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sábado, mayo 14, 2011

AMATEUR de TOMAS SEGOVIA


PALABRAS DE AMATEUR

Estas páginas son la traducción del texto leído en francés en la Universidad de París 8, Vincennes-Saint-Denis, el 15 de marzo de 2011, al recibir el doctorado honoris causa. El original francés puede leerse en http://www.box.net/shared/fd63s51uoo

Ser objeto de un honor como el que este acto consagra es cosa que conlleva el peligro de perder un poco el sentido crítico. Salta a los ojos de cualquiera que se trata de un gran honor, pero desde mi muy personal punto de vista, no llego a convencerme de que sea merecido. Lo que podría llamarse, sin insistir demasiado en el término, mi obra, nunca he pensado que sea una profesión. He tenido en el transcurso de mi vida actividades que pueden considerarse profesionales: como enseñante, como traductor, etc. No creo que esas actividades hayan podido señalarme para alguna distinción. Hay quizá cierto profesionalismo en la escritura. Puedo imaginar a tal o cual novelista preparándose arduamente para producir su novela, investigando, informándose, trazando planes y haciendo ensayos; en una palabra, haciendo un verdadero trabajo. En cuanto a mí, nunca he sentido que trabajaba cuando escribía. Hay, por supuesto, un esfuerzo, pero también lo hay cuando se hace el amor, y no por eso puedo representarme el sexo como un trabajo. Que, entre otras cosas, daría derecho a una remuneración. Ya adivinan ustedes en qué me hace pensar eso.
          Esa idea posible de una literatura, la pongo en práctica incluso en la realidad más material, y es así como he atacado a menudo, contra la opinión de la mayoría de mis colegas, las doctrinas dominantes sobre lo que llaman, equivocadamente según yo, la propiedad intelectual. Confieso que esta actitud es más fácil de adoptar cuando escribe uno sobre todo poesía, pero en mi caso particular, no he sido mucho más profesional cuando escribía prosa. Mis propios ensayos suponen muy poco trabajo académico: mi meta era cada vez hacer un verdadero ensayo en el pleno sentido del término, todo lo contrario de un tratado o de un estudio. Escribir es para mí un acto que se parece más a un gesto de amor que a un trabajo, aunque no sea exactamente ni lo uno ni lo otro. Esa manera de zanjar me parece además la premisa para no transigir, en cambio, en cuanto al verdadero trabajo. Pues ahí, creo firmemente que es imperativo reivindicar sin descanso los derechos de los trabajadores.
          De hecho, podría pensarse que es justamente en la poesía donde me comporto como un profesional, puesto que es allí donde practico ciertas maneras de hacer que no son de uso común. Yo replicaría que eso no remite a una idea de profesión, sino de oficio. El oficio es justamente lo que la poesía profesional, desde hace más de un siglo, desde el advenimiento del “verso libre” y del lenguaje ininterpretable, evita con horror. En el transcurso de la historia, en un mundo donde la tecnología lo ha invadido poco a poco casi todo, las profesiones han desplazado cada vez más a los oficios. Están además más cerca de las instituciones. Es cierto que hay también, aunque más modestamente, cierto compromiso de la instituciones con los oficios, pero las instituciones, evidentemente, son mucho más profesionales que artesanales. Todo eso puede ayudar a entender que alguien tan poco profesional como yo se pregunte si merece de veras una distinción.
          Pero debería tal vez matizar y decir que se pregunta más bien qué clase de mérito puede tener. Pues quisiera dejar claro que estas dudas no son un gesto más o menos retórico de modestia, puesto que la modestia es inevitablemente más o menos retórica, sino una auténtica necesidad de comprender. Podría uno sentirse tentado por ejemplo a pensar que se trata en realidad de una recompensa por algunos servicios prestados. Es cierto que ciertas herramientas, que a su vez deben más a los azares de la historia que a logros personales, me han colocado a veces en el papel de intermediario entre la cultura francesa y la cultura de lengua española. Mi infancia de exiliado de la guerra de España hizo que parte de mi primera educación fuese francesa. He sido pues, no sólo un traductor bastante copioso de textos franceses, sino también, por lo menos durante gran parte de mi vida, difusor de las ideas, de las obras e incluso de la lengua francesas.
          Pero esta explicación bastante desprovista de brillo tampoco satisface sin embargo mi necesidad de comprender. Pues me parece ver mayor riqueza de sentido en el hecho de que la universidad responda a algo cuyo mérito no es o es apenas profesional. Si la obra de alguien que vive su escritura como una no-profesión tiene sin embargo un sentido para una mirada universitaria, eso me parece mucho más sugestivo que si esa clase de actividad no tuviera interés para esa mirada. El peligro de las instituciones ha sido siempre el de cerrarse sobre sí mismas. Pero es sin duda para la universidad para quien la resistencia a esa peligro es más claramente una vocación esencial. Eso resulta particularmente claro en el terreno de lo que se llama tradicionalmente las humanidades. La universidad ha acogido siempre el pensamiento de pensadores no consagrados, de escritores no académicos, de poetas subversivos. En ese sentido, debería servir de ejemplo a todas las instituciones.
          Pero si la universidad puede ser un ejemplo para la sociedad, también es una de sus manifestaciones. Pienso que en nuestros días esa manifestación es problemática. El lugar de la universidad en el tipo de sociedad que nos propone la ideología por ahora dominante está lejos de resultar claro. Esta cuestión, en sí bien circunscrita, de un interés de la universidad en una literatura tan poco institucional como es posible, abre el camino a una reflexión sobre las maneras en que ciertos dilemas del mundo actual se reflejan en la universidad. Hay por ejemplo a este respecto una oscura paradoja que señalaré por medio de un ejemplo personal y más bien anecdótico. Sin más título oficial que un bachillerato mexicano y un certificado de aptitud a la enseñanza de la lengua francesa, he podido, lo mismo en México que en Estados Unidos, ocupar puestos de catedrático o su equivalente. Pero esto no es de ningún modo una excepción. Mi amigo y guía en más de un sentido Antonio Alatorre, uno de los más grandes filólogos en  español de estos tiempos, que fue director y profesor emérito de la institución de estudios lingüísticos y literarios más prestigiosa de México, y profesor universitario asiduo en Estados Unidos, no poseía ni siquiera el certificado de bachiller. Encontramos aquí una concepción de la institución que no se atiene mecánicamente a la letra, sino que tiene en cuenta el sentido que la letra pretende encarnar. Es una idea semejante de la relación entre el sentido y la regla la que se encuentra en el hecho de que la universidad acoja honoríficamente ciertos logros enteramente realizados fuera de la institución. Y sin embargo, esa flexibilidad encontrada en México o en Estados Unidos es inimaginable en Europa, donde, a falta de la estricta sanción reglamentaria, sólo de manera honorífica puede una persona pertenecer a la institución.
          Ahora: esa rigidez se relaciona con una idea de la universidad que puede juzgarse como más solidaria y responsable que la que reina generalmente en Estados Unidos. Es porque la universidad europea fue concebida como una servicio público y una responsabilidad social, y no como una empresa sometida en principio a las leyes de la oferta y la demanda, corregidas en sus efectos por la intervención de una financiación privada más o menos caritativa y netamente voluntarista; es por eso por lo que en Europa el Estado se cree obligado a controlar su funcionamiento, por supuesto de manera burocrática, puesto que ese es para el Estado el único medio. Pero esa concepción, sin duda esencial para el espíritu republicano nacido de la Revolución Francesa e instaurado por el orden napoleónico, se encuentra en nuestros días cada vez más burlada. Cuando los historiadores del porvenir traten de caracterizar nuestra época, no creo que repitan el término “postmoderno”, un término vacío que quiere decir cualquier cosa; no me extrañaría que hablen más bien de algo así como una desocialización de la sociedad. En este contexto, es claro que la ideología que prevalece todavía hoy en Europa trata incesantemente de desocializar la universidad.
