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viernes, septiembre 30, 2022

hay un decir que es balbucear como siempre

(Boceto de una despedida que el sueño me robo) 

Ella partió a espaldas  de la Aurora
Tan sutíl como la diosa
Mientras el amigo 
Colgaba en los tendales dorados del sueño 
La blanca colada de los besos
Y de las palavras
Que el silencio mima.
El mar de todo ello
Hace su magnifica cosecha 

Ella partio y la Aurora su complice
Dormidos los gallos
Y el amigo mondando las frutas
Amasando harina huevos 
Un sonajero de cuarzo y asi dormido
Se queda y son las sábanas pegadas
Un horario azul y calido

Asi se levanta
Encuentra la habitacion sin sueño
La cama revoloteando en el alféizar 
La huerta primorosamente manchada
De Sol recien hecho
Un olor a limones cuidando de ellas 
Que eĺla ha dejado 

Bajo el árbol  del té 
La manzana sin morder
Y el amor que madruga
Te entrega el dia. 

Amiga de las raíces aladas
Y de los huesos del alma
Vuelas hacia los aviones inocentes
Que comen adioses 
y distancias
Y holas 
en la palma de tus manos
Y yo recogeré  para ti el polem
De las abejas en flor

(Pero el poema cualquier poema
Tiene que mal decir la vida
Y jamás  
de rodillas)




Miguel Suarez y Roberto  SanGeroteo
(Foto de Karlotti, la Valcueva 1989)
Poema de Roberto al adios perseverante de Miguel

Este cansancio carnal/cuando muere uno de nosotros/después de tanta muerte/a pesar de no hablar/ni verse desde hace años/esta desidia tan intima/que se apodera despacio/de los huesos de las manos/de la mirada de la voz/por no saber ya a donde dar/con la palabra ni con los labios./Desde hace tiempo ya/es otra la soledad/quiero decir la de uno/y la que compartimos/cada vez menos/y poco a poco nos va royendo/sin remedio ni esperanza/a pesar de esa cosa intacta/que ya no sé nombrar/y siempre nos ha reunido.           
(Paris 4 de octubre 2022) 



(Cuaderno de verano)


Ven ya verano
uña luminosa en manos de bondad
meñique salado



(Cuaderno de invierno)

He dormido demasiado este invierno
-se dice ese hombre-
No pisé la nieve.
No llamé a puerta alguna.
El hombre de los sueños
no se acostó en mi lecho.

(Cuaderno de otoño)

Un puñado de moras, bien negras, prietas, dulces, convida al corro (rodillas rozadas), en este prado.

(Cuaderno de primavera)


Mediodía. Sus pestañas pespuntan las sabanas del tendal: las iniciales de los zarcillos, la herida sin cerrar de las anémonas, el pudor de las violetas.
Bajo sus párpados salta en el aire na cascada, desbroza una fuente. Lo profundo: esto es, lo diminuto.

Pero sobre todo no hay que olvidar que a Miguel LE DUELE, el pueblo, con sus antepasados, sus casas deshabitadas, el campo por poblar, los personajes malditos y tanta guerra inútil y tanta palabra vana y tanta injusticia idemne, de ahí por ejemplo, uno de sus poemas:


Ni Dios ni amo.


Caldero de latón el Ojo restaña mil grietas.
Hierve dentro y fuera.
(LANZADOR DE DADOS)

Hace un inventario de perfumes venenosos.
Al espadachín en nada imita si voltea su puño.

Ah! Eres el Gran Enredador.

El cuchillo preciso
(entre un sombrero de moho
y el hueso dúctil).

Candil sigiloso y fantasmagórico:
-La mañana no se burlará de sus heladas mejillas.



( foto de Gvich, El Ruinas en el Balcón de la Plaza San Juan)

sábado, enero 15, 2022

Miguel Marinas. Tela marinera, por Victor M. Diez

Miguel Marinas. Tela marinera – TAM-TAM PRESS



El poeta leonés Víctor M. Díez dice adiós al amigo José Miguel Marinas Herrera, fallecido repentinamente el pasado viernes 7 de enero de 2022…

TELA MARINERA

Por VÍCTOR M. DÍEZ

Hacías decir. Así, como con el dedo trazando un mapa: mostrabas la escucha y sus perfiles; el fandanguillo de las cosas, de la cosa en sí. No sé bien cómo decir… y eso era materia de una conversación a la máquina de coser: Jó, sé, Mí. Cada silaba, una puntada. Una nota en el pentagrama de la Casa de los Botones, El deje Ejido del Ejido Quintín, quesos Tory y Villa Evarista. El saludo con eco celestial leonés: adiós, diós…

Llevabas los detalles en la misma punta de la lengua. Se cuenta cuando te quedaste sin voz en tu debut como cantante con orquesta. También se dice que no quisiste cantar de lo otro. Tú, que tanto y tan bien cantabas, que tan bien decías tanto. Pero, Tropicanas y eucaristías aparte, tú siempre traías mambo, un trópico ajustable y compartible. El buen tempo traías, mi hermano.

Hablar por hablar, ni por esas. Hablar asomados, si acaso. A la madrugada, al abismo, al flamenquito. Al mundo desde la terraza de Benito. Cosmopolita de barrio con guayabera de pastor. ¿Te acuerdas de las gitanillas del Rastro saliendo del Culto a campanearse, como aquella tarde en Cascorro? ¿Te acuerdas de aquella noche en El Candelas? ¿Y del mesón gallego junto a la Encendida? ¿Y del caballo rojo, y de Enrique el del Celso y de Sebito el del Montecarlo? ¿Te acuerdas de los pies del Cristo que daban miedo, de cuando la Calle Ancha era estrecha?

Dices tú, Pénjamo. Si nos hizo a todos vecinos de Guanajuato, el putas. ‘Que yo parecía de Pénjamo, Me dijo una de Cuerámaro (Pos ora pos mire señora) Que soy de Pénjamo… Lo habrá notado Por lo atravesado Que somos allá pues’. Jodido, Infante del alma. Y a la postre, en la vidriera irrespetuosa de los Marinas, dizque asoman Antolín y Josefina. El Bronx y Colloto ponen acentos en las aceitunas. Van del bracete Lacan y Cantinflas; Barthes y Maruja la del Barranco; una vecina al sol de la caja de ahorros, Marisol y Gustavo Bueno.

La otra tarde vi-yo-ver, vi gen-te querer… a tu hermano, a tu compañera, a tus hijas e hijo, a una brocheta de tus nietos, a un puñado de amigos… y sí estabas tú, Miguel.

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