar ao de uma erva boa e forte. Não há dúvida, o orgônio é uma força definitiva como a eletricidade. Depois de usar o acumulador por vários dias, minha energia voltou ao normal. Comecei a comer e não consegui dormir mais de oito horas. Eu estava no período pós-cura.” Assim como fez com a ayahuasca, Burroughs tentou curar a si mesmo do vício em heroína e da síndrome de abstinência com o acumulador. (Apesar de tentar quase todas as curas para vício em heroína do planeta, Burroughs nunca conseguiu permanecer limpo por muito tempo e morreu num programa de manutenção com metadona.)




Kurt Cobain visitou William Burroughs em 1993. “Sentei na máquina de orgônio e havia viúvas negras lá dentro, ele [Burroughs] ainda tinha uma e eu estava com medo, porque tenho aracnofobia. Ele teve que matar todas as aranhas para mim.”
Saul Bellow, J.D. Salinger, Michael Foucault e Norman Mailer também desenterraram Reich; como Burroughs, Mailer construiu seus próprios acumuladores e saiu em busca de liberar a si mesmo por meio do que ele descreveu como um “orgasmo apocalíptico” – em seu ensaio “The White Negro”, Mailer fala do antiautoritário como aquele que “busca amor [...] amor como a busca de um orgasmo mais apocalíptico do que aquele que o precedeu”. Mesmo Sean Connery mergulhava em orgônio em seu próprio acumulador enquanto filmava alguns de seus filmes do James Bond.


O New York Times, numa crítica literária de A Psicologia de Massas do Fascismo, pediu uma reavaliação séria do trabalho do analista. Reich logo ficou tão em moda entre os intelectuais que, em 1968, Roger Vadim atormentou Jane Fonda com uma máquina do prazer criadora de orgônio em Barbarella, e Woody Allen fez uma paródia do acumulador de orgônio como o “Orgasmatron” em O Dorminhoco, de 1973. Quase uma década depois, Kate Bush e Terry Gilliam contariam a história de Reich no vídeo “Cloudbusting” de Bush, onde Donald Sutherland interpreta Reich e Bush faz o papel de seu filho Peter.

Clipe de “Cloudbusting” de Kate Bush, 1986, dirigido por Julian Doyle e concebido por Bush e Terry Gilliam. A ambivalência compreensível da disciplina psicanalítica sobre Reich não tinha mudado, mas a cultura sim. As ideias de Reich encontraram um interesse mais amplo. Como Norman Mailer resumiria depois para seu analista Walter Kendrick: “O que era importante para mim era a força, a clareza, o poder dos primeiros trabalhos [de Reich] e a audácia. E também o fato de que acredito, num sentido básico, que ele estava certo”.
As ideias de Reich nunca foram reavaliadas pela comunidade científica – nem pelos psicanalistas, que ainda o consideram uma mácula em sua história. Ainda assim, suas ideias terapêuticas se infiltraram numa comunidade psicanalítica mais ampla e tomaram novas formas, sob novos nomes, contribuindo para a psicologia corporal, psicologia do ego, a terapia Gestalt de Fritz Perls (que tenta tratar o paciente como um todo, não só seus sintomas individuais) e a terapia do grito primal de Janov (que, como a terapia de Reich, utiliza o grito e a vocalização para abrir a blindagem do paciente).
Em muitos aspectos, a influência de Reich pode ser detectada de modo mais flagrante na grande variedade de terapias corporais de “bem-estar” e mesmo na grande popularidade da massagem e da ioga. A ideia de Reich de que o homem era pego na “armadilha” da blindagem de seu próprio caráter encontrou um lar nos movimentos nascentes da Nova Era e do Potencial Humano.



A casa, laboratório e escola de Wilhelm Reich é agora um museu em Rangeley, Maine. A antena astrolábio (esquerda) está montada no topo do observatório para detectar Energia de Orgônio. O lago Rangeley pode ser visto abaixo. Uma das “cloudbusters” de Reich (direita), no observatório. Fotos por Michael Kassner, CLUI.
Os livros de Reich continuam sendo publicados pela Farrar, Strauss e Giroux, e o American College of Orgonomy, em Princeton, Nova Jersey, continua sua linha de pesquisa, publicando o Journal of Orgonomy, realizando palestras públicas e oferecendo aulas de sensibilização. Terapeutas reichianos, apesar de em número cada vez menor, continuam a praticar suas ideias. O mundo dos reichianos, no entanto, continua fechado, seja por falta de interesse do público ou pela mentalidade de cerco dos defensores restantes de Reich. Alguns reichianos desonestos, como James De Meo, continuam a tentar novos experimentos, mas gerando cada vez menos publicidade. Os arquivos do Dr. Reich são mantidos pela Wilhelm Reich Infant Trust no Orgonon. Seu local de descanso final está na propriedade de 175 acres de floresta. O local é aberto a visitas.


Apenas 50 anos depois da revolução sexual que Reich previu, vivemos numa sociedade hiperssexualizada – um lugar onde somos constantemente barrados pelo oposto de repressão sexual. Tudo à nossa volta parece dificilmente acumular algum orgônio – propaganda, música pop, televisão, revistas, pornografia na internet.
Mas mesmo que a humanidade do século XXI possa parecer mais sexualmente liberada, Reich provavelmente teria visto o super estímulo da mídia como somente outra forma de “fugir” do contato amoroso com outro ser humano. Fervorosamente contra a pornografia, Reich talvez enxergasse uma civilização debruçada sobre computadores e bancadas de fábricas exploradoras, trocando a conexão com o físico pela conexão com um smarthphone, e concluiria que a “praga emocional” continua viva e bem. Talvez ele enxergasse uma população mais blindada do que nunca, imersa num ambiente cheio de variantes da DOR, fora de contato com a vida, e necessitando talvez de uma liberação sexual completamente nova – um retorno ao mundo físico.
Jason Louv dirige o blog futurista Ultraculture.org, e canaliza dados do lado negro no @jasonlouv.

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