          El pequeño ejemplo inofensivo que acabo de dar nos va a permitir hurgar un poco en este contexto. Pues sin duda se puede reivindicar la flexibilidad que permite a una universidad norteamericana o mexicana contratar a un profesor  en consideración de sus logros y no sólo de su estatuto institucional. Sería fácil inscribir esa flexibilidad en la oleada de las desreglamentaciones generalizadas reivindicadas por el neoliberalismo. Es en efecto una regla menos, o una regla más laxa, la que había permitido a una universidad norteamericana incluirme en lo que ella llamaría su faculty, mientras que ninguna universidad francesa o española hubieran podido hacer eso. Es desdichado en efecto que la necesidad de regular para impedir que la igualdad de derechos sea quebrantada por la arbitrariedad de los privilegios o de la fuerza, acarree a menudo el precio de otra arbitrariedad: la imposibilidad de reconocer el sentido cuando no se inscribe en las reglas.
          Y vuelvo a encontrar aquí la brecha evocada más arriba entre profesión y oficio. Una vez más, tengo de eso una experiencia personal. La actividad de traductor que he ejercido toda mi vida, durante mucho tiempo nadie dudaba de que fuese un oficio. Nadie pedía a un traductor un diploma u otra acreditación institucional. La gente se atenía a la experiencia y al prestigio espontáneo. Pero en cierto momento me enfrenté a una presión creciente que pedía la profesionalización de ese oficio. Eran los traductores mismos los que pedían a menudo ese giro, descontentos de un estatuto artesanal que permite numerosas arbitrariedades, agravia a menudo la dignidad de su trabajo y los abandona más o menos inermes a los intereses de los editores. Así pues, participé en ciertos esfuerzos en favor de una mayor institucionalización de la traducción. A mis ojos, en México y en España, el primer efecto fue, aquí y allá, un bajada de la calidad de la traducción. Se trata evidentemente de una apreciación enteramente personal, pero, dado que nadie sabía bien cuáles son las cualidades de un traductor que hay que controlar o cómo calificarlas según coordenadas precisas, los empleadores de traductores que siguieron la corriente (en todo caso no mayoritarios) tuvieron que rechazar a muchos de ellos que dominaban el oficio, artesanalmente podríamos decir, pero no se habían sometido a un programa reconocido, mientras que los nuevos diplomados habían consagrado a menudo demasiado tiempo a unos estudios académicos para haberse avezado lo suficiente en la práctica del oficio. Por supuesto, no sacaré de esta vaga experiencia personal ninguna conclusión general. Para mí, el acto de traducir es en efecto un oficio mucho más que una profesión, pero el estatuto del traductor es si duda un estatuto profesional. Pues me parece que se puede traducir por el gusto o para el enriquecimiento personal, como se puede pescar por el gusto o para la propia cocina, pero la traducción, como la pesca, es en principio un verdadero trabajo. A diferencia de lo que he llamado cierta literatura, que no es, según yo, un verdadero trabajo. ¿Es esto como decir que el escritor de este tipo es un amateur? Volveremos sobre ello.
          La referencia al profesor no diplomado o al traductor artesanal me ha servido para señalar cómo el rigor de la regla puede a veces ahogar una flexibilidad que hubiera sido enriquecedora. Sin embargo, hay que tener cuidado de no saltar a conclusiones perentorias. Muchas actitudes proclamadas en nuestro mundo hacen como si suprimir una regla fuera siempre ganar una libertad. Lo que se sobreentiende en esta actitud es que toda regla borra una libertad. Pero ese sobreentendido nadie podría proclamarlo abiertamente, pues nadie en efecto podría proponer el advenimiento de la libertad completa por la supresión completa de las reglas. Lo que esa actitud oculta en realidad es la astucia del que se rebela contra toda regla que limitaría sus oportunidades de dominio, pero se cuida mucho de tocar aquellas que le aseguran ese dominio. En el nivel de la historia política no puede uno equivocarse sobre lo que está en juego actualmente: se trata de un lado de desocializar al mismo tiempo al Estado y a la sociedad misma para permitir que se despliegue la “verdadera” naturaleza humana, que no es sino competencia que asegura la sobrevivencia o el ascendiente de los mejor adaptados a expensas de la sumisión de los menos adaptados; y del otro lado de resistir, precariamente según toda evidencia, para salvar algo de la idea original de democracia como ese régimen donde el Estado es ante todo solidario con la sociedad, encargado de proteger y desarrollar sus aspectos más desvalidos y de limitar las desigualdades. En mi opinión, las razones de una y otra de estas posiciones no son simétricas. El alegato en favor de la sociedad competitiva arguye que es el deseo de provecho personal el que anima todo cambio y todo progreso, pero por supuesto quien afirma eso no se pregunta si ese cambio es necesariamente benéfico y si cualquier progreso vale cualquier precio. En cambio, un Estado con vocación social no podría ignorar, aunque quisiera, las cuestiones relativas al progreso, ni tampoco, salvo en las dictaduras (que están lejos de ser exclusivas de la izquierda), la cuestión de las libertades individuales. En todo caso, en  cuanto al progreso material, bien hemos visto que no resultaba trabado en regímenes totalitarios como la URSS o la Alemania nazi. No es pues para alentar ese progreso para lo que habría que favorecer la desigualdad en nombre de la libertad. La búsqueda del progreso se encuentra en todas partes, mientras que la búsqueda de la justicia social no se encuentra en todas partes.
          Hay también una crisis de la idea de universidad, que interesa al lugar de la universidad en la sociedad y a la idea de la sociedad misma. Se trata de decidir de qué sociedad es un aspecto la universidad y qué función debe llenar en esa sociedad. Lo que es bastante nuevo es la idea de que la universidad es una entidad competitiva a imagen de la sociedad a la que pertenece, y que su función es contribuir a la consolidación de esa forma de sociedad. Esa imagen va netamente en contra de la concepción original de la universidad en las democracias. Esa concepción, para empezar, es muy esencialmente la de un servicio público. Lo que es yo, no paro de asombrarme de que pueda discutirse sobre estos asuntos sin partir de la evidencia de que la noción de rentabilidad está absolutamente fuera de la cuestión en relación con la universidad, como por ejemplo en relación con la salud pública. Es como si se pretendiera que la justicia debe tratar de financiarse como pueda, poniendo sin duda un precio a sus servicios y orientando sus resultados según las leyes de la oferta y la demanda. Hay una manera aparentemente razonable de matizar esa idea, homologando la rentabilidad de la universidad con cierta utilidad social. Es también sin duda alguna lo que supone la concepción de la universidad como un servicio público, pero la diferencia de los puntos de partida acarrea modelos bastante diferentes de esa utilidad. Ver en la universidad el proveedor de personal calificado para las necesidades de la sociedad competitiva, y por lo tanto para las instancia donde se da esa competencia, es muy otra cosa que ver en ella el semillero de los actores del servicio social o del desarrollo de la sociedad en general.
