sábado, octubre 26, 2013

Los últimos poemas de Harold Pinter (1930-2008)

Página/12 :: radar

DOMINGO, 28 DE DICIEMBRE DE 2008
DESPEDIDAS

Los últimos poemas de Harold Pinter (1930-2008)

La semana pasada murió Harold Pinter. Dramaturgo (autor de más de 30 obras, entre ellas La fiesta de cumpleaños, El regreso a casa y El guardián nocturno), guionista (La amante del teniente francés), actor y poeta, hijo de un sastre judío de clase trabajadora, durante toda su vida se mostró comprometido contra la represión y la guerra (en los ‘80 fue expulsado de la embajada americana en Turquía por denunciar junto a Arthur Miller torturas a prisioneros políticos). En 2005, tras anunciar su retiro para dedicarse a la política, la Academia Sueca le otorgó el Nobel de Literatura, y sus obras, sus férreas críticas a la política exterior de Occidente y su figura volvieron a tener alta exposición mundial. A manera de despedida, Radar reproduce dos de sus últimos poemas, ominosos e íntimos, escritos en tiempos de militancia pública.

La muerte puede estar envejeciendo

La muerte puede estar envejeciendo
Pero todavía tiene palanca
Pero la muerte te desarma
Con su límpida luz
Y es tan astuta
Que nunca te enterás
Dónde te espera
Para seducir tu voluntad
Y dejarte desnudo
Cuando te arreglás para salir
Pero la muerte te permite
Acomodar tus horarios
Mientras chupa la miel
De tus flores favoritas
Abril de 2005

Células del cáncer

“Las células del cáncer son las que se olvidan de cómo morir.”
(Enfermera, Hospital Royal Marsden)
Se olvidaron de cómo morir
Y entonces estiran su tiempo de matar.
Mi tumor y yo peleamos a fondo.
Esperemos que no sea una muerte doble.
Necesito ver muerto a mi tumor
Un tumor que se olvida de morirse
Y en vez planea asesinarme.
Pero yo sí me acuerdo de cómo morirme
Aunque todos mis testigos estén muertos.
Pero yo me acuerdo de lo que dijeron
De tumores que los dejarían
Tan ciegos y tan sordos como eran
Antes del nacimiento de esa enfermedad
Que puso los tumores en acción.
Las células negras se van a secar y morir
O a cantar con alegría y hacer la suya.
Se reproducen tan en silencio día y noche,
Uno nunca sabe, ellas nunca dicen.

Marzo 2002

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