          Pero esto nos lleva a otra circunstancia que tiene que ver no sólo con la enseñanza superior sino con la enseñanza en general. Si nos referimos a los orígenes en la Revolución Francesa y sus antecedentes en la Ilustración, la democracia concibió la enseñanza como netamente emparentada con cierto humanismo. Lo llamo así porque sé bien que el concepto de humanismo es en nuestros días particularmente borroso. Hablo simplemente de esa actitud que ve en el hombre, en su puro ser social e histórico, el punto de referencia común y el mediador de todas sus facetas parciales y de todas sus actividades separadas. Es decir que en el modelo republicano y democrático de la enseñanza, ningún conocimiento particular, ninguna técnica o ninguna tecnología debe replegarse sobre sí olvidando la referencia a la realidad social e histórica, incluso antropológica del hombre. Y ya estamos cerca de nuevo de los primeros pasos de esta reflexión. La oscura paradoja de la que hablé antes se muestra en el hecho de que es justamente esta idea de la enseñanza, cuya flexibilidad es evidente puesto que plantea que el sentido de la institución está en otra parte, en la realidad antropológica e histórica, la que pone en tela de juicio una crítica que le reprocha una falta de flexibilidad impuesta por la referencia a lo social, en detrimento de la libre competencia individual, impracticable sin dar vía libre a la desigualdad.
          En los hechos, por supuesto, las cosas no son tan nítidas, pues las oposiciones se hacen siempre en un sentido y en un contexto. La oposición de la regla y la libertad sólo tiene sentido fuera del contexto de la responsabilidad. Implica la imposibilidad de una instancia ante la cual el acto libre tendría que rendir cuentas. El fundamento de tal instancia no es fácil de establecer y parece siempre fácil de refutar. Pero si aceptamos que el acto libre es el acto del que alguien es responsable, entonces lo contrario de la libertad no es la regla, sino la arbitrariedad y el sinsentido.
          Pues estamos aquí evidentemente de plano en el terreno del sentido y el sinsentido. El sentido, como lo dice su nombre mismo, metáfora espacial, es una cuestión de orientación. Los mismos hechos pueden ser interpretados de manera bien diferente según que se los oriente en un sentido o en otro. Pero esa orientación es también una toma de posición, a la vez porque la realidad se orienta según el lugar desde donde la observamos y porque ese lugar depende a su vez del sentido que el mundo tenga para nosotros. No hay interpretación verdaderamente inocente; esa inocencia implicaría que no había nada que interpretar. La historia, no hace falta decirlo, no tiene un sentido preestablecido que pudiéramos esperar encontrar un día innegablemente. En la búsqueda del sentido en la historia hay por lo menos dos enfoques implícitos que orientan las interpretaciones de maneras bien diferentes. Se puede ver en la historia ante todo la conquista del mundo por el hombre, las etapas de la domesticación de la naturaleza, más tarde del cosmos, y, en su caso, del hombre por sí mismo. O bien se puede ver en ella ante todo la construcción del sentido, a la vez como develamiento de ese sentido y como ordenamiento del mundo, lo cual constituye al mismo tiempo la realización del hombre como proyecto.
          No insistiré en estas generalizaciones. Quisiera descender algunos escalones hacia lo concreto, esperando únicamente que no se olviden estas consideraciones como referencias lejanas en el horizonte. Si vuelvo entonces a mi descripción de una enseñanza que apunta a un humanismo y no relega nunca la educación en beneficio de la formación, pienso ciertamente que la concepción de la historia que evoca este enfoque es la de la búsqueda del sentido. Se ve dibujarse aquí una actitud general, una tonalidad o un estilo de reflexionar en que el humanismo, la vida social, la justicia, la responsabilidad ocupan un lugar central y son solidarios entre sí y con la visión de la historia como despliegue del hombre mismo más que de su domesticación del mundo. Es evidentemente con ese espíritu como escojo interpretar algo tan particular como las relaciones de un no-profesional con la universidad. Ya ven ustedes que no se trataba, como ya dije, de modestia, falsa o auténtica. Desde mi punto de vista atravesamos una crisis profunda, y en tiempos semejantes es imposible no interrogarse sobre el menor detalle que pudiera relacionarse con esa crisis. Se trata de buscar una coherencia, de interpretar sin método previo y por supuesto en la ambigüedad de toda historia social. Si acerco, por ejemplo, la figura del no profesional a la del amateur, es por supuesto porque ese acercamiento me parece aclarar algo. Porque se es amateur tanto cuando se ama un arte como cuando se lo practica sin una calificación oficial. Si aplico a esto una metáfora económica, por supuesto con reticencia como conviene aplicar toda metáfora, vería aquí abolida la oposición del productor y del consumidor. Si se puede producir como aficionado, no profesionalmente, también se puede consumir como aficionado.
          Pero a partir de aquí más vale abandonar la metáfora. Porque un amateur de lo que llaman generalmente obras del espíritu, ¿es de veras un consumidor en el sentido económico que nuestra metáfora evocaba? Consumir implica destruir lo que se consume o cuando menos sustraerlo al consumo del prójimo; y en el sentido económico, además, pagar lo que se consume. Ahora bien, se puede perfectamente gozar de una obra del espíritu sin pagar, como bien saben esos guardianes de la sociedad de consumo demoledores de la pretendida piratería; y ese goce además no destruye esa obra ni la sustrae al goce del prójimo, más bien lo contrario. Hay también una literatura que tal vez puede uno comprar pero que no está hecha para la venta, y que no tiene horror de ser leída gratuitamente. Si esta práctica existe, hay que concluir que es una vocación. Una vocación no puede ligarse con ningún proyecto de producción para el consumo; el único contrato al que semejante escritor podría someterse sería, para decirlo en lenguaje romántico, con la sociedad misma, con la historia misma, con el hombre mismo.
          Por mi parte, simplifico apenas si digo que en un sentido he sido siempre un amateur. Si he podido enseñar en el nivel universitario sin la calificación normal, ¿no puede decirse que he sido un profesor universitario amateur? Por otra parte, la traducción ha sido siempre para mí un oficio mucho más que una profesión, y aquí tenemos que detenernos un momento sobre estos dos términos. Un oficio va ligado a menudo con una vocación, pero no se confunde del todo con ella. Mi oficio de poeta, que yo me tomo en serio, no es el mismo que mi oficio de traductor. He traducido a menudo por gusto o para aprender, pero mucho más a menudo por una retribución –salvo que no era nunca incondicionalmente. Si hablo de oficio aquí, es porque la traducción del tipo que he practicado yo no está autorizada por una institución, sino por la experiencia reconocida y el prestigio puramente social. Eso no es exactamente un trabajo de amateur, pero no está muy alejado. Está también mi modesta contribución como acarreador, por decirlo así, de la cultura francesa a los países de lengua española. Nadie me ha contratado nunca, ni por supuesto pagado, para hacer eso. Siempre lo hice por amor al arte, como un perfecto aficionado. Si pasamos ahora a la literatura, inútil insistir. La posibilidad de escribir cualquier cosa bajo contrato es para mí absolutamente inimaginable. No pretendo que todo el mundo tenga que pensar igual, pero yo personalmente jamás he imaginado ganarme la vida con la escritura.
          Podría terminar entonces diciendo, un poco retóricamente: Gracias, señoras y señores doctores y doctoras, por haber borrado un poco la oposición, la enemistad podríamos decir, del productor y del consumidor, del que da y del que recibe, del que habla y del que escucha, de la vocación y de la consagración; gracias por haber coronado el amateurismo al admitir entre ustedes a un notorio amateur.

TOMÁS SEGOVIA

jueves, febrero 19, 2009

el blues que nos alimento en las derrotas

Eran los años 70 recien cumplidos cuando militabamos en la vida desde la clandestinidad mas encendida, años de dorados escondites, cuya austeridad nos mantenian bendecidos por la pobreza.
Asi en el camino era natural encontrarnos con santos guerreros titiriteros funambulistas fugados perseguidos seguidores escondidos visionarios enmudecidos charlatanes vendedores cuentistas profetas de bolsillo y profetas desapercibidos caminabamos acompañandonos en soledades a estrenar, las derrotas se sucedian dibujando una mapa de navegaciones y naufragios que aún estaban llenos de ternura lo cual les hacia comestibles.
Y un himno que nos zurraba la melancolia mas esplendida: Alabama de Coltrane, EH, Toño!!!!,
Alejandro, Compadre, Mistox, Fernando, Edu, P., ....

lunes, enero 19, 2009

the Raven


the raven

Once upon a midnight dreary, while I pondered, weak and weary,
Over many a quaint and curious volume of forgotten lore,
While I nodded, nearly napping, suddenly there came a tapping,
As of some one gently rapping, rapping at my chamber door.
"'Tis some visitor," I muttered, "tapping at my chamber door,
Only this, and nothing more."

Ah, distinctly I remember it was in the bleak December,
And each separate dying ember wrought its ghost upon the floor.
Eagerly I wished the morrow; vainly I had sought to borrow,
From my books surcease of sorrow, sorrow for the lost Lenore,
For the rare and radiant maiden whom the angels name Lenore,
Nameless here for evermore.

And the silken sad uncertain rustling of each purple curtain
Thrilled me - filled me with fantastic terrors never felt before;
So that now, to still the beating of my heart, I stood repeating,
"'Tis some visitor entreating entrance at my chamber door,
Some late visitor entreating entrance at my chamber door;
This it is, and nothing more."

Presently my soul grew stronger; hesitating then no longer,
"Sir," said I, "or Madam, truly your forgiveness I implore;
But the fact is I was napping, and so gently you came rapping,
And so faintly you came tapping, tapping at my chamber door,
That I scarce was sure I heard you", here I opened wide the door;
Darkness there, and nothing more.

Deep into that darkness peering, long I stood there wondering, fearing,
Doubting, dreaming dreams no mortals ever dared to dream before;
But the silence was unbroken, and the stillness gave no token,
And the only word there spoken was the whispered word, "Lenore!"
This I whispered, and an echo murmured back the word, "Lenore!"
Merely this, and nothing more.

Back into the chamber turning, all my soul within me burning,
Soon again I heard a tapping somewhat louder than before.
"Surely," said I, "surely that is something at my window lattice:
Let me see, then, what thereat is, and this mystery explore,
Let my heart be still a moment and this mystery explore;
'Tis the wind and nothing more."

Open here I flung the shutter, when, with many a flirt and flutter,
In there stepped a stately raven of the saintly days of yore;
Not the least obeisance made he; not a minute stopped or stayed he;
But, with mien of lord or lady, perched above my chamber door,
Perched upon a bust of Pallas just above my chamber door,
Perched, and sat, and nothing more.

Then this ebony bird beguiling my sad fancy into smiling,
By the grave and stern decorum of the countenance it wore.
"Though thy crest be shorn and shaven, thou," I said, "art sure no craven,
Ghastly grim and ancient raven wandering from the Nightly shore,
Tell me what thy lordly name is on the Night's Plutonian shore!"
Quoth the Raven, "Nevermore."

Much I marvelled this ungainly fowl to hear discourse so plainly,
Though its answer little meaning, little relevancy bore;
For we cannot help agreeing that no living human being,
Ever yet was blest with seeing bird above his chamber door,
Bird or beast upon the sculptured bust above his chamber door,
With such name as "Nevermore."

But the raven, sitting lonely on the placid bust, spoke only
That one word, as if his soul in that one word he did outpour.
Nothing further then he uttered; not a feather then he fluttered,
Till I scarcely more than muttered, "other friends have flown before,
On the morrow he will leave me, as my hopes have flown before."
Then the bird said, "Nevermore."

Startled at the stillness broken by reply so aptly spoken,
"Doubtless," said I, "what it utters is its only stock and store,
Caught from some unhappy master whom unmerciful Disaster,
Followed fast and followed faster till his songs one burden bore,
Till the dirges of his Hope that melancholy burden bore,
Of "Never - nevermore."

But the Raven still beguiling all my fancy into smiling,
Straight I wheeled a cushioned seat in front of bird, and bust and door;
Then upon the velvet sinking, I betook myself to linking,
Fancy unto fancy, thinking what this ominous bird of yore,
What this grim, ungainly, ghastly, gaunt and ominous bird of yore,
Meant in croaking "Nevermore."

This I sat engaged in guessing, but no syllable expressing
To the fowl whose fiery eyes now burned into my bosom's core;
This and more I sat divining, with my head at ease reclining,
On the cushion's velvet lining that the lamplight gloated o'er,
But whose velvet violet lining with the lamplight gloating o'er,
She shall press, ah, nevermore!

Then methought the air grew denser, perfumed from an unseen censer
Swung by Seraphim whose footfalls tinkled on the tufted floor.
"Wretch," I cried, "thy God hath lent thee- by these angels he hath sent thee,
Respite - respite and nepenthe, from thy memories of Lenore!
Quaff, oh quaff this kind nepenthe and forget this lost Lenore!"
Quoth the Raven, "Nevermore."

"Prophet!" said I, "thing of evil!- prophet still, if bird or devil!
Whether Tempter sent, or whether tempest tossed thee here ashore,
Desolate yet all undaunted, on this desert land enchanted,
On this home by horror haunted- tell me truly, I implore,
Is there - is there balm in Gilead? - tell me - tell me, I implore!"
Quoth the Raven, "Nevermore."

"Prophet!" said I, "thing of evil - prophet still, if bird or devil!
By that Heaven that bends above us - by that God we both adore,
Tell this soul with sorrow laden if, within the distant Aidenn,
It shall clasp a sainted maiden whom the angels name Lenore,
Clasp a rare and radiant maiden whom the angels name Lenore."
Quoth the Raven, "Nevermore."

"Be that word our sign in parting, bird or fiend," I shrieked, upstarting
"Get thee back into the tempest and the Night's Plutonian shore!
Leave no black plume as a token of that lie thy soul hath spoken!
Leave my loneliness unbroken! - quit the bust above my door!
Take thy beak from out my heart, and take thy form from off my door!"
Quoth the Raven, "Nevermore."

And the Raven, never flitting, still is sitting, still is sitting
On the pallid bust of Pallas just above my chamber door;
And his eyes have all the seeming of a demon's that is dreaming,
And the lamplight o'er him streaming throws his shadow on the floor;
And my soul from out that shadow that lies floating on the floor,
Shall be lifted - nevermore!

NEVER MORE (esta luz que llena de sombras el alma)

En un noche espantada, sumido en brumosas reflexiones
inclinado sobre un ajado mamotreto
subitamente sali de mi soñoliento estado,
al escuchar como llamaban a mi puerta;

alguien, suavemente y sin fe,

con mano temblorosa y timida, golpeaba.

"¡Es una visita,-me dije- una visita que esta llamando a mi puerta,

eso es todo y nada mas.


el cuervo


I
En una noche pavorosa, inquieto
releía un vetusto mamotreto
cuando creí escuchar
un extraño ruido, de repente
como si alguien tocase suavemente
a mi puerta: «Visita impertinente
es, dije y nada más » .

II
¡Ah! me acuerdo muy bien; era en invierno
e impaciente medía el tiempo eterno
cansado de buscar
en los libros la calma bienhechora
al dolor de mi muerta Leonora
que habita con los ángeles ahora
¡para siempre jamás!

III
Sentí el sedeño y crujidor y elástico
rozar de las cortinas, un fantástico
terror, como jamás
sentido había y quise aquel ruido
explicando, mi espíritu oprimido
calmar por fin: «Un viajero perdido
es, dije y nada más ».

IV
Ya sintiendo más calma: «Caballero
exclamé, o dama, suplicaros quiero
os sirváis excusar
mas mi atención no estaba bien despierta
y fue vuestra llamada tan incierta…»
Abrí entonces de par en par la puerta:
tinieblas nada más.

V
Miro al espacio, exploro la tiniebla
y siento entonces que mi mente puebla
turba de ideas cual
ningún otro mortal las tuvo antes
y escucho con oídos anhelantes
«Leonora » unas voces susurrantes
murmurar nada más.

VI
Vuelvo a mi estancia con pavor secreto
y a escuchar torno pálido e inquieto
más fuerte golpear;
«algo, me digo, toca en mi ventana,
comprender quiero la señal arcana
y calmar esta angustia sobrehumana »:
¡el viento y nada más!

VII
Y la ventana abrí: revolcando
vi entonces un cuervo venerando
como ave de otra edad;
sin mayor ceremonia entró en mis salas
con gesto señorial y negras alas
y sobre un busto, en el dintel, de Palas
posóse y nada más.

VIII
Miro al pájaro negro, sonriente
ante su grave y serio continente
y le comienzo a hablar,
no sin un dejo de intención irónica:
«Oh cuervo, oh venerable ave anacrónica,
¿cuál es tu nombre en la región plutónica? »
Dijo el cuervo: «Jamás ».

IX
En este caso al par grotesco y raro
maravilléme al escuchar tan claro
tal nombre pronunciar
y debo confesar que sentí susto
pues ante nadie, creo, tuvo el gusto
de un cuervo ver, posado sobre un busto
con tal nombre: «Jamás ».

X
Cual si hubiese vertido en ese acento
el alma, calló el ave y ni un momento
las plumas movió ya,
«otros de mí han huido y se me alcanza
que él partirá mañana sin tardanza
como me ha abandonado la esperanza »;
dijo el cuervo: «¡Jamás! »

XI
Una respuesta al escuchar tan neta
me dije, no sin inquietud secreta,
«Es esto nada más.
Cuanto aprendió de un amo infortunado,
a quien tenaz ha perseguido el hado
y por solo estribillo ha conservado
¡ese jamás, jamás! »

XII
Rodé mi asiento hasta quedar enfrente
de la puerta, del busto y del vidente
cuervo y entonces ya
reclinado en la blanda sedería
en ensueños fantásticos me hundía,
pensando siempre que decir querría
aquel jamás, jamás.

XIII
Largo tiempo quedéme así en reposo
aquel extraño pájaro ominoso
mirando sin cesar,
ocupaba el diván de terciopelo
do juntos nos sentamos y en mi duelo
pensaba que Ella, nunca en este suelo
lo ocuparía más.

XIV
Entonces parecióme el aire denso
con el aroma de quemado incienso
de un invisible altar;
y escucho voces repetir fervientes:
«Olvida a Leonor, bebe el nepenthes
bebe el olvido en sus letales fuentes »;
dijo el cuervo: «¡Jamás! »

XV
«Profeta, dije, augur de otras edades
que arrojaron las negras tempestades
aquí para mi mal,
huésped de esta morada de tristura,
dí, fosco engendro de la noche oscura,
si un bálsamo habrá al fin a mi amargura »:
dijo el cuervo: «¡Jamás! »

XVI
«Profeta, dije, o diablo, infausto cuervo
por Dios, por mí, por mi dolor acerbo,
por tu poder fatal
dime si alguna vez a Leonora
volveré a ver en la eternal aurora
donde feliz con los querubes mora »;
dijo el cuervo: «¡Jamás! »

XVII
«Sea tal palabra la postrera
retorna a la plutónica rivera,»
grité: «¡No vuelvas más,
no dejes ni una huella, ni una pluma
y mi espíritu envuelto en densa bruma
libra por fin el peso que le abruma! »
dijo el cuervo: «¡Jamás! »

XVIII
Y el cuervo inmóvil, fúnebre y adusto
sigue siempre de Palas sobre el busto
y bajo mi fanal,
proyecta mancha lúgubre en la alfombra
y su mirada de demonio asombra…
¡Ay! ¿Mi alma enlutada de su sombra
se librará? ¡Jamás!

Versión de Carlos Arturo Torres



martes, diciembre 16, 2008

boceto sobre LEON FELIPE


publicado en RAZON SOCIALISTA (nº25, segundo semestre)


LEON FELIPE: UNA LUZ MUY CLARA

Escoger el exilio para decir la verdad

Poeta en horas de tribulaciones, capaz de hablar al hombre como amigo supremo de la libertad. "Por hoy, y para mi, la poesía no es mas que un sistema luminoso de señales"

León Felipe, si algo es indudable en su manera fundar la vida, es su relación sin cortapisas con la palabra, con la poesía, así como el compromiso con el hombre humano, con el hombre y la mujer insaciables en su búsqueda de soluciones de vida y para la vida. Y el poeta como artífice de ese hacer imposible vivir sin amar.

Hablar de León Felipe, de todos ellos, exiliados, trasterrados, refugiados, nómadas en las patrias del dolor, es deletrear las derrotas de una vida vivida como un camino de ultramares orillas, singladuras irredentas que le llevaran desde las tierras de Zamora hasta Guinea y a las Americas, norte y sur, trenzado todo por la itinerante y perturbada visión de España, y sus regresos

comprometidos con lo que nacía y ya moría. Regresos que se suceden en 1931, 1934 y 1936, en que estando en Panamá se despide con un airado good bye Panamá. A este ultimo regreso pertenece su obra mas entrañable: El gran responsable, El hacha, Español del éxodo y del llanto, Ganarás la luz.

Como nombrar a León Felipe y no sentir el gran descalabro del que supuso la guerra de Militares y Obispos contra lo que tanto esfuerzo y lucida pasión estaba costando levantar. Todo, todo, quedo hecho añicos hasta en el mismísimo corazón de los que fuimos naciendo en adelante.

Hablar de ellos, recordarlos, supone sin reservas, vernos a nosotros como asolados huérfanos. Estoy viendo como en las décadas de los sesenta y setenta, crecíamos desorientados, a trancas y barrancas, confusos, y de pronto llegaban a nuestras manos como restos de un naufragio, tesoros intactos, los libros de poemas de Lorca, de Miguel Hernández, de Machado, de León Felipe, libros como brasas que sopladas por clandestinos corazones, ardían en nuestras manos, espantando los sucios fríos que arrastrábamos desde la infancia. El hombre es un ser incombustible?, no lo se, pero solo muere de pura muerte cuando lo mata el hombre.

Si hay algo a heredar de ellos tal vez sea el carácter de nómadas, el nómada que levanta hogar al partir y al llegar, levanta el hogar como una canción.

"¿Cómo vas a recoger el trigo y alimentar el fuego si yo me llevo la canción?"

Los políticos hacen los programas, los obispos las pastorales y los poetas los poemas. Pero el poeta habla el primero y grita antes que ninguno la congoja del hombre.

Dice Tomas Segovia: El excluido esta a la intemperie. No esta en lo abierto, sino en lo expuesto. Lo abierto es una interioridad que se abre...Lo expuesto se abre sobre la nada.

Y así León Felipe, como todos ellos, como cada uno de nosotros, somos poetas en la medida en que somos capaces de hacer nuestra casa en todas parte. Ser familiares del Mundo. Y aquí puede residir la solución al enorme dolor que supuso y supone la Guerra Incivil y sus cuarenta años de sórdida y baldía travesía del desierto, que sin remedio nos ha impregnado de una grasienta mediocridad.

"Yo no tengo diplomas. Mis diplomas y mi equipaje se lo han llevado la guerra y no me queda mas que estas palabras que ahora llegan a vosotros."

Estas palabras de León Felipe nos obligan a escuchar siempre, siempre el nombre del dolor y la esperanza que ellos tallaron en la piedra y en el árbol, como rayo que no cesa.

"Cuando no hay poetas en un pueblo, los jueces y los magistrados se reunen en las tabernas, y firman sus sentencias en los lechos de las prostitutas.

Cuando no hay poetas en un pueblo (es decir, Ley Viva), los obispos (es decir, la Ley muerta) celebran los concilios en los sótanos de los palacios para bendecir la trilita de los aviones."

Nota a pie de pagina:

Todo el texto esta hecho a partir de los versos del poeta. Y es imprescindible nombrar al menos un par de libros que hablaran sin duda alguna de León Felipe, haciendo que mis palabras sean un mero sombrajo de tanta vida y apasionada generosidad. También se hace urgente denunciar el estado de su legado, legado que fue custodiado hasta el final por Alejandro Finisterre, y que aun hoy muerto el albacea, permanece en una situación de abandono intolerable y esos a pesar de la multitud de voces alzadas contra la actitud insultante de autoridades y responsables. Zamora es la justa destinataria, y lugares sobran para dar a tal patrimonio su justa ubicación. Desde aquí unimos nuestra voz a tales demandas.

Nueva antología rota. Editorial Visor

La insignia y otros poemas. Editorial visor

Llamadme publicano. Edit. Visor

El payaso de las bofetadas...Edit. Visor

El gran responsable, El hacha, Español del éxodo y del llanto, Ganarás la luz.

Y en estos enlaces de internet todos podéis encontrar un sin fin de referencias a su vida y a su obra:

http://leonfelipe2.blogspot.com

http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/89141730983492706365679/index.htm

http://www.defensahumanidad.cu/artic.php?item=1007
http://www.horizonte.unam.mx/cuadernos/paz/paz33.htm
http://www.trazegnies.arrakis.es/leonfelipe2.html
http://www.poesi.as/Leon_Felipe.htm
http://www.tinet.org/~elebro/poe/leon/leon.html
http://www.poemas-del-alma.com/leon-felipe.htm

miércoles, diciembre 03, 2008

cremer y fraile, premios gil de biedma






Buenas noticias, siempre llegan buenas noticias que hablan de las otras caras del mundo que no se foxilizan en la miseria de la abundancia.
La noticia de la concesion del premio Gil De Biezma a Cremer y a Eduardo Fraile (accesit) me llena de alegria.
Casualidad? Un momento antes de recibier la noticia, hojeaba "con la posible excepcion de mi mismo", un libro hermosisimo de Eduardo, editado por él mismo en Valladolid, en el 2002, admiraba como llena de palabras a la que le pide angeles y dejaba que mis dedos hiciesen cabotaje por sus femeninas Pucelas.
Felicidades para los tres.
Noticias(sacado del DIARIO DE LEON)





Victoriano Crémer (Burgos, 1907) protagonizó el pasado 19 de noviembre el acto de entrega del decimoctavo premio de poesía Jaime Gil de Biedma. Y lo hizo con una “homilía laica” en la que trazó un recorrido irónico y profundo por su dilatada trayectoria vital, pareja “al tiempo histórico más alterado y convulso de toda la historia de España”, según dijo tras recibir el galardón de manos del presidente del jurado y de la Diputación Provincial de Segovia, Javier Santamaría.
Gonzalo Santonja, el coordinador del premio, dijo al hablar de los galardonados: “La noticia de la edición de este año, la verdadera noticia, es que Victoriano Crémer, el ‘último jinete’, sigue cabalgando con el alba y a corazón abierto”.
Crémer, quien reside en León y cumplirá 102 años este mes, recibió el premio por su obra El último jinete. Según Santonja, la poesía de Crémer sigue teniendo “una raíz y un aliento biográfico” incontestable, como se demuestra en este último libro que, a deducir de las palabras del poeta, no será el último. Crémer recibió una escultura de Cossío y un cheque de 10.000 euros.
“El último jinete es el último libro que voy a escribir”, aseguró Crémer, quien por ello atribuye a este libro un “significado especial. El significado de la despedida”. El libro es “un homenaje a la tierra en la que he vivido”. Lo definió también como “la síntesis general de una manera de entender no sólo la literatura y la poesía, sino la vida”. Un libro lleno de emoción y con el poso de quien, con un siglo de vivencias, está a bien consigo mismo. Porque, en su opinión, “un libro de poesía es el afán de un poeta que intenta decir lo que siente”.
A propósito del galardón, uno de los más prestigiosos en el ámbito de la poesía, Crémer confiesa tenerle “cierta afición, por la gente que ha contribuido a dármelo. Ya se sabe que el que tiene padrino, se bautiza; y el que no, se queda judío. Soy un afortunado, pero el mérito es de los que se reúnen y de común acuerdo deciden concederle el premio a uno que anda por ahí humilde y errante”.
El director de la Real Academia de la Lengua (RAE) y miembro del jurado, Víctor García de la Concha, explicó el pasado mes de junio, tras el fallo del premio, que “es un libro escrito desde la última vuelta del camino, un repaso a la vida, pero con la misma actitud apasionada de los primeros libros de Crémer”.
Como anécdota, García de la Concha dijo haber intuido, cuando estaba leyendo El último jinete, que el autor era Crémer, por un detalle muy revelador de la personalidad del poeta leonés: “Había utilizado la misma máquina de escribir que la que empleaba en los años cincuenta”.
Por su parte, Santamaría subrayó que en esta ocasión el Gil de Biedma se ha visto prestigiado por el ganador, un hombre “con una vida llena, plena y coherente, una vida llena de vida. El premio Gil de Biedma se honra, se siente privilegiado con este ganador. Para él nuestro reconocimiento y aplauso”. Santamaría destacó la calidad de las obras presentadas, lo que dificultó sobremanera la labor del jurado.
El Gil de Biedma tiene además dos accésit que en esta ocasión han recaído en Ángeles Mora y en Eduardo Fraile. La primera logró el galardón gracias a su trabajo Bajo la alfombra, ejemplo, en palabras de Gonzalo Santonja, de poesía rehumanizadora e introspectiva. Mora no pudo asistir a recoger su premio, consistente en una escultura de Cossío y 3.000 euros.
Sí lo hizo Eduardo Fraile, que obtuvo el accésit gracias a su poemario titulado La chica de la bolsa de peces de colores. Fraile, nacido en Madrid en 1961 pero afincado en Valladolid, reveló que los poemas de este libro están dedicados a su madre, “pues ella me dio el ser, pero también me enseñó a leer”, dijo antes de recoger la escultura y el cheque por valor de 3.000 euros.
Santonja aseguró que se trata de tres obras “muy cabales” que representan “tres modos muy distintos de entender y practicar la poesía en español”. Por ello, destacó que la decimoctava edición del Gil de Biedma “ha sido una de las más afortunadas” de las celebradas hasta el momento.
Durante la ceremonia de entrega, que tuvo lugar en el salón de actos de la Diputación Provincial de Segovia, se recordó la figura del escritor y periodista Juan Manuel González, ganador de la edición del 2006 del premio Gil de Biedma, que falleció el pasado mes de junio.
Fuentes: Diario de LeónNorte de Castilla

Y aqui su voz, la Eduardo Fraile, un poema que da titulo a otro de sus libros en rama:

"Llevaba una bolsa de peces de colores
y una camiseta negra con un verso de Verlaine.
(De Mallarmé, que me diga,
o, bueno, medio verso:
La chair est triste, hélas!)
Yo dije el otro medio con excelente pronunciación
de St. Germain
des Prés: Et j'ai lu tous les livres...
Como dos espías que casan sus mitades
de una carta de baraja, a los pocos minutos
estábamos en su cama, o en la mía.
Los peces por ahí, sobre su breve
ropa interior. Lo hicimos
(el amor, el tiempo) con profusión, copiosamente,
derrochadores, francos,
sin palabras, que no fueran ininteligibles
para ambos, que hablábamos
como esculpiendo bloques de silencio
primordial.
Cuando el hambre nos atenazaba, extenuados
y felices, un ángel rojo en disfraz de motorista
nos traía kebabs, o pizzas, o menús
orientales. Los peces los pusimos en un tarro de cristal
sobre la lavadora. Qué hacer
cuando una pelirroja se propone matarte
a polvos, bella como un planeta incógnito,
eficaz, definitiva.
Fueron días de luz líquida, concreta,
que se nos escurría de las manos. Charcos
de cielo en que chapotear
como niños. "Bajo a por croissants",
dijo entonces con la voz más deliciosa de la Tierra,
aquí en la Vía Láctea. Ssitema
Solar. Y no volvió.
Cuido sus peces
como si de su vida dependiera de algún modo la mía,
es decir, su regreso
cada vez más improbable. Les leo a Proust".

Y otro poema de VICTORIANO CREMER

SUEÑO, PORQUE VIVO EN MI

Sueño, luego existo.
Pienso
que sueño tan hondo y cierto
que el sueño me despierta
en mitad del pensamiento.

Y me duele este soñar,
pensando que es tan sin sueño,
que los sueños se me rompen
—espumas del pensamiento—
en las arenas del mar
en que soñando, navego.

¿Pero existo? ¿Dónde y cómo?
Aquí, encerrado, me encuentro
en el sueño sin salida
que teje mi pensamiento,
preguntándome, doliéndome,
de ser, soñándome, cierto.

Soledad de soledades:
ya ni yo mismo me sueño,
pensando que existo y soy
sueño de mi pensamiento.


MADRIGAL DE PAZ

Anónimo escribió "
Por esta paz, esposa, que te ofrezco,
ya madura en la sangre, hecha corteza,
qué paciente tributo de tristeza
pagué día por día.

¡No merezco
tanto dolor!

(El hombre, entre las manos
a veces tiene un corazón y quiere
morir con él intacto. Pero muere
lleno de soledad).

Ecos lejanos
traen mi voz antigua de metales;
mi fría voz de hielos transparentes.

¡Que hasta tu nombre, esposa, fue en mis dientes
tallo de amargas hieles minerales...!

Pero todo es ya campo sin orillas,
lleno de paz. El sol se transfigura
en la ceniza gris de esta clausura,
y abandona sus llamas amarillas.

Yo soy para ti, esposa, como un viento
que humildemente llega y se deshace
contra tus ojos; en agua que renace
entre sus piedras, sin color ni acento.

No es posible dar más de lo que he dado
para llenar el pozo al que me asomo.
El pan que yo te traigo; el pan que como
tiene sabor de trigo macerado.
Trigo soy con sustancia. Pan en duelo
para el desconocido.

(El hombre quiere
gritar "Amor" a veces, pero muere
en el silencio, en tanto el alto cielo
se llena de esta paz, esposa, de esta
consagración definitiva).

—¡Toma
mi paz de sangre!

¡Goce mi paloma
del esplendor caliente de su fiesta...!

jueves, noviembre 06, 2008

bandera


BANDERA

Mi tienda siempre fuera de los muros. Mi lengua aprendida siempre en otro sitio. Mi bandera perpetuamente blanca. Mi nostalgia vasta y caprichosa. Mi amor ingenuo y mi fidelidad irónica. Mis manos graves y en ellas un incesante rumor de pensamientos. Mi porvenir sin nombre. Mi memoria deslumbrada en el amor incurable del olvido. Lastrada en el desierto mi palabra. Y siempre desnudo el rostro donde sopla el tiempo.

miércoles, octubre 22, 2008

Uxío Novoneyra DÍA DAS LETRAS GALEGAS 2010 - Páxina Principal


Uxío Novoneyra DÍA DAS LETRAS GALEGAS 2010 - Páxina Principal



Demandamos EL DIA DAS LETRAS GALEGAS do ano 2010 para UXIO NOVONERIRA
Firma o manifesto